Mostrando entradas con la etiqueta emigrante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emigrante. Mostrar todas las entradas
sábado, 1 de septiembre de 2018
La dicotomía del emigrante
"¿Ya te vas? pero si acabas de llegar". . . sí, yo también me he dado cuenta, al fin y al cabo, éstas son mis vacaciones. La pregunta se repite en diferentes bocas, en distintas fórmulas gramaticales. . . pero siempre viene a ser lo mismo, un retórico reproche tocado por la decepción. A mí no me toca ensayar mis caras de póker, porque a estas alturas de la vida yo ya no tengo tiempo para quedar bien. Las jornadas de trabajo son intensas, la rutina en general, con todas esas cosas por hacer desde las 7 de la mañana: prepara el desayuno, los tuppers, la comida de Inés, vistámonos todos, corre que te corre, hala, a la bici, sudando la gota gorda, déjala en la guardería, vuela al trabajo, recorre a toda prisa los cinco pisos de escaleras aprovechando tu minuto de gimnasio gratuito. . . sécate todo el sudor porque el día no ha hecho más que empezar. Las responsabilidades han ido engordando hasta apretarme los huesos, eso sí, henchida de ellas y de gratitud, nunca olvido dónde está mi lugar. Por eso me gusta mi vida llena de tareas y tuercas. Engrano como puedo mis horas libres para poder seguir dando clases de baile, hacer teatro, seguir con el mentorazgo, salir con los amigos, y no olvidar que quiero disfrutar al máximo de cada minuto de Inés; aunque a veces me gustaría darle al pause, tirarme en el sofá y disfrutar de no hacer absolutamente nada. . . ¿Cuándo fue la última vez de eso? Pero las vacaciones son otra cosa, ya en enero empieza el sorteo de la búsqueda de vuelo, a ver si este año puede ser que no necesitemos el sueldo de un mes para poder volar a España. En los últimos años se ha convertido para nosotros en un destino comparable a las islas Caimán, eso sí, no es exactamente un lugar de merecido descanso. El día antes de volar, por no decir la semana antes, las jornadas de trabajo parecen parir más horas, y nunca me parece suficiente lo que dejo terminado. Hacer las maletas pensando en llevar todo y a la vez dejar espacio para todo eso que me tengo que traer sin pecar de sobrepeso. Volamos de noche sin pegar ojo y aterrizamos a primera hora de la mañana, con todas las vacaciones por delante y unas ojeras que nos llegan hasta los pies. Si logras no dormirte hasta las 12 de la noche, habrás vencido al jet lag y sólo habrás perdido una noche de sueño. Tengo tantas ganas de ver a todo el mundo que el primer día suele pasarse tan rápido como la sensación de sueño. Primera tarea: desayuno ibérico.
Consulto la agenda para ver con quién me toca comer hoy, a quién tengo que ver sin falta, cuántos niños han nacido y no he conocido aún, a cuántos amigos no pude ver el año pasado. Sobre todo este año, que llevábamos casi 400 días sin pisar territorio español. Quiero ver a mis hermanos, quiero abrazarlos desde hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo de cómo huelen. Quiero también ver a mis amigas, ponernos al día, abrazarlas fuerte, reírnos de tontunas, arreglar el mundo como solíamos hacer. Sólo que ahora estoy sujeta a los horarios de Inés, a sus siestas y sus comidas, a que no puedo tenerla todo el día de bar en bar y rodeada de adultos. . . Pero es que en España hace tanto calor en agosto, ¡queman los columpios! en serio, los parques se vacían de risas y carrerillas porque ahí no hay quien respire sin abrasarse los pulmones. ¿Fui yo una vez capaz de ignorar esta sensación de quemazón tan grande? Pues va a ser que sí, que yo solía andar por la calle a las 3 de la tarde para disgusto de mi madre, que ya gozaba de este sentido del calor que me ha crecido a mí ahora, me hago mayor.
A Madrid este año no le hemos robado mucho, porque al final es cierto que se queda vacío en agosto, que todo el mundo sale por patas huyendo de este asfalto de lava, y que hasta las 8 de la tarde no hay un sitio donde ir sin arder. Que esa es casi la hora de dormir de Inés en Boston, y que por eso Spain is different. Al caer la noche, despiertan los bares, y cada día toca visitar uno distinto, o el mismo, pero no nos podemos permitir quedarnos en casa descansando, aunque en realidad sea lo que más nos apetezca, porque si hacemos eso, habremos perdido una oportunidad estupenda de vivir lo que tanto echamos de menos desde que nos fuimos. Pero es que también me apetece estar hasta las 3 de la mañana hablando con mis mejores amigos, discutiendo de todo, siendo laísta y chula y empezando la casa por el tejado. Me mata mirar el reloj y decir: "tenemos que irnos, hemos quedado para cenar". Pierdo entonces el poder de decidir sobre mi propia voluntad, porque yo me quedaría donde estoy, con mis amigos, con mis risas, para una vez que nos vemos. Lo malo es que los días son contados, y ese pensamiento alimenta la maquinaria que mueve mi cuerpo de forma involuntaria. Empiezo a sufrir una división cardíaca que me ahoga, esa que me obliga a sentir cosas tan discordantes como querer volver a casa, a Boston, en mitad de las vacaciones. Lucho con el sentimiento de ahogo y tiro para adelante, porque aún queda lo mejor, la playa, el descanso, las cañas a la orilla del mar, el placer de leer un libro. . . sólo que en realidad no es así. Allí nos espera otra rutina adaptada a que Inés pueda disfrutar de sus abuelos y viceversa. Hay que dejar el egoísmo a un lado y mirar por ella, por ellos, y adaptarnos a lo que toca porque no podemos hacer otra cosa. Al menos con los abuelos es un poco más fácil, porque vienen a vernos a Boston una vez al año y pueden disfrutar de nieta durante más rato. El resto del mundo sólo tendrá una tarde con un bebé de cinco meses que de repente tiene año y medio y corre y balbucea, para seguir con un rato futuro de niña bilingüe y desconocida que parece crecer veinte centímetros de un día para otro.
Y a pesar de tener ya ganas de volver a casa, me voy de España con tanta pena que me dejo un trozo del corazón allí olvidado, y eso hará que durante los días que quedan hasta navidad, la eche de menos a rabiar, a dentelladas, a un nivel que algunos días tirará mis lágrimas por el lavabo. Los que hablan de depresión post-vacacional no saben lo que se agravan los síntomas cuando además eres emigrante. Sin embargo, Boston es ahora mi casa, y me recibe siempre con calor en lo que se anuncia como los últimos coletazos del verano. Llego al lab y me encuentro una perla en mi mesa, sonrío y pienso "qué suerte tengo".
viernes, 11 de julio de 2014
Un dios maldijo la vida del emigrante
Un dios maldijo la vida del emigrante, serás odiado por la burocracia en todas partes... y así comienza la historia de cómo diez días se convirtieron en más de cuatro semanas. Aquellos que vayan a viajar a Estados Unidos por motivos de trabajo y necesiten un visado, háganme caso, planifiquen bien. Los días hábiles pueden llevar a engaño, y donde hace tres años de 3 a 5 fueron 2, hoy, tres años después, de 4 a 6 han sido aúnosecuantosperomásdeseisseguro y me han dejado fuera de juego, de congreso, de vacaciones y de mi propia masa corporal en las últimas doce horas.
Concerté la cita en la embajada hace ya dos meses, por aquello de prever y de que no te pille el toro. El día 4 de julio es fiesta en USA y por ende, también en la embajada americana en Madrid, y cabe preguntarse ¿cogen las fiestas americanas? respuesta, sí, pero también las españolas, y las locales, y las de la Comunidad de Madrid, un poquito de aquí y un poquito de allí... Esto me deja poco margen dado que en mi patria adoptiva 15 días laborables son los que son de vacaciones, y estos no son flexibles, como los días hábiles de correos, sino que son bastante fijos y se pagan con horas extra no reembolsables. Fui el lunes a hacer mi entrevista y ya la cosa pintó mal desde el principio. Que me faltaba un papel, que vete a un workcenter a pagar una pasta por meterte en internet para descubrir que ha caducado el formulario que hiciste hace ya más de dos meses y que, por tanto, tendrías que hacer uno nuevo o pordiosdescubredondelopusiste. Se me ilumina la bombilla... bendita dropbox, pero ¡ay! la dropbox está capada en estos lugares del demonio y no puedo acceder. Se me acaba el crédito, renuevo 2 euros, bendito 3G del móvil que me lo bajo, que me lo mando, que me lo imprimo, que resuelvo la crisis del momento. Sólo la primera, porque se me han colado las monedas entre tren, metro e internet, porque el transporte público, señores, es un atraco a mano armada encima de una alcantarilla. Y ahí yo que tenía pensado hacerme las fotos en el fotomatón de la embajada y me hallo sólo con un billete de 50 euros que no sé para qué los hacen si nadie nunca tiene cambio. Ese bar que no tiene botellitas de agua y que me manda de vuelta con el billetaco a la fila de la embajada. Pues le echo cara, que para eso soy de aquí, y presento como foto reciente la misma que utilicé para el visado anterior que vivía en mi cartera desde hace tres años, pero que reconozco que la cara de la señora de la foto podría ser yo dentro de otros 10. Se me sale el corazón, entrego todo, les digo que vuelo el domingo mireusteaversinomevaallegaratiempo, y entonces me dice la chica, vaya, pues que por qué no lo solicité por MRW; bueno, pues porque esa opción no estaba, y porque antes esa era la única opción, y porque ahora lo es correos. Y porque todo el mundo sabe que correos funciona genial y que el viernes, por supuesto, yo iba a tener mi visado en la mano sin ningún problema.
Sólo que esta mañana no lo tenía, ni el de la oficina de correos tampoco ni lo iba a tener ya por hoy. Por eso he panicado y por eso me he ido como en ambulancia a la embajada para ser ignorada en la puerta por esas señoritas de los cojones que son tan amables que te dan ganas de ahogarlas. Pues eso, que te metas en la web porque nosotros aquí lo que es el teléfono pues no lo contestamos. Así que San 3G me ayuda a encontrar una dirección de email a la que enviar mi caso urgente no, lo siguiente. Que dicho sea de paso, he encontrado haciéndome pasar por americana, porque si eres español, estás jodido, si no que se lo digan a la selección de fútbol.
Y bueno, pues ya asumido que no tengo visado para volar a USA el domingo, sólo me queda anular el congreso en California para el que me habían dado una beca y al que se supone que debía volar desde Boston el lunes. Y también si eso las vacaciones que venían a continuación por aquella costa, escogidas y pensadas con mucho cuidado durante días y prepagadas en parte. También de paso cambia tú el vuelo, Dani, porque donde dije vuelo, digo quedo, y Yosemite lo pagamos pero no vamos a ir. Y ahora métete en Iberia y cáete de culo al comprobar que si te parecía mucho 1500 dólares que pagaste para volar a España, mucho más te va a parecer los más de 1200 euros que cuesta cambiar el vuelo para otro día. ¡Cagoendiez! menos mal que tengo una familia que no me la merezco y robándole un rato de vacaciones a mi prima consigo que mueva un poquito cielo y tierra y me consiga un cambio de billete un poco más barato y relajar a 500 por minuto las pulsaciones de un corazón que no se me salía por la boca porque ya bastante tenía con lo que tenía.
Finalmente tengo que mirar el lado bueno de las cosas, me quedo, agobiada, estresada, intoxicada, mareada, vapuleada, desesperada... pero me quedo. Y atardece en Madrid, y me voy a ver el Guernica; y mi padre, y mi madre, y Dani, y arropada, recogida, remendada, ayudada, resumida... comprendo que la vida del emigrante está maldita sólo por fuera, porque por dentro esa amargura de pegatina te permite disfrutar de todos esos otros regalos que tiene la vida, al fin vacaciones.
Concerté la cita en la embajada hace ya dos meses, por aquello de prever y de que no te pille el toro. El día 4 de julio es fiesta en USA y por ende, también en la embajada americana en Madrid, y cabe preguntarse ¿cogen las fiestas americanas? respuesta, sí, pero también las españolas, y las locales, y las de la Comunidad de Madrid, un poquito de aquí y un poquito de allí... Esto me deja poco margen dado que en mi patria adoptiva 15 días laborables son los que son de vacaciones, y estos no son flexibles, como los días hábiles de correos, sino que son bastante fijos y se pagan con horas extra no reembolsables. Fui el lunes a hacer mi entrevista y ya la cosa pintó mal desde el principio. Que me faltaba un papel, que vete a un workcenter a pagar una pasta por meterte en internet para descubrir que ha caducado el formulario que hiciste hace ya más de dos meses y que, por tanto, tendrías que hacer uno nuevo o pordiosdescubredondelopusiste. Se me ilumina la bombilla... bendita dropbox, pero ¡ay! la dropbox está capada en estos lugares del demonio y no puedo acceder. Se me acaba el crédito, renuevo 2 euros, bendito 3G del móvil que me lo bajo, que me lo mando, que me lo imprimo, que resuelvo la crisis del momento. Sólo la primera, porque se me han colado las monedas entre tren, metro e internet, porque el transporte público, señores, es un atraco a mano armada encima de una alcantarilla. Y ahí yo que tenía pensado hacerme las fotos en el fotomatón de la embajada y me hallo sólo con un billete de 50 euros que no sé para qué los hacen si nadie nunca tiene cambio. Ese bar que no tiene botellitas de agua y que me manda de vuelta con el billetaco a la fila de la embajada. Pues le echo cara, que para eso soy de aquí, y presento como foto reciente la misma que utilicé para el visado anterior que vivía en mi cartera desde hace tres años, pero que reconozco que la cara de la señora de la foto podría ser yo dentro de otros 10. Se me sale el corazón, entrego todo, les digo que vuelo el domingo mireusteaversinomevaallegaratiempo, y entonces me dice la chica, vaya, pues que por qué no lo solicité por MRW; bueno, pues porque esa opción no estaba, y porque antes esa era la única opción, y porque ahora lo es correos. Y porque todo el mundo sabe que correos funciona genial y que el viernes, por supuesto, yo iba a tener mi visado en la mano sin ningún problema.
Sólo que esta mañana no lo tenía, ni el de la oficina de correos tampoco ni lo iba a tener ya por hoy. Por eso he panicado y por eso me he ido como en ambulancia a la embajada para ser ignorada en la puerta por esas señoritas de los cojones que son tan amables que te dan ganas de ahogarlas. Pues eso, que te metas en la web porque nosotros aquí lo que es el teléfono pues no lo contestamos. Así que San 3G me ayuda a encontrar una dirección de email a la que enviar mi caso urgente no, lo siguiente. Que dicho sea de paso, he encontrado haciéndome pasar por americana, porque si eres español, estás jodido, si no que se lo digan a la selección de fútbol.
martes, 7 de enero de 2014
Emigrantes del Insalud
Otro año que se marcha dejando balance... ¿positivo?. Boston nos escupió hacia España con las primeras nieves del invierno y el río ya congelado, pasados por gripe forzosa y muchas horas de trabajo para poder disfrutar de unas merecidas vacaciones en tierras más cálidas... O eso creía yo, hasta que Madrid me recordó con sorna que durante todos los inviernos de mi infancia mi madre me forraba de cuello de cisne y leotardos sobaqueros rematando con pasamontañas y bufanda indesatable por encima de la capucha del abrigo... y claro, por algo sería.
Lo malo es que ahora enfermar es un lujo que no puedo permitirme. En USA, obviamente, porque es caro hasta pisar la puerta del hospital, y en España, a partir de ahora, porque se me considera indigna de la Seguridad Social que he venido pagando religiosamente durante años y de la que he hecho un uso más bien justo y a menudo escaso. Determinan los dones y doñas sentados en sus tronos de nogal, que a los hijos del proletariado, aventureros todos ellos, que hemos decidido largarnos del país que nos vio luchar por tener un título, se nos ha de aplicar un castigo directamente proporcional a la patada en el culo que ya nos dieron para largarnos, y excluirnos también así del derecho de la Sanidad Pública. Y aunque últimamente la pobre Sanidad Pública española es una especie de fulana que ha visto crecer y crecer su clientela pero nunca sus recursos, sigue siendo uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.
Y qué pena, oigan, que esos señoritos afiliados a las aseguradoras de sus primos, esos que construyen los hospitales con dinero público para luego cederlos a la gestión privada, esos que intentan convencer al mundo de que abortar un embrión genéticamente defectuoso es un asesinato, esos que aceptan dinero en sobres de papel manchado de babas y que salen al mundo montados en un corcel ganador cuando apenas han aprendido a andar, qué pena que no sufran nunca un revés de la vida, de esos que sufren los cincuentones que se van al paro y ya nadie quiere contratarlos, o los jóvenes que terminan sus estudios después de toda una vida estudiando y no saben hacer otra cosa y mucho menos enfrentarse a una sociedad desempleada y en crisis. Y qué pena que esas niñas ricas que abortan en secreto en las clínicas más selectas no se vean obligadas a cargar con la vergüenza de la deshonra para sus familias artificiales. Qué pena que los que toman estas decisiones tan desacertadas nunca tengan que decidir entre cenar marisco en Nochebuena o comprar los Reyes para sus hijos. Qué pena que vivamos en una sociedad tan necia que muchos piensan que la sanidad privada es mejor que la pública simplemente porque no tiene listas de espera. Pero vamos a ver insensatos, que una clínica privada la pone quien tiene dinero, no necesariamente quien tiene conocimientos, y en muchas de ellas trabajan los hijos de los que tienen dinero, no los que se han chupado cinco años de residencia más una especialidad para luchar por una plaza que han de ganarse a base de esfuerzo. A excepción de los médicos de la Seguridad Social que complementan su salario con horas extras privadas y que son, por tanto, exactamente lo mismo pero más caro. La mayoría, además, carecen de medios para operaciones complicadas, sobre todo en niños pequeños. Y en algunos de esos otros "hospitales" se ocultan cosas, y se miente, y os sorprendería descubrir cuánta ineptitud se tapa a golpe de talonario. Y encima no somos conscientes de la suerte que tenemos por no tener que pagar los 500 euros que vale hacerse una radiografía o los 300.000 que cuesta una cirugía cardíaca. Somos afortunados porque en España uno se rompe una pierna y no necesita tener 20.000 euros en el banco para poder costearse el arreglo, y encima puedes tener hijos "gratis", sin pagar los más de 60.000 euros que costaría si fuera privado. Eso no lo sabemos, porque creemos que la sanidad es gratis, y ponemos el grito en el cielo porque hemos de esperar en la consulta de un médico de familia que a menudo tiene cinco veces más pacientes de los que dicta la ley; y encima muchos de ellos van al médico porque les duele el pelo o porque quieren un justificante para faltar al trabajo al día siguiente. Quizás hay otras soluciones, como generar más puestos de trabajo para llenar todos esos edificios nuevos y vacíos con nombres de infantas que tanta prisa se dieron en inaugurar. Esta es la España en la que vivís, la España que exocita a sus hijos cultivados y vapulea a los librepensadores para quedarse con dos clases, ricos y pobres, y pobre de aquellos pobres que se crean ricos.
Lo malo es que ahora enfermar es un lujo que no puedo permitirme. En USA, obviamente, porque es caro hasta pisar la puerta del hospital, y en España, a partir de ahora, porque se me considera indigna de la Seguridad Social que he venido pagando religiosamente durante años y de la que he hecho un uso más bien justo y a menudo escaso. Determinan los dones y doñas sentados en sus tronos de nogal, que a los hijos del proletariado, aventureros todos ellos, que hemos decidido largarnos del país que nos vio luchar por tener un título, se nos ha de aplicar un castigo directamente proporcional a la patada en el culo que ya nos dieron para largarnos, y excluirnos también así del derecho de la Sanidad Pública. Y aunque últimamente la pobre Sanidad Pública española es una especie de fulana que ha visto crecer y crecer su clientela pero nunca sus recursos, sigue siendo uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.
Y qué pena, oigan, que esos señoritos afiliados a las aseguradoras de sus primos, esos que construyen los hospitales con dinero público para luego cederlos a la gestión privada, