miércoles, 30 de mayo de 2012

Peluquerías

Córteme la melenita, me dijo mi mamaíta... y cantando el tico tico, le cortaron hasta el pico. Que parece que te han pelaoooo los borricos a bocaaaos. (¡¡Qué grande Gloria!!!) Allá donde las cabezas salen esquiladas, donde termina el día para muchos mechones rubios, allá donde los colores se salen del círculo cromático, donde las capas son para envolver lo que no puede adornarse... pongamos que hablo de una peluquería americana. Puede parecer superficial, un estereotipo mal defendido, una exageración de los europeos que presumimos de clase y estilo dudoso a veces... Pero no, los americanos pasan de su pelo bastante más que de su peso. Y punto. Hay cabezas como escarolas, albinez elevada a la enésima potencia, hay melenas de colores imposibles... Pero pocas, muy pocas, bien cortadas o peinadas. Esto no debería suponer un problema si no fuera porque el flequillo me viene creciendo más o menos un centímetro al mes. Lo mismo que el resto de la cabeza, también es verdad, sólo que la coletilla no impide la visión. Por eso, me he visto obligada a hacerme con unas tijeras semiprofesionales, fashion y pico, que me permiten la autoablación en un intento vano por alcanzar la perfección de Celeste, que sin escuadra ni cartabón es capaz de ponértelo exactamente paralelo al suelo.
Por otro lado, hay muchíiiisimos salones de manicura, pueden pintarte flores, un jardín japonés, el alfabeto egipcio y hasta el Quijote si se ponen. Es un arte poco reconocido, pero un arte al fin y al cabo. Todas llevan unas uñas de longitudes vergonzosas y acabados cuasimísticos. Eso sí, ni hablar del peluquín...
Algunas peluquerías tienen un pase, la mayoría son latinas o afroamericanas (para las cabezas ídem, claro), en muchas de ellas hasta hablan español... y todas, todas, son insultantemente caras.
Idefix salió de buena mañana, el sol brillaba como ya se ha hecho costumbre en las últimas semanas, un calor pegajoso y agobiante lo había invitado a deshacerse del jerseicito rojo hace ya tiempo. No obstante, nada es suficiente cuando 30 grados Celsius se alían con una humedad relativa de más del 70%. El pobre no podía conciliar el sueño con tanto abrigo. Así que decidió ir a la pelu... partió dejando atrás a su amigo el Husky, que lo miraba poco convencido y barruntando la catástrofe.
 




 

A la vuelta, apenas podía enfrentarse a las críticas, tenía un poco de frío en el cogote, allá donde antes colgaban unas sedosas lanitas blancas... Pero lo bueno del pelo, es que crece. y como dice el refrán "vaya yo caliente...". Pues eso, que quizás deberíamos aprender un poco de los americanos y dejar de darle tanta importancia a la corteza, profundizar un poco más en lo que hay debajo del pelo. Y sobre todo, conseguir que nos importe muy poco o más bien nada la opinión que los demás puedan tener sobre nuestro aspecto. Si te afectan los comentarios y las opiniones de los demás, vas listo, porque todo el mundo tiene siempre algo que decir, sobre todo cuando menos lo necesitas. En América todos saben que L'essentiel est invisible pour les yeux.

