Ricardo es un padre coraje de esos que
salen en las películas, de esos que al final cambiarán el mundo. Su hijo Richi
fue diagnosticado con un meduloblastoma en el cerebelo que, tras 8 operaciones
diferentes, llevó a los cirujanos de Barcelona a una rendición inevitable: el
cáncer de Richi era incurable. Lejos de conformarse, sus padres trataron de
buscar una segunda opinión, contactaron con el Dana Farber Cancer Institute en
Boston y recibieron del otro lado de la línea algo del todo inesperado:
esperanza. El único inconveniente… costear el tratamiento. Sin embargo, cuando
la vida de un niño de 5 años se pone en una balanza con algo tan nimio como el
dinero, los corazones se ablandan y el mundo entero se moviliza. Fueron a
programas de televisión, de radio, abrieron un blog… y gracias a la ayuda de
miles de personas, finalmente lo consiguieron. En abril de 2012 se mudaron a
Boston y, tras una primera operación de 5 horas, el futuro de Richi volvía a
existir. No obstante, los tratamientos de quimioterapia fueron durísimos, y las
complicaciones llevaron al niño a la UCI en diversas ocasiones, difuminando de
nuevo el contorno de ese futuro apenas recuperado. Pero las ganas de vivir de
Richi son infinitas, la lucha por la supervivencia es una máxima y no tiene
pensado rendirse. Richi es un superhéroe, pero desde luego sus padres son unos aliados
extraordinarios. La lucha contra el cáncer es un proceso devastador, pero en un
niño es todavía más duro e injusto. Ricardo pronto descubrió que, tristemente, los
fondos que se dedican a investigar el cáncer pediátrico cubren un porcentaje
ridículo del total destinado a investigación en EEUU. El problema es que la
incidencia es demasiado baja como para que importe lo suficiente. Por este
motivo, y por muchos más, decidieron poner en marcha la Fundación Richi. El
objetivo de esta fundación va mucho más allá de la idea de recaudar dinero, se
trata de expandir horizontes, de abrazar el futuro con los brazos del presente.
La fundación Richi ha creado una partnership
o colaboración entre el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y el Dana Farber Cancer Institute en Boston,
de esta fusión nacen las Richi fellowships para que cirujanos españoles
puedan venir a formarse aquí, donde la experiencia en neurocirugía pediátrica
oncológica es mucho mayor, y puedan luego adoctrinar a sus equipos en España. No
hay mayor poder que el del conocimiento, y es injusto que sólo quien pueda
costeárselo sea capaz de recibir un tratamiento. Por ello, es mucho más
inteligente formar médicos en todo el mundo y llevar las sonrisas de vuelta a
todas esas caras inocentes que no entienden de naciones ni de fronteras.

También existen las Richi houses, que acogen a todas esas familias que bajan de un
avión asustados y a menudo sin conocer si quiera el idioma del país al que
acaban de llegar. En estas casas los niños están juntos, no se sienten
diferentes, no son presa del aislamiento. Además, las familias se nutren de las
experiencias de otros, comparten sus miedos y encuentran una verdadera familia
que les ayuda a superar una situación que no puede comprenderse a menos que se
haya vivido. La Richi house no es un hospital, sino un hogar.

La mejor de las noticias no es un milagro, sino la recta final de una carrera de fondo: en octubre del año pasado la última
revisión de Richi fue positiva. Su familia sigue viviendo en Boston y han hecho
de su causa un modo de vida. Buscan inversores para que la investigación en
oncología pediátrica siga avanzando y ya han conseguido financiación para llevar a
cabo algunos proyectos en el Dana Farber. Es una manera encomiable de
contribuir al mundo, no todos podemos decir que hemos pasado por la vida
pisando tan fuerte como Richi y su familia, pero en ECUSA aportamos nuestro
granito de arena para que historias como esta den la vuelta al mundo.
web fundación Richi: http://www.richifoundation.org
vídeo del evento:
https://www.youtube.com/watch?v=php3t5m7y7M
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