miércoles, 9 de septiembre de 2015

Vuelta a los 15 años

Se apagan las luces y a mí ya me tiemblan las piernas, y eso que han pasado más de 20 años y que yo ya no me achico con casi nada... y eso que ya lo vi en Córdoba, hace un mes escaso, y en el fondo debería ser lo mismo.... Pero no es lo mismo, no es lo mismo Córdoba que Madrid, porque en Madrid  todo sigue como siempre, porque aquí he vibrado con su música en cada uno de los conciertos que ha dado durante estos veintitantos años. Porque en Madrid cabe mi vida, mis recuerdos, mi nostalgia, mi mochila de verdades, mis alegrías, mis tristezas, mis amigas y mi gente. En Madrid se encuentra la parte de mi corazón que quedó aquí cuando me marché, y esa parte, a su vez, está dividida en pequeñas partes entre las que se encuentra mi amor incondicional por el que ha sido mi ídolo desde que tenía 10 años: Alejandro Sanz.
No me da vergüenza ni de lejos, no me cuesta reconocer que soy absolutamente subjetiva con todo lo que canta y lo que escribe, me gusta y punto, me da igual lo que opinen los críticos y la gente que se quedó en el camino... para mí es un poeta. Es de esas personas capaces de coserte el alma con palabras, de anudar momentos en recuerdos y en la letra de una canción. Hoy me he sorprendido descubriendo nuevos mensajes en las letras que llevo escuchando durante más de dos décadas. Descubro partes de mí misma encerradas en sus estrofas, como agazapadas, saltando sobre mi recuerdo en un vuelo imparable hacia las hoces de otro tiempo. Y aunque es un túnel infinito que me produce una enorme nostalgia, también es una emoción dulce y embriagadora que apenas puedo contener y que me transporta automáticamente a la edad de 15 años, los mismos que ya he cumplido dos veces. Y luego miro hacia la derecha y ahí estás tú, siempre con tu sonrisa y esos ojos que me lo dicen todo porque se encuentran con los míos en las mismas circunstancias desde hace tanto tiempo ya que ni me acuerdo. Desde aquella primera vez en el parque de atracciones, cuando éramos tan chicas que tenían que acompañarnos los adultos. Y luego fueron sucediéndose uno tras otro los veranos, los discos, los conciertos, las colas, las coladas, las firmas, las esperas infinitas endulzadas por la pasión que compartimos y que vivirá dentro de nosotras para siempre, amiga mía.

Esas canciones tienen un poder mágico que acciona un interruptor en mi corazón. No es cerebral, es extraño. Oigo los primeros acordes y ya se me agolpan las lágrimas a las puertas de los ojos, porque han pasado tantas cosas, porque hemos vivido tanto, porque siempre até mis recuerdos con sus frases, y porque de esa manera se hallan ahora enhebrados en mi corazón ignorando mi voluntad. Me encuentro invadida por un sentimiento propio y a la vez ajeno que no puedo controlar y que dicta mis emociones como si fuera una hormona premenstrual. Los acordes se persiguen y me arrastran por el tiempo haciendo que cada vez sea más intenso e irracional este amor de adolescente que por mucho que se haya ido a vivir a Boston y trabaje en Harvard sigue perdiendo los papeles en cada concierto, desgañitándose hasta hacer añicos los acordes de su propia voz perdidos en una melodía desafinada de sobreexpresión y bailes. Pocas cosas en la vida me emocionan con la misma vehemencia, por eso merece la pena abrir el mundo en dos y subirse a este tren de los momentos. Porque hay cosas en la vida que no pueden conseguirse más que viviendo deprisa, pisando fuerte y compartiendo las miradas con el alma al aire, porque luego, cuando estemos a solas mi soledad y yo, podré curarme el corazón partío con todo aquello que me diste.


lunes, 24 de agosto de 2015

Covi, ¿como Kobe Bryant?

Ya la segunda vez, la primera hace tres años, cuando aún no existían casi risas, ni muebles, ni costumbres, ni amigos, ni lugares cotidianos... Por eso también fue importante, porque cuando uno construye la vida a base de buenos recuerdos, en algún momento hay que empezar a crearlos. La parte difícil de cuando vienen las visitas y aún no eres de allí, es que no puedes ejercer de guía de los mejores lugares, de las cosas chulas, de lo que no viene en las guías turísticas.
Lo mismo ocurrió en Sevilla, que viniste cuando aún vivía en aquel gua que olía a vieja y a baño compartido... Sin embargo nos reímos mucho rato, de casi todo, y paseamos por el parque de María Luisa en aquella bicicleta con tejadito que nos hacía tanta gracia. Luego vinieron las caminatas de las que tanto te quejabas con la boca chica, y el calor... qué calor hacía en Sevilla! Boston era otro cantar, sólo diez veces más lejos... a seis horas de avión en vez de autobús... pero las mismas experiencias por vivir.

Un mes dio para mucho, y sin embargo, te dejaste tantas cosas que has tenido que volver. Y qué diferente esta vez, ¿no es cierto? no sólo porque el hogar se ha ido haciendo de calor humano y felicidad, sino porque nosotras ya somos otras... otras y a la vez las mismas. Las mismas de las barbacoas de los treintayunos de agosto, las mismas de los halloweenes de los treintayunos de octubre, las mismas que heredaban ropa y por algún tiempo también zapatos... las que  han ido recogiendo lo mejor de cada encuentro para componer un collage de marcos de papel maché.
Diez días pasan demasiado deprisa, aunque hemos hecho tantas cosas que apenas ha habido tiempo de lamentarse, no hasta este momento, en el que tu vuelas sobre algún punto del océano Atlántico y yo escribo en mi ordenador de hipster tus buenos días de mañana. Ahora que he llegado a casa y encontré esa nota en la nevera, oliendo a familia y a cariño que se han quedado impregnados por todas partes, empiezo a echarte de menos y a sonreír porque me has dejado algunos "¿te acuerdas?" para el futuro.
Tengo que construir este recuerdo para no olvidar la adrenalina en las motos de agua (sobre todo antes de volcar), ni tus gafas de sol graduadas haciendo fango en el fondo del mar, ¿quién te manda no llevar una cintita? También quiero en este recuerdo las patatas fritas del faro de Cabo Bacalao, los saltos en la playa atardeciendo detrás de la tormenta, las focas que nadaban como "señoras que", las ballenas que vinieron a bucear bajo nuestro barco, la barbacoa que improvisamos ese jueves por la tarde, tu cara de felicidad probando la bendita MIT-rueda, las pelis, el brunch, Falete, las compras incompulsivas que nunca aprenderás, los margaritas, los mojitos en lo más alto de la ciudad, lugares finos de ir en chanclas made in USA... los ratitos de conocerte un poquito más (que te dejas muy poco para mi gusto)... pero sobre todo: las salchipapas! qué cosa tan sabrosa ;)




Curiosamente la vida es un lugar en el que parece que hay tiempo para todo, será por eso que a menudo obviamos las cosas pequeñas, contamos con ellas porque siempre están ahí, siempre han estado. Sin embargo a mí me gusta atesorar esas pequeñas cosas, desde siempre... (hace unos días encontré en una caja de recuerdos el menú de tu comunión, no te digo más...) y en la colección de detalles tangibles e intangibles que he ido recopilando a lo largo de muchos años, he encontrado muchas veces un refugio al que escapar, al que viajo con la mente cuando me parece que España está demasiado lejos, o que el tiempo ha pasado demasiado deprisa, o que las cosas han salido por un flanco inesperado. Será casualidad, o no, pero contigo he atesorado momentos en todas las geografías en las que me tocó sobrevivir, ya ves, pequeños detalles...y aunque en general los amigos se escogen y la familia te toca por genealogía, me considero afortunada porque en mi árbol de la vida, una pequeña ramita llamada Covi siempre crece en paralelo a la mía. Gracias por estar ahí siempre y por venir a vernos. Ya te echamos de menos, Cuqui!

lunes, 10 de agosto de 2015

Primera Jornada de Asesoramiento IMP: “Lecciones aprendidas desde EEUU: Asesoramiento y tutelaje de jóvenes estudiantes e investigadores españoles”

La Universidad de Valencia abre sus puertas al primer encuentro internacional de mentores, estudiantes (a falta de un término más adecuado para denominar a los mentees) y representantes de las diversas universidades que han participado en el programa piloto ECUSA-IMP 2014-2015.  D. Esteban Morcillo Sánchez, excelentísimo rector de la universidad de Valencia inauguraba el evento presidiendo la primera mesa redonda, que contó con otros ponentes de lujo como la secretaria de estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, D. Carmen Vela, la vicepresidenta de ECUSA, Dra. Teresa Nieves Chinchilla, la presidenta del programa IMP, Dra. Zafira Castaño, el delegado del gobierno en la Comunidad Valenciana, Sr. D. Juan Carlos Moragues Ferrer, y el representante de la Ciudad de Valencia, Sr. D Joan Calabuig Rull. Además contamos con la participación del Director Territorial del Banco Santander, Sr. D. Antonio Valldecabres y la Cátedra Príncipe de Asturias de Georgetown University, Sr. D. Jorge Garcés. Todos dedicaron unas palabras en reconocimiento de la ciencia, la tecnología y la investigación llevada a cabo por españoles fuera y dentro de nuestro país. Mentes brillantes, formadas en universidades españolas, que han llegado a Estados Unidos pisando fuerte en centros de excelencia como NASA, Harvard University, MIT y John Hopkins entre otros. 
De izquierda a derecha: D. Teresa Nieves Chinchilla, vicepresidenta de ECUSA, D. Joan Calabuig Rull, Teniente Alcalde de Valencia, D. Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, D. Esteban Morcillo Sánchez, excelentísimo Rector de la Universidad de Valencia, D. Juan Carlos Moragues Ferrer, Delegado de Gobierno de la Comunidad Valenciana, D. Zafira Castaño, presidenta y fundadora del programa IMP, D. Antonio Valldecabres, Director Territorial del Banco Santander.   

De izquierda a derecha: D. Teresa Nieves Chinchilla, vicepresidenta de ECUSA, D. Joan Calabuig Rull, Teniente Alcalde de Valencia, D. Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, D. Esteban Morcillo Sánchez, excelentísimo Rector de la Universidad de Valencia, D. Juan Carlos Moragues Ferrer, Delegado de Gobierno de la Comunidad Valenciana, D. Zafira Castaño, presidenta y fundadora del programa IMP, D. Antonio Valldecabres, Director Territorial del Banco Santander.   
Mesa 2: componentes de las 5 universidades que han participado este año en el programa piloto IMP hablaron acerca de la internacionalización del talento español. Idas y venidas de sueños e ilusiones que fueron tejiendo una realidad más allá de nuestras fronteras. Para algunos, el paso por centros extranjeros ha supuesto un trampolín imprescindible para llegar a lo más alto de sus carreras, o quizás al primer escalón de esa escalera que les conducirá al éxito. Éxito, una palabra controvertida que resonó en diversas ocasiones a lo largo de la jornada, trayendo el sabor agridulce del esfuerzo y la recompensa del trabajo de muchos años, que no siempre tiene la forma que todos quisiéramos. ¿Es necesario irse al extranjero? ¿Por qué es tan difícil volver? Los que estamos de paso alzamos nuestras voces para romper una lanza en favor de nuestra ciencia: los científicos españoles estamos muy bien valorados en centros extranjeros, sin embargo, en España aún existe ese miedo a las sombras que proyectan los más jóvenes. Sillas calientes que tienen un nombre grabado en el respaldo y que adulteran el sistema con incompetencia y desidia. Volver es a menudo una utopía en la que todos quisiéramos vivir, un centro de trabajo completamente equipado, con salarios dignos y artículos “in press”, y abajo una cafetería donde almorzar bocatas de jamón y pinchos de tortilla. Ojalá dentro de poco, y con la ayuda de programas como IMP, podamos hacer de esta utopía una realidad sostenible.
Mesa 2: Representantes de las 5 universidades participantes en el programa IMP 2014-2015.
Mesa 2: Representantes de las 5 universidades participantes en el programa IMP 2014-2015.
Mesa 3: Investigación y asesoramiento en el extranjero en búsqueda del correcto equilibrio. Cinco mentores cuyo talento ha sido reconocido en forma de becas, premios o puestos de trabajo como líderes de sus propios laboratorios, dieron sus puntos de vista acerca de la búsqueda del correcto equilibrio a la hora de asesorar a los estudiantes a través del programa. El buen mentor ha de poseer empatía y objetividad, saber escuchar y aconsejar desde unos lazos que no son afectivos ni profesionales, por lo que carecen de cualquier subjetividad, juicio o sentimiento que pueda empañar el asesoramiento objetivo o condicionar las decisiones del estudiante. Al mismo tiempo, el mentor ha de inyectar una dosis de positividad y descubrir al mentee lo importante que es soñar, así como mostrarle el abanico de posibilidades que se abren ante él, la mayoría de ellas a menudo desconocidas. La libertad de elegir el futuro es un privilegio que se posee casi siempre pero que, por desgracia, suele venir acompañado del miedo a lo desconocido. El mentor es ese compañero que hará del miedo un desafío fascinante. 
Mesa 3: Cinco mentores de entre los 22  que han participado en el programa IMP 2014-2015.
Mesa 3: Cinco mentores de entre los 22  que han participado en el programa IMP 2014-2015.
Hubo también momentos de reflexión sobre el programa con intención de mejorarlo de cara al próximo año 2015-2016, en que el programa IMP volará independiente de ECUSA para expandirse también a otros ámbitos como la economía y las humanidades. Los mentores nos reunimos con representantes de las universidades para comentar posibles críticas y crear nuevos retos de cara a esta nueva etapa. Después los estudiantes tuvieron la ocasión de hacer un pequeño networking, puesta en práctica de lo aprendido, con el fin de dejar atrás la vergüenza y aprender a caminar marcando sus propias huellas. Nosotros ya les hemos dado el primer empujón, ahora les toca a ellos seguir caminando y ayudar a los que vienen detrás. Con esta idea surgió la sesión “La motivación en las siguientes generaciones. El pacto de dedicación”. El efecto mariposa ha empezado, los estudiantes que este año han participado en el programa IMP han hablado y han manifestado su inmensa gratitud hacia el programa y hacia sus mentores. La mayoría de ellos han experimentado mejoras impresionantes, aunque no necesariamente medibles. Ellos son el verdadero motor que sirve de motivación a los mentores. Para un mentor, es una gratificación personal inmensa observar la evolución de sus estudiantes a lo largo de nueve meses. Dudas, miedos, inseguridades… todo se reduce en dimensión cuando se comparte con alguien que ya lo ha vivido y te aconseja desde la experiencia. Hasta los túneles más angostos se iluminan pero sobre todo, aprenden a crear herramientas con las que abrirse paso en su carrera profesional. Por eso, esto ha de ser una cadena de favores en la que cada eslabón enlaza otros cuantos, y así exponencialmente conseguiremos que nuestra comunidad de estudiantes tenga siempre un punto de apoyo altruista cuyo valor es ya incalculable. Las universidades habrán de comprometerse para ofrecer a sus alumnos toda la ayuda que puedan conseguir, ya sea la opción de formar parte del programa, la financiación de estancias en centros extranjeros, o la aportación de recursos al programa IMP, como ha hecho la Universidad de Valencia, anfitriona de este evento. 
Finalmente, este evento tan encomiable se cerraba con la entrega de premios al mejor mentor y mentee, de la mano de D. Ana Elorza, representante internacional de la FECYT, entidad que ha apoyado el programa IMP desde su nacimiento hace apenas un año. 
De izquierda a derecha: Lucía Ramos, ganadora del premio al mejor mentee, D. Ana Elorza, representante internacional de FECYT y D. Joaquín López, ganador del premio al mejor mentor.
De izquierda a derecha: Lucía Ramos, ganadora del premio al mejor mentee, D. Ana Elorza, representante internacional de FECYT y D. Joaquín López, ganador del premio al mejor mentor.
Me quedo con el buen sabor de boca de las cosas bien hechas, del orgullo de haber sido parte de un germen que ya brota en cientos de esquejes y que ha sido capaz de juntar en la misma sala a generaciones de talentos, representantes de universidades y gobiernos. Y por supuesto, me quedo con el aroma de la paella valenciana que sabe a España y a verano, sobre todo cuando uno recorre más de 5000 kilómetros para degustarla.

sábado, 18 de julio de 2015

Escena Latina Teatro: Bodas de Sangre


En aras de reconciliarme con esa parte de mí tan de letras que vive en las sombras, me he enrolado en el mundillo del teatro para entregarme hasta la médula a Escena Latina Teatro; con mucho gusto, porque las cosas o se hacen bien, o no se hacen. "Entre mujeres" fue un tímido preludio de lo que vendría un par de meses después: "Bodas de sangre" del gran Federico García Lorca.
En principio ni si quiera iba a participar, la mitad de las actuaciones me pillaban de vacaciones en España; pero una cosa llevó a la otra y me encontré encarnando a la sufrida madre de esta triste historia que tiene lugar en Andalucía en 1933. A pesar de mi juventud, me sorprendí empatizando con ella con una capacidad inaudita. Esta mujer viuda, que perdió a su marido y a su hijo mayor en sendas reyertas, vive atormentada ante el presagio de lo inevitable. Los filos de las navajas no los afila el diablo, sino la necedad del hombre, y ella sabe desde el principio que el sino de su casta está escrito con un charco de sangre en mitad de la calle. Una madre coraje, fuerte por fuera, tierna por dentro, que me recuerda tanto a esas vecinas de mi abuela que vestían de luto, que casi puedo visualizarla tomando el fresco en la plazoleta en las noches de verano. Yo, que soy alma desertora de primera generación, vuelvo a mis raíces a través de esta obra magistral de la literatura española para comprender que, a pesar de la evolución y del feminismo, hay algo que hace que las mujeres se reconcilien con su estado primario cuando son madres. No me puedo imaginar lo que es quedarse viudo, debe de ser como si te arrancaran un trozo y saber que el hueco nunca más volverá a llenarse. Pero desde luego perder a un hijo ha de ser como quemarse por dentro, reducirse a cenizas, y saber que por mucho que resurjas como el ave fénix, ya nunca volverás a ser una persona completa. Creo incluso que la propia mortalidad pasa a un segundo plano, la importancia es relativa y supongo que existe un enajenamiento temporal que te debe de llevar incluso a desear estar muerto.

 La tragedia de bodas de sangre se basa en la historia de Francisca Cañadas y Paco Montes, que eran primos y se fugaron juntos horas antes de que ella se casara con otro, que era además el cuñado de su hermana.

En la historia real el amante muere a manos del hermano del novio, y la novia casi muere a manos de su propia hermana, despechada al saber ensuciado el nombre de su familia.  Lorca dota de magia romántica esta historia que poco tiene que envidiar a la de Romeo y Julieta, y la convierte en una tragedia lírica que ha sido representada cientos de veces en diferentes idiomas, aunque he de decir que ninguna traducción hace justicia a las palabras del maestro Federico.  Supongo que porque a mí las letras en español me llegan muy adentro y tocan todas esas fibras que sólo mi lengua materna sabe hacer vibrar. De hecho, la compañía de teatro Apollinaire también ha representado en paralelo la misma obra versionada en inglés, con diferente elenco y director, y con un gran componente musical, pero a pesar de lo bien que lo hacen, a mí me sabe a poco. Las palabras de Lorca saben dulces y ácidas a la vez, puedes paladearlas y te dejan un gusto a delirio en la boca que es casi palpable. Una vez dichas o escuchadas, envían señal de saciado al corazón, que conquistado de poesía manda lágrimas a los ojos, quienes no pueden contenerlas en la escena en que la novia escapa con Leonardo y se declaran amor eterno en el bosque, perseguidos por el novio y toda la tropa que viene a matarlos. Es, simplemente, el maestro destilando arte en cada página, en cada frase, en cada palabra que, dicen los sabios, tiene una razón de ser. No hay una que sobre ni que esté de más, todas guardan un significado, una intención, todas han de interpretarse con sumo cuidado para poder ver aquello que el poeta nos estaba intentando mostrar.
Y sumado al privilegio de haber dado vida a este personaje tan carismático, me quedo con las largas horas de trabajo que he compartido con mi nueva familia, Escena Latina Teatro, que me arroparon desde el primer día con su calor caribeño. Me quedo con las risas, con el Spanglish, con las quesadillas... y ¡hasta con las picaduras de mosquito! Fueron días duros de ensayar hasta las tantas de la noche, pero qué a gusto me moría de sueño al levantarme por las mañanas. Fueron tardes de ayuno que me dibujaron la línea del bikini a marchas forzadas, pero qué ricas sabían las cenas de Dani a medianoche.
Y no sólo en el recuerdo, sino en la certeza de los años venideros, he ganado un elenco de caras nuevas que poco a poco se han ido haciendo familiares, de voces teñidas de todos los acentos que admite el español y que han ido enriqueciendo la locución de esta española que lo es más, si cabe, cuando está rodeada de todos ellos. Gracias a todos por extender una raíz desde las plantas de mis pies hasta lo más hondo del suelo de Boston, porque siempre habrá un motivo para quedarse...

martes, 14 de julio de 2015

Ruta 66 y Gran Cañón




En nuestro apasionante viaje a Las Vegas, no podíamos dejar de visitar el Gran Cañón del río Colorado. Eso sí, para llegar hasta allí, no hay mejor mapa que la famosa ruta 66. A pesar de que atraviesa el desierto, de que los pueblos que salpica son diminutos y olvidados, y de que da un pequeño rodeo para llegar hasta el cañón, merece la pena la magia de desordenar ese polvo de estrellas sobre el que tantas películas del Oeste han rodado.
Un sueño más, recorrer esta vía galáctica de carromatos y asfalto en compañía de mis hermanos, mis sisters y mi compañero de viaje. No se puede pedir más. ¿O sí? Alquilamos un coche de 7 plazas para no perdernos los chistes, las impresiones, las risas... y, como dice aquella que nos parió, para tener las mismas batallitas que contar cuando seamos viejos.
 Colgados de un sueño, dejamos Nevada y llegamos a Flagstaff, una ciudad en medio del desierto de Arizona. En principio un lugar en el que pasar la noche antes de partir para el gran Cañón, en la práctica, se convirtió en un viaje hacia el centro del universo. Visitamos el observatorio y nos quedamos ojipláticos cuando, a través de un gran telescopio, observamos Saturno ¡con sus anillos y todo! Venus, lucero del alba, es un punto brillante al lado del lejano Júpiter. Plutón lucha por no dejar de ser un planeta. Pero sin duda lo más apabullante, doña Catalina. Satélite de plata y sal que nos vigila señorial desde su cuna privilegiada. Nos asomamos a ese telescopio que es en realidad un abismo hacia la inmensidad, allí está la Luna cubierta de cráteres, que ahora sabemos que se deben a impactos de meteoritos... pobre luna, está hecha un Cristo. Si la miras a través de este tubo mágico, te aseguro que puede hechizarte.
Pero si creíamos haber visto cosas extraordinarias, aún nos quedaba por ver una de las 7 maravillas del mundo.

Amanecemos con ansias por ir a visitar el Meteor crater, el cráter causado por el impacto de un meteorito que cayó hace unos 50.000 años y que es el que mejor se conserva en toda la Tierra (por aquello de estar en medio del desierto, que ahí no crecen ni malas hierbas). Y aunque las fotos no hacen justicia a este enorme agujero de 140 metros de profundidad y más de 1 kilómetro de diámetro, es alucinante pensar lo que puede haber en el espacio exterior. Allí tienen también pedazos del meteorito culpable, los más grandes encontrados. ¿habéis tocado alguna vez algo procedente del espacio exterior? ¡¡¡YO SÍ!!!

Y ya por fin nos ponemos en camino hacia aquel lugar que he querido visitar desde que era pequeña, y que, sinceramente, no podía imaginarme cuánto merecería la pena. Por primera vez desde que escribo este blog, encuentro serias dificultades para definir una vivencia: inconcebible, magnánimo, impresionante, inmenso, sobrecogedor... Una magnitud que sin duda sólo puede medirse con unidades extraterrestres.
 No importa cuánto haya caminado, cuántos países haya visitado, cuántos años haya vivido ni cuántos recuerdos vengan a mi mente, esto es simplemente inexplicable. Hay que ir, hay que creer, hay que sentarse a mirar y darse cuenta de lo pequeño e insignificante que es el ser humano.   Una extensión de 500 kilómetros de largo y 30 de ancho. Tan inmenso que ni si quiera el eco encuentra dónde rebotar. Es tan tan irreal que cuando te haces una foto parece que estás delante de un póster. Es un croma, es ficticio, es imposible... es sobrenatural.


A pesar del calor y de los kilómetros que llevamos a las espaldas, la paz que sentimos encuentra un lugar para inundarnos. Mirar hacia abajo ni si quiera da vértigo porque no ves el final. Lo mismo ocurre con el horizonte, que se dibuja detrás de cada montaña pero, a la vez, no está ahí, sino detrás de la siguiente, y así hasta hacerse infinito.

El Gran Cañón se pinta de rayas como las tribus de indios americanos que todavía quedan por estas zonas. Es un dios tribal en forma de masa de tierra que se abre como desgarrada dejando a la vista todas sus capas, todos sus colores, toda la paleta de los cálidos que se difumina entre amarillos y rojos. Estratos de caliza, arenisca y arcilla que parecen arder cuando se pone el sol.
Mires donde mires, árboles, piedra, ramas, grietas, roca, cielo, tierra... organizado como si de una estructura cristalina se tratara.
El río Colorado, ahora tímido a su paso por esta garganta gigantesca, ha ido erosionando y excavando el terreno mientras que la meseta se ha ido elevando. Así, a lo largo de millones de años, ha terminado de pintar este óleo que firma como anónimo pero cuya autoría no puede negar. Una vez más, dudo de mi ateísmo porque esto me parece obra de los dioses.

Vimos el cañón desde su lado Sur, y luego fuimos conduciendo por la escarpada carretera que lo bordea hacia el este, hasta llegar a "desert view", donde, como su propio nombre indica, se puede ver todo el desierto.
Sólo que este desierto es un tanto especial, algo postinero, y por eso se llama "el desierto pintado". Los estratos en las montañas han creado ese efecto que hace que parezca que alguien las ha delineado.
Kilómetros y kilómetros de montañas con faldas a rayas que hacen del paisaje un recorrido sin igual hasta el estado de Utah, donde teníamos reservado el más pintoresco de los moteles de carretera para pasar la última noche de la expedición. 
Nos recibió la dueña con su sombrero de vaquera y sus botas de chúpame la punta. Cada habitación decorada en base a un tema, cada cual más rocambolesco... Y lo mejor, la caravana metálica que hace las veces de restaurante y donde sirven unas hamburguesas que saben a gloria bendita. Y para desayunar, huevos rancheros y frutas recogidas del paraíso. 
Todo sabe bueno en esta tierra, porque sabe a paz y a naturaleza.
El último día visitamos el Zion national park, que es también un cañón impresionante, pero claro, el hermano pequeño del otro... Y vuelta a las Vegas en nuestra caravana de los sueños donde he pasado algunos de los días más felices de mi vida. ¡Qué bien saben los viajes en familia!  





martes, 30 de junio de 2015

Las Vegas


Como la Meca, un lugar al que uno ha de peregrinar al menos una vez en la vida. En Las Vegas campan horteras y chonis por doquier, a veces incluso solapando en un solo individuo. La lycra viste músculos y celulitis que se pelean por escapar de ella entre pequeñas aberturas, dejando a su paso un cuadro devastador que compone lo que mi madre llamaría un hatajo de pajuelas y risiones. Lo del maquillaje ya es otro cantar, la purpurina, lejos de ser un fantasma del pasado ochentero, se hace materia y manteca y se aplica con llana en esas caras silicoides colgadas del opio de los neones. Así se disimulan las ojeras en la ciudad que sí que duerme, porque de día no hay quien pare.


¡Qué calor hace en Las Vegas, Dios Santo! Parece que está uno en plena ebullición. El caso es que es como pasear por la Gran Vía un dos de agosto a las 3 de la tarde, solo que da lo mismo que sean las 3 de la mañana, porque hace el mismo calor. Un aire caliente que al bajar del avión nos parecía que procedía de los tubos de escape y de los aires acondicionados, pero que nos acompañó durante todo el trayecto y nos requemaba los pulmones, las fosas nasales, el aliento y hasta las cuencas de los ojos. Hasta el pis sale quemando de lo calientes que se ponen los riñones. Por eso durante el día, el que no duerme la mona bajo el chorro del pingüino, se pone a remojo en esas megapiscinas de los grandes hoteles-casino donde, por supuesto, continúa la fiesta en un devenir infinito de fichitas de colores.


Pero mucho más allá de eso, Las Vegas es una Meca de neón y vinilo, un oasis de luces y música en medio del desierto de Nevada. Hoteles que parecen lingotes de oro, un flamenco, un circo... o ¡hasta una Venecia en miniatura!  Paseamos por el interior del Venezia como si fuese de día en plena noche.  Las nubes pintadas a lo Capilla Sixtina en los techos de este hotel, junto con los canales por los que (agárrense los machos...) ¡pasean góndolas! y el empedrado de calles recién llovidas por un efecto que si no lo hubiera tocado con mis propias manos me parecería photoshop...


Y al lado, como en la misma Italia, se puede pasear por el Cesar Palace, un hotel que contiene todas esas millas de oro llenas de tiendas tan conocidas como Tiffanys o Prada, en las que me parece que los diamantes y los bolsos no son de imitación como los que había en en la Piazza de España en Roma. ¡Aquésta Roma es todavía más real que aquélla! Ver para creer... Y también hay un pequeño París, con su torre Eiffel y su arco del triunfo... si es que sólo les falta la Bastilla...
Y la fuente del Bellagio, que es tan grande que se podría hacer wind surf en ella y hasta ahogarse; cuyos chorros bailan grandiosos al compás de la voz de Celine Dion, hundiendo el Titanic cada 15 minutos ante cientos de ojos que son distintos cada vez y que siempre expresan el mismo asombro genuino. No caben las palabras para expresar la ostentosidad, la fanfarronería y a la vez la elegancia y majestuosidad que se respira en Las Vegas. Extrañamente, el lugar destila distinción. No sé si será por la cantidad de dinero que se mueve en esos casinos llenos de gente las 24 horas del día, los 365 días del año (incluidos nosotros que hicimos varios blackjacks y hasta acertamos un número a la ruleta); o si serán los miles de despedidas de solteros/as y cumpleaños que nacen y mueren en esta ciudad cada día, pero desde luego hay una especie de magia mística que te atrapa y que te pone los pelos de punta. Este trance en el que muchos llegan incluso al aeropuerto de vuelta a sus vidas cotidianas. En nuestro avión, la pajuela que vomitaba en la papelera de la puerta de embarque y que, de alguna manera, se las apañó para subir a bordo sin levantar la liebre, nos hizo dar media vuelta cuando estábamos ya a punto de despegar para ponerla de patitas en la calle en un ritual que, desgraciadamente, me parece que no ha de ser tan poco común. Aunque como dice el famoso cartel que recibe y despide a los turistas en esta tierra mítica: "Conduce con cuidado y vuelve pronto".  Quizás lo haga, pero sólo si cuento con la misma compañía.

jueves, 4 de junio de 2015

Richi



Ricardo es un padre coraje de esos que salen en las películas, de esos que al final cambiarán el mundo. Su hijo Richi fue diagnosticado con un meduloblastoma en el cerebelo que, tras 8 operaciones diferentes, llevó a los cirujanos de Barcelona a una rendición inevitable: el cáncer de Richi era incurable. Lejos de conformarse, sus padres trataron de buscar una segunda opinión, contactaron con el Dana Farber Cancer Institute en Boston y recibieron del otro lado de la línea algo del todo inesperado: esperanza. El único inconveniente… costear el tratamiento. Sin embargo, cuando la vida de un niño de 5 años se pone en una balanza con algo tan nimio como el dinero, los corazones se ablandan y el mundo entero se moviliza. Fueron a programas de televisión, de radio, abrieron un blog… y gracias a la ayuda de miles de personas, finalmente lo consiguieron. En abril de 2012 se mudaron a Boston y, tras una primera operación de 5 horas, el futuro de Richi volvía a existir. No obstante, los tratamientos de quimioterapia fueron durísimos, y las complicaciones llevaron al niño a la UCI en diversas ocasiones, difuminando de nuevo el contorno de ese futuro apenas recuperado. Pero las ganas de vivir de Richi son infinitas, la lucha por la supervivencia es una máxima y no tiene pensado rendirse. Richi es un superhéroe, pero desde luego sus padres son unos aliados extraordinarios. La lucha contra el cáncer es un proceso devastador, pero en un niño es todavía más duro e injusto. Ricardo pronto descubrió que, tristemente, los fondos que se dedican a investigar el cáncer pediátrico cubren un porcentaje ridículo del total destinado a investigación en EEUU. El problema es que la incidencia es demasiado baja como para que importe lo suficiente. Por este motivo, y por muchos más, decidieron poner en marcha la Fundación Richi. El objetivo de esta fundación va mucho más allá de la idea de recaudar dinero, se trata de expandir horizontes, de abrazar el futuro con los brazos del presente. La fundación Richi ha creado una partnership o colaboración entre el hospital Sant  Joan de Déu de Barcelona y el Dana Farber Cancer Institute en Boston, de esta fusión nacen las Richi fellowships para que cirujanos españoles puedan venir a formarse aquí, donde la experiencia en neurocirugía pediátrica oncológica es mucho mayor, y puedan luego adoctrinar a sus equipos en España. No hay mayor poder que el del conocimiento, y es injusto que sólo quien pueda costeárselo sea capaz de recibir un tratamiento. Por ello, es mucho más inteligente formar médicos en todo el mundo y llevar las sonrisas de vuelta a todas esas caras inocentes que no entienden de naciones ni de fronteras.

También existen las Richi houses, que acogen a todas esas familias que bajan de un avión asustados y a menudo sin conocer si quiera el idioma del país al que acaban de llegar. En estas casas los niños están juntos, no se sienten diferentes, no son presa del aislamiento. Además, las familias se nutren de las experiencias de otros, comparten sus miedos y encuentran una verdadera familia que les ayuda a superar una situación que no puede comprenderse a menos que se haya vivido. La Richi house no es un hospital, sino un hogar.


La mejor de las noticias no es un milagro, sino la recta final de una carrera de fondo: en octubre del año pasado la última revisión de Richi fue positiva. Su familia sigue viviendo en Boston y han hecho de su causa un modo de vida. Buscan inversores para que la investigación en oncología pediátrica siga avanzando y ya han conseguido financiación para llevar a cabo algunos proyectos en el Dana Farber. Es una manera encomiable de contribuir al mundo, no todos podemos decir que hemos pasado por la vida pisando tan fuerte como Richi y su familia, pero en ECUSA aportamos nuestro granito de arena para que historias como esta den la vuelta al mundo.
web fundación Richi: http://www.richifoundation.org
vídeo del evento: https://www.youtube.com/watch?v=php3t5m7y7M