lunes, 21 de mayo de 2012

La temporalidad

¿Qué se necesita para que una casa deje de ser sólo una casa y se convierta en un hogar?
Temporalidad, una palabra que resulta abrumadora cuando se mira de cerca. ¿Qué se considera temporal? ¿Cuándo algo deja de ser temporal para convertirse en indefinido? Si hablamos de contratos laborales, la cosa está clara... nunca, uno siempre es temporal, sobre todo si la rama que ha elegido es la de la investigación. Para los ajenos al mundillo, la investigación funciona por proyectos que concede el ministerio, alguna entidad pública, hospital, fundación, etc. El investigador pide un proyecto con un presupuesto asociado y una duración estimada que suele oscilar entre uno y cuatro años. Si resulta que se lo conceden, esto se traduce en que al final de dicho periodo, el becario de turno tiene que empaquetar sus ilusiones y buscar un nuevo camino. Y así, los investigadores españoles nos convertimos en nómadas que aprenden a prescindir de muchas cosas excepto de las ganas de avanzar.
Llegas a un sitio nuevo, nuevas caras, una ciudad diferente, otro sistema de trabajo, un nuevo principio. Buscas una casa compartida o no, según las circunstancias, y tratas de hacerla tuya porque de lo contrario, tu condición de nómada te erradica del padrón de cada ciudad que te ve marchar. Al principio piensas que da igual, que como es temporal, no merece la pena esforzarse mucho en decoración, muebles, cortinas... todas esas cosas que le restan blanco a la pared. Sin embargo, cuando llegas cada día a una casa inmaculada, ausente sofá, te sientas en la única silla que tienes y miras alrededor, el vacío te absorbe. Entonces decides que tienes que colgar unas fotos de los amigos, de la familia... convertirlo en algo tuyo. Esto ya no te ocurre la segunda vez que llegas a una nueva casa, porque entonces ya vas preparado con unas cuantas fotos, tarjetas, dedicatorias, y pequeños tesoros que pueden colocarse descuidadamente en cualquier parte. Pero cuando la temporalidad empieza a estirajarse, el hueco de pared que asoma entre las fotos se hace cada vez más presente. Pasas de no querer comprar nada por no tener que cargar luego con ello, a comprender que el luego no ha llegado todavía. Comienzas a acumular cosas que no tienes dónde guardar porque no hay cajones. Y decides que es el momento de hacer un pacto con la temporalidad y cubrir los vacíos silenciosos. Para este propósito, los suecos han inventado la octava maravilla del mundo, y digo del mundo porque Ikea está por todas partes, y sí, en todas partes es lo mismo. Muebles que han llegado a un acuerdo con la vida itinerante y los espacios reducidos, que pueden montarse y desmontarse con tanta facilidad que hasta yo puedo hacerlo. Materiales ligeros y baratos que le dan tregua a tu bolsillo para montar un hogar allá donde vayas, aunque el núcleo del calor provenga de una lámpara de papel. Además, la ventaja de que en todas partes las cosas sean exactamente iguales es que puedes recrear tu casa una y otra vez, con diferentes efectos, fusión de temporalidades, y desde luego, haciendo que el lugar donde vives sea de verdad un hogar y no sólo un techo bajo el que pasas la noche. En Boston, cuando tu estancia llega a su fin, puedes poner un back yard o un email en la lista de Iberia y vender todas tus pertenencias para los que llegan en ese momento. Y mientras, tú, llegarás a otra ciudad, caras nuevas, un sitio distinto, una casa diferente... y vuelta a empezar. Construir un hogar es siempre una ilusión, y así ha de ser, porque si no, estaríamos perdidos, ¿quién puede guardar toda su vida en una maleta?

sábado, 5 de mayo de 2012

Felicidades mama

¿Qué quiero ser de mayor? Pues yo de mayor quiero ser como tú, quiero ser capaz de subirme a la vida cada día sin miedo, quiero saber administrar mi tiempo para poder ser todo de todos, y al cien por cien. De mayor quiero tener la capacidad de mantenerme firme ante la adversidad, de querer sin límites, de entregar sin límites, de superarme cada día sin ni si quiera proponérmelo. Quiero tener un doctorado en la escuela de la vida, como ese que tú y yo sabemos que tienes...
A veces me gustaría poder parar el tiempo, transportarme de puntillas hasta sentarme a tu lado y verte dormir, como aquellas veces en que el dolor de oídos me sorprendía en plena noche... Y tu mano, mi calor, mi vigilia, tu vigilia... un devenir infinito de amor henchido en paciencia. Tantas curas malagradecidas en la ignorancia de la juventud, que con la edad te van enseñando tu propia historia como una viñeta. Y así, ahora, a veces me sorprendo parafraseándote como si fueras un diccionario enciclopédico... chascarrillos que componen un lenguaje que también mis hermanos conocen, y mi padre, ese oasis que se ha quedado para siempre en la plaza del azulejo, en esa parcela tan grande que reservo en mi corazón para vosotros. Si puedo hacerme a mí misma, entonces quiero hacerme fiel a mis principios, como tú me has enseñado. Gracias por haberme dado siempre la oportunidad de elegir, gracias por haberme enseñado a apreciar la vida y a no conformarme, gracias por haberme sostenido todas aquellas veces que mis fuerzas flaqueaban, sobre todo estas veces que ya he sido un poco mayor para reconocerlo. Gracias por haber forjado mi trampolín de los sueños, por haberme dado la seguridad que me ha abierto tantas puertas y que me ha dado fuerzas para no desistir ante aquellas que se cerraban. Gracias por escucharme, a veces incuso sin entender, como cuando fuiste mi primera oyente de una charla en inglés, o cuando te tragaste los ensayos de mis tesis con cara de entusiasmo ¡y hasta me hacias preguntas! (eso sí, mientras te pintabas las uñas...). Eres un gran modelo de mujer, aquella en la que me fijé cuando aún no tenía ni idea de lo que quería ser. Y hoy sé que quiero ser la causa de tu orgullo, de tu sonrisa... quiero devolverte a plazos todo lo que te debo, pues al fin y al cabo, te debo lo que soy. Soy consciente de que cada gota de tu frente ha contribuido a colmar el vaso de mi éxito, y te aseguro que jamás voy a olvidar quién soy, porque estoy tan orgullosa de mi linaje que no podría entender el mundo de otro modo.
Y aunque hoy te parezca que estoy demasiado lejos, en realidad estoy aquí mismo, porque compones una parte tan esencial de mí que no puedo dar un paso sin que formes parte de él. Y aunque me gustaría abrazarte con la fuerza que dan cuatro meses ya sin vernos, pues guardaré esta energía para la próxima vez.
No porque hoy sea tu día, me consta que se basa en razones comerciales y lucrativas, pero qué buena excusa para decirte lo que te quiero.

Felicidades mama (sin acento en la última a, porque así es mucho más nuestro).



lunes, 30 de abril de 2012

Vivir en el futuro

La tecnología avanza a pasos de gigante. De un día para otro, los ordenadores se quedan obsoletos, los reproductores de música reducen su tamaño hasta la mínima expresión... por no hablar de los teléfonos móviles, cuyos saltos generacionales dejan al abuelo en el olvido en cuestión de meses. Si a esta evolución que ya es vertiginosa en sí misma, se le suma, además, vivir en territorios donde la primera potencia mundial siempre es pionera en nuevos gadgets, ultimísimas versiones y tecnología i-loquesea que no importa el apellido que lleve porque habrá de venderse como churros por el simple hecho de logarse bajo una manzana mordida, el resultado es una fiebre domótica de electroduendes que caminan por la calle parapetados bajo sus headphones, caminando en una extraña danza al son de la música que sólo ellos escuchan, conectados a cualquier suerte de pantalla táctil y conexión chupibanda, que les teletransporta a otra dimensión donde sólo sus congéneres pueden alcanzarles o ponerse en contacto con ellos, a través de un wasapp, mensaje de texto o chat de turno.

En USA la imaginación nunca duerme, y es aquí donde el futuro abre sus puertas en forma de avance a tropel para presentarnos el movimiento en conexiones inmejorables. Así como en Sevilla teníamos la maravillosa Sevici, que permitía recorrer la ciudad en estos caballos de plomo imposibles de levantar del suelo, en Boston existe el Zipcar. Viene a ser un servicio de alquiler de coches (coches de todo tipo, eso sí, lo mismo un turismo que una pick-up auténtica de película) en el que te das de alta por un módico precio anual, tengo que decir que más barato aún que el Sevici, y recibes en casa la tarjeta que te transportará en modo automático a cualquier sitio donde el GPS te pueda llevar. Entras en la web, reservas un coche en el área Zipcar más cercana a tu casa, estimas el tiempo que tardarás en devolverlo y voilà, cuando llegas a la hora H al punto P, tu coche te espera limpio y reluciente. Puedes abrirlo con tu tarjeta de socio y, por si esto fuera poco, también desde el teléfono móvil. Encima del parasol puedes encontrar la tarjeta para echar gasolina, que no es más que una tarjeta de crédito que usarás en caso de que el coche tenga menos de un cuarto de depósito, que es lo mínimo que has de dejar cuando te marchas. El precio del zipcar puede ser por horas o por todo el día, incluye el seguro y la gasolina, y la adrenalina que produces cuando te encaramas a uno de estos monstruos y sales a una carretera de seis carriles tan ancha como el Guadalquivir. Y se me ocurre preguntarme qué tal funcionaría el sistema Zipcar en España... para autoresponderme que, probablemente, la flota se vería drásticamente afectada por los casos de alunizaje, botelloning, carreras ilegales y otros méritos, por no mencionar los recambios gratuitos para coches del mismo modelo a los que se les han desgastado los neumáticos, estropeado la radio, la batería, el radiador y hasta los asientos si están un poco más limpios, cosa que sería impensable, por otro lado. La mentalidad americana no es la del pillaje ni la del aprovechamiento. Al contrario, me sorprende lo limpios y nuevos que están estos coches, lo bien que funcionan, no hacen ni un ruido raro, ni les falta un detalle, hasta llevan un cablecito para conectarlo al móvil y escuchar tu propia música durante el trayecto. Pero lo que más me sorprendió fue comprobar que el usuario anterior había dejado el depósito lleno, cuando la ley no obliga a más de un cuarto del mismo...
Y esto, que puede parecer lejano, ajeno, imposible o inventado, no es más que una pequeña muestra de lo que significa vivir en el futuro. Eso sí, la mentalidad social no avanza tan deprisa como la electricidad vestida en cobre, y aún les sigue pareciendo normal tener que pagar 200 dólares por asistir a urgencias incluso teniendo seguro médico. Pero eso ya os lo cuento otro día ;)

jueves, 12 de abril de 2012

La "españolidad"

Es un hecho que nada más traspasar las fronteras de nuestra piel de toro, a todos nos invade de repente la "españolidad", un fenómeno que te arraiga de forma inexorable a la madre patria y que produce una serie de conexiones neuronales que hacen que sientas un calor distinto en las venas... La sangre bombea al son del fandango, y de repente, hasta el más macarra descubre una vocación flamenca escondida que aflora desde su estado de latencia para poseer tus cuerdas vocales en la ducha, o tus pies mientras pipeteas... y que te obliga a escuchar a los habituales de radiolé mientras improvisas un cajón en la mesa de trabajo. ¿A qué se debe este extraño fenómeno? Existen diversas hipótesis, pero la más aceptada es aquella que nos sitúa a la suficiente distancia como para temer por la pérdida de nuestras raíces. Y así, de repente, ser español supone un orgullo, aun con todo lo que tenemos en España, que da para escribir una enciclopedia de despropósitos. 
 
La suerte ha traído a Paco de Lucía a la Opera House de Boston, donde, por supuesto, no podíamos faltar el Spanish team dando aliento a nuestro compatriota. Supongo que si no hubiera estado aquí, probablemente nunca habría ido a un concierto suyo. Sin embargo, el deleite que sentí al envolverme en ese arrullo de notas, apenas puede compararse a otros conciertos a los que he asistido en España. ¿Cómo se le puede arrancar luz a una guitarra? Bailan los dedos sobre las cuerdas, hábiles, incansables, en bajo vuelo, ávidos de regalar calma al público que escucha complacido. Sólo puedo concentrarme en la melodía, en el calor que me llega desde una guitarra que apenas puede contenerlo. La magia se extiende por encima de las cabezas, entre los asientos, puedo notarla bajo las plantas de mis pies... esto debe de ser lo que llaman el "duende", que ha venido a Boston a enseñarnos tímidamente la antesala del Olimpo. Lerele en ristre, la voz rasgada del Duquende se bate en duelo con la de David de Jacoba, tan gitano como Camarón, y casi tan grande como él. Hay una tercera silla, un joven que da palmas con el semblante muy serio, aún no se ha movido apenas y ya se le adivina el arte. Por eso, cuando salta sobre las tablas en una danza imposible, siento un escalofrío de la cabeza a los pies. Me pregunto si es humano mover los pies de ese modo, quizás le falte algún hueso, una falange seguro. . . Si no lo estuviera viendo, no creería que el flamenco se puede tocar, se puede oler, se puede sentir y se puede ser. No soy dueña de mi pierna derecha que zapatea al son de la música, no soy dueña de la sangre que me corre por las venas a borbotones, y mucho menos de los ojos que se han quedado abiertos como platos, pasmados ante el taconeo más espectacular que hayan presenciado jamás. Más tarde descubrimos que se trata de Farruco, el nieto del ídem y hermano menor del archiconocido Farruquito. Pero ahí no acaban las sorpresas, Antonio Serrano saca su armónica y yo descubro que de este pequeño instrumento puede salir un genio como si de una lámpara maravillosa se tratara. Desde este momento decido que soy fan de la armónica, yo que sólo había escuchado a mi hermano tocar su escala personal, dando la vara como los críos chicos más que otra cosa, de repente me encuentro extasiada respirando las notas que salen enmarañadas por los orificios de la paz. La magia existe. . . cierro los ojos y estoy en España, estoy de nuevo en Sevilla. Las letras de las canciones, que apenas se adivinan en lo profundo del rasgueo, convocan a la Giralda y al Guadalquivir. Y ahí me transporto esta noche, a Triana, a la Plaza Nueva, a mi querida Alameda de Hércules. . . el maestro Paco de Lucía se ha traído puñaos de España en los bolsillos, hasta Boston, donde su arte se ha quedado resonando en mis oídos para siempre.

lunes, 9 de abril de 2012

Easter time!!

Lejos del olor a incienso, a cirio pascual y a flores secas; lejos del repiqueteo de baquetas en tambores, del batir de las cornetas a duelo con las saetas, de las lágrimas que la lluvia trae consigo cada año. . .  Boston se viste de pascua en forma de huevos coloridos, conejos de fantasía y guirnaldas multicolores. Aquí hay católicos pero no procesiones, ni costaleros, ni viacrucis... por no hablar de nazarenos y cofradías, que les suena a chino mandarín y a todo menos religioso (que por asociación indumentariesca, les inspira rollo Ku Klux Klan, o eso es lo que dicen ellos). No ha habido días libres ni fiesta especial, sólo que hoy, domingo de Resurrección, las tiendas han cerrado un poco antes. Por lo demás, no había mucho ambiente hasta que el gueto español ha improvisado una Semana Santa de lo más pintoresca en Leland Paradise.
¿Cuántas barras de pan hacen falta para hacer 30 torrijas? Unas tres, más o menos... ¿horas? tooooda la tarde del sábado empapa, fríe y reboza, en tandas de tres, que el aceite de oliva está caro y las torrijas pueden salir a precio de foie. Por otro lado, he descubierto un ambientador natural para aromatizar la vida, puesto que hoy toda la casa huele a canela y a añoranza. 
Llegué a Leland esta mañana y me recibió el aroma del cordero que perdía vida y ganaba jugosidad sometido a los Fahrenheit del horno de Manu. Y me sentí un poquito más cerca del domingo en la plaza del Azulejo, de los aperitivos que mi madre siempre prepara en los días señalados, del olor que sube contigo la escalera empujándote al paraíso a medida que asciendes los peldaños...
Y aunque el escenario se pinta de Semana Santa española, también hemos tenido lucianinhas brasileñas de lentejas y menta, ensalada "big size" catalanobritánicogermana para hambrientos comensales, pan de trigo recién horneado made in USA, galletikanens, arroz con leche a la Carmona, huevos rellenos de la gran Germania y una tonelada de manjares cocinados, sobre todo, con mucho amor, regados por la sutileza del vino español y el agua de Valencia, que han puesto la guinda a una velada dulce, acogedora y memorable.
 Sabemos que no es un acto religioso, sino un encuentro laico entre amigos que cada vez van siendo menos amigos y más familia. Comentamos este fenómeno que se produce en la distancia, que convierte a personas que, hasta hace unos meses, eran completos desconocidos, en hermanos de inquietudes y palabras, de alegrías y de penas, de risas y bromas cómplices... en todo lo que necesitas para vivir lejos de casa. A veces sólo quien ha estado antes en tus zapatos, puede comprender el vacío que se cuela entre tus dedos. Por un momento el estrés de Alicia se ha autoinvitado a la comida, la pobre no puede parar de perseguir al conejo blanco... pero pronto verá el jardín que se esconde al otro lado de la puerta en el país de las maravillas... Y así, la tarde va tocando fin, algunos se van despidiendo (primero los gringos, por supuesto), y poquito a poco el círculo se va cerrando a lo cercano, ya sólo quedan los habitantes de Leland y sus hijas adoptivas. Manu ha sacado el cajón donde guarda el flamenco, la sangre española, el ritmo que arranca la bulería... El cajón donde esta noche, hemos depositado unos cuantos sueños, el final idóneo para una semana que quizás no ha sido santa, pero ha sido perfecta.

sábado, 24 de marzo de 2012

¡¡Ya es primavera!!


El invierno ha sido largo, casi eterno... un pasillo angosto y lento, tortuoso. Faltó la nieve y el frío extremo, ausente el hielo en las aceras, no pudimos beber escarcha como el año pasado. Y sin embargo, fue un invierno triste. Boston se viste de noche demasiado pronto, las principales horas de luz son absorbidas por los fluorescentes en el interior de los edificios. Todos adquirimos ese color aceituna cuando nuestra melanina corre a esconderse bajo tierra hasta la llegada del sol. Hasta el Husky, genéticamente preparado para el clima más adverso, se enrosca sobre sí mismo y se pinta una máscara triste en la mirada.

Idefix es más optimista, pese al frío, quizás también porque tiene la suerte de contar con un jerseicito rojo para los días más duros. Se muestra impaciente, ansioso de sol, dejando escapar los suspiros por los huecos de la valla. Marchan lejos, sin aliento, él continúa esperando la llegada de la primavera.
. . . Y de repente, como si el calendario se hubiera empeñado en cumplir pronósticos preestablecidos, esta semana ha llegado la primavera con todas sus consecuencias. El domingo el sol resultaba casi molesto de tan insistente, las calles rezumaban vida, ganas de salir. Chanclas desempolvadas cual recurso indispensable, shorts diminutos dejando al descubierto piernas lechosas caladas de invierno hasta el hueso, y por supuesto, las bicicletas, que como bien dijo Fernando, son para el verano.

Cuando los "guiris" vienen a España en primavera, se vuelven locos, como si hiciera un calor abrasador, esas chanclas con sus correspondientes calcetines, esas pieles rosas laceradas por los rayos solares, aún tímidos en su mayoría. Nosotros no podemos entender ese afán por la ropa de verano en pretemporada... pero cuando vives aquí. . . ¡Te vuelves como ellos! El primer día me parecíó un poco exagerado dejar el abrigo en casa, pensé que podía refrescar por la tarde. Para mi sorpresa, por la tarde hacía aún más calor y cuando llegué a casa hube de abrir todas las ventanas porque venía sudando cual pollo acorralado. Ante tal experiencia, decidí que podía ponerme una chaqueta de entretiempo, de esas que en Sevilla te apañan el invierno. No obstante, en la travesía mañanera me crucé con tantas sandalias, tirantes y espinillas transparentes que no me quedó más remedio que convencerme de que la primavera se había instalado definitivamente. Y ahí que me encontraba yo, asada de calor con 18 grados en la calle y sobrándome hasta los zapatos. Hasta ahora, esa temperatura me resultaba fresca y ni mucho menos para pensar en quitarse el sayo. Ver para creer, el tercer día: ¡a trabajar a cuerpo! (citando una vez más a mi madre, que de éstas tiene un repertorio bastante amplio). Hasta Idefix y el Husky fliparon en colores cuando me vieron sin chaqueta. Aquí se encuentran presenciando el momento destape que aún no acaban de creerse... 
Pero lo bueno que tiene la primavera, aparte de las flores en los árboles, el calorcito incipiente, las terracitas poblando las aceras (sí, aquí también están al día en terracitas) y un largo etcétera de buen rollo que nos entra a todos con el sarpullido primaveral, es que la primavera la sangre altera. Y así, te levantas de buen humor aunque tengas que trabajar el fin de semana, y te cruzas con la gente por la calle y todo el mundo te sonríe, te saluda. Es algo realmente sorprendente, me ocurre muy a menudo esto de que la gente entable conversaciones de repente sin conocerte de nada. Y no me refiero a hablar del tiempo. Ayer mismo, por ejemplo, en el metro, una pareja que iba sentada junto a mí me preguntaron de dónde era, por qué estaba aquí, a qué me dedico... ¡como la cosa más natural del mundo! Y la verdad es que me resultó tan agradable que se me hizo más corto el trayecto. Dista bastante de los viajes en el metro de Madrid, donde la ley de la calle te enseña a empujar al prójimo para conseguir un asiento libre y a tener cien ojos avizor para controlar tus pertenencias a la par que todas las partes de tu cuerpo.

Ay... la primavera! la primavera trae alegría, ensalzamiento de la amistad, del amor, del querer compartir... La primavera trae sueños, trae esperanza, trae razones nuevas, buenos motivos para reafirmarnos en los propósitos de año nuevo que nunca cumplimos. La primavera me trae letras negras sobre fondo gris, pasado, presente y futuro... ;-) la primavera me trae las ganas que el invierno me había arrebatado... la primavera trae ternura y calor, sobre todo calor.