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viernes, 23 de octubre de 2015

Poets´ café

La casa de Alan, que ayer se llenaba de vino y mestizos en la cocina, es hoy un salón improvisado que invita a los extraños a quedarse un rato, a entrar en su mundo, a escuchar su guitarra llorando acordes que se disipan por el aire... a abrir el alma y dejar que entre en ella la rima y todo ese duende que se esconde en las palabras. Poesía derramada que nos empapa los pies, salpicándonos de emociones que apenas pueden reprimirse... Poesía local, y sin embargo tan a la altura de grandes poetas clásicos y modernos que hemos de dejar que su soledad nos sirva de necio rasero.
En la imaginación de los poetas, un fantasma vestido de negro se desgarra la voz dejando paso al artista, a un poeta se le debe permitir todo; sobre todo si es una mujer, como Jessie, que nos sorprende con una fuerza inaudita para caber en un cuerpo tan pequeño, nos sorprende con la pasión escrita en dos lenguas que narran diferentes aspectos de su vida y de su historia... "desgraciadamente, he vivido". Hijos de una tierra lejana a la que hemos viajado esta tarde subidos en los versos, a caballos asonantes y rítmicos galopantes, que no pueden contener la prisa ni la pausa.
Y luego está Juan, ese loco que escribe al amor con amor y sangre, ese romántico que escribió las cartas de Medea, y que desde su torre a los pies del río Charles envía suspiros epistolares que atraviesan las gargantas y se traducen a pesar de la innumerable soledad, tropezándose justo antes de llegar a las manos de Álvaro, que está tan cerca que casi duele pensarlo.
La poesía me deja un sabor dulce que se mezcla con el vino, no he sabido sino acariciar las palabras que pasaron por mi lado, era un pecado quedárselas. Otros derramaron poesía sobre mí, y me dejé hacer, porque a mis oídos se convierte en nana y en segundas intenciones, en vivencias, en recuerdos, en versos que se apretujan en las palmas de mis manos, en imágenes que a mi memoria, se empeñan en que he vivido.
Escena Latina es un edén donde convergen los poetas, los artistas y las palabras más bonitas del inglés y el castellano, donde al llamar a la puerta puede abrirte Puerto Rico, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Santo Domingo, Perú, Norteamérica o España, ofreciendo un beso o dos según el tono de las mejillas y el color de las palabras.

sábado, 18 de julio de 2015

Escena Latina Teatro: Bodas de Sangre


En aras de reconciliarme con esa parte de mí tan de letras que vive en las sombras, me he enrolado en el mundillo del teatro para entregarme hasta la médula a Escena Latina Teatro; con mucho gusto, porque las cosas o se hacen bien, o no se hacen. "Entre mujeres" fue un tímido preludio de lo que vendría un par de meses después: "Bodas de sangre" del gran Federico García Lorca.
En principio ni si quiera iba a participar, la mitad de las actuaciones me pillaban de vacaciones en España; pero una cosa llevó a la otra y me encontré encarnando a la sufrida madre de esta triste historia que tiene lugar en Andalucía en 1933. A pesar de mi juventud, me sorprendí empatizando con ella con una capacidad inaudita. Esta mujer viuda, que perdió a su marido y a su hijo mayor en sendas reyertas, vive atormentada ante el presagio de lo inevitable. Los filos de las navajas no los afila el diablo, sino la necedad del hombre, y ella sabe desde el principio que el sino de su casta está escrito con un charco de sangre en mitad de la calle. Una madre coraje, fuerte por fuera, tierna por dentro, que me recuerda tanto a esas vecinas de mi abuela que vestían de luto, que casi puedo visualizarla tomando el fresco en la plazoleta en las noches de verano. Yo, que soy alma desertora de primera generación, vuelvo a mis raíces a través de esta obra magistral de la literatura española para comprender que, a pesar de la evolución y del feminismo, hay algo que hace que las mujeres se reconcilien con su estado primario cuando son madres. No me puedo imaginar lo que es quedarse viudo, debe de ser como si te arrancaran un trozo y saber que el hueco nunca más volverá a llenarse. Pero desde luego perder a un hijo ha de ser como quemarse por dentro, reducirse a cenizas, y saber que por mucho que resurjas como el ave fénix, ya nunca volverás a ser una persona completa. Creo incluso que la propia mortalidad pasa a un segundo plano, la importancia es relativa y supongo que existe un enajenamiento temporal que te debe de llevar incluso a desear estar muerto.

 La tragedia de bodas de sangre se basa en la historia de Francisca Cañadas y Paco Montes, que eran primos y se fugaron juntos horas antes de que ella se casara con otro, que era además el cuñado de su hermana.

En la historia real el amante muere a manos del hermano del novio, y la novia casi muere a manos de su propia hermana, despechada al saber ensuciado el nombre de su familia.  Lorca dota de magia romántica esta historia que poco tiene que envidiar a la de Romeo y Julieta, y la convierte en una tragedia lírica que ha sido representada cientos de veces en diferentes idiomas, aunque he de decir que ninguna traducción hace justicia a las palabras del maestro Federico.  Supongo que porque a mí las letras en español me llegan muy adentro y tocan todas esas fibras que sólo mi lengua materna sabe hacer vibrar. De hecho, la compañía de teatro Apollinaire también ha representado en paralelo la misma obra versionada en inglés, con diferente elenco y director, y con un gran componente musical, pero a pesar de lo bien que lo hacen, a mí me sabe a poco. Las palabras de Lorca saben dulces y ácidas a la vez, puedes paladearlas y te dejan un gusto a delirio en la boca que es casi palpable. Una vez dichas o escuchadas, envían señal de saciado al corazón, que conquistado de poesía manda lágrimas a los ojos, quienes no pueden contenerlas en la escena en que la novia escapa con Leonardo y se declaran amor eterno en el bosque, perseguidos por el novio y toda la tropa que viene a matarlos. Es, simplemente, el maestro destilando arte en cada página, en cada frase, en cada palabra que, dicen los sabios, tiene una razón de ser. No hay una que sobre ni que esté de más, todas guardan un significado, una intención, todas han de interpretarse con sumo cuidado para poder ver aquello que el poeta nos estaba intentando mostrar.
Y sumado al privilegio de haber dado vida a este personaje tan carismático, me quedo con las largas horas de trabajo que he compartido con mi nueva familia, Escena Latina Teatro, que me arroparon desde el primer día con su calor caribeño. Me quedo con las risas, con el Spanglish, con las quesadillas... y ¡hasta con las picaduras de mosquito! Fueron días duros de ensayar hasta las tantas de la noche, pero qué a gusto me moría de sueño al levantarme por las mañanas. Fueron tardes de ayuno que me dibujaron la línea del bikini a marchas forzadas, pero qué ricas sabían las cenas de Dani a medianoche.
Y no sólo en el recuerdo, sino en la certeza de los años venideros, he ganado un elenco de caras nuevas que poco a poco se han ido haciendo familiares, de voces teñidas de todos los acentos que admite el español y que han ido enriqueciendo la locución de esta española que lo es más, si cabe, cuando está rodeada de todos ellos. Gracias a todos por extender una raíz desde las plantas de mis pies hasta lo más hondo del suelo de Boston, porque siempre habrá un motivo para quedarse...

martes, 14 de abril de 2015

Escena Latina Teatro: "Entre Mujeres"

Siempre he oído a mi madre contar que su padre, o sea, mi abuelo, hacía teatro allá por los años 40. De eso ya hace muchos, muchos años; se hacían disfraces con ropas viejas y representaban obras de teatro amateur. Cada vez tengo menos dudas de que el arte también se hereda. En algún lugar recóndito de mi ADN siempre estuvo escrito, cual rúbrica sobre pergamino antiguo, que un día terminaría subiéndome a un escenario. Una tía mía solía decir que desde pequeñita me gustaba apuntarme a todo lo que implicara un disfraz. Y es cierto, supongo que me gusta jugar a ser otra persona, perder mi necesidad de autocontrol y dar rienda suelta a una imaginación que siempre ha tenido cierta tendencia al desbordamiento.
Hace unos años asistí a una obra de teatro de Escena Latina, "Los de la mesa 10", por pura casualidad, y por quitarme un poco el mono de teatro en español que tantas tardes de domingo he disfrutado en Madrid. Aquel día debí de dejar mi email para recibir información de las obras que hacían y demás. Hace un par de meses recibí un email en el que pedían actrices para representar "Entre mujeres" de Santiago Moncada. Al final del mensaje, una luz, una frase en la que animaban a participar en la audición incluso sin tener ningún tipo de experiencia. Sólo había que prepararse un monólogo cómico de 1 o 2 minutos y leer algunos pasajes de la obra. Desde aquel momento deseé con todas mis fuerzas formar parte de aquella aventura. La audición fue fenomenal, se rieron mucho con mi monólogo y se sorprendieron de que no hubiese actuado nunca. La verdad es que ya me dio buenas vibraciones. Por aquel entonces había unos dos metros de nieve y muuucho frío, pero ni la una ni el otro achantaron mis ganas de volar. Cuando Christina me llamó para decirme que quería que hiciera de Elena, no podía imaginar lo mucho que mi vida estaba a punto de cambiar. Todas esas caras nuevas descolgaban sonrisas cálidas, español de América del Sur aprendido en los Estados Unidos que me sonaba a música celestial. En los dos primeros ensayos ni si quiera pudimos estar todas por las tormentas de nieve imposibles que nos acechaban. Pero luego fuimos cogiendo ritmo y aprendiendo el bloqueo, adentrándonos en el personaje... Cinco amigas de la infancia que se reencuentran en casa de una de ellas después de más de 25 años. En el salón de la casa de Elena se van rememorando los viejos tiempos, aquellas colegialas, las vidas pasadas y futuras, y poco a poco se va desvelando el verdadero motivo de la reunión. Las idas y venidas de cinco niñas que se fueron haciendo mujeres a veces a favor de la corriente, y a veces muy en contra. El dolor, el amor... una historia salpicada de homofobia que coquetea con el machismo y el pensamiento con el que las mujeres hemos tenido que pelear durante años. Una tragicomedia que destila mucha risa y un trasfondo harto dramático.
Ser Elena me ha permitido reflexionar acerca de muchas cosas, y comprender la necesidad del cambio en la actitud hacia las otras mujeres. Las mujeres castigamos más duramente, si cabe, que los hombres, y es difícil enajenarse de esta sociedad en la que nacimos y nos educamos para poder ver más allá, sin prejuicios, y aprender a construir un pensamiento crítico y no gratuito.
Más allá de Elena, Amelia, Luisa, Hortensia y Carlota, cinco mujeres interesantes y atrapadas en sus propias vidas, he conocido a Christina, Carmen, Inés, Jecenia y Paola, cinco mujeres increíbles con las que he compartido mucho en un tiempo que ha sido corto pero intensísimo. También a Victor Hugo y Juanpe, mejicanos de México y de Bilbao, que han sido un gran apoyo durante todo este tiempo. Juntos hemos derribado las fronteras que separan España y México, Boston y Puerto Rico, Madrid y Barcelona... y hemos fundido sus ladrillos para construir un cimiento sobre el que crecer como una gran familia. Casi por primera vez desde que me mudé a Boston, he conocido gente que no es científica ni tiene nada que ver con la ciencia. Gente con la que además comparto cultura en español, y risas, y confidencias, y que me han traído a la memoria a mis chicas de siempre, tan distintas y tan iguales. Al fin he encontrado ese ancla que va más allá del trabajo, una afición, una ilusión... un refugio para esos días en que la añoranza de España me resulta insoportable. Una razón más para creer que aún me queda mucho por conocer de mí misma, y para comprender que uno sólo llega a conocerse bien cuando se marcha y empieza de cero en otro lugar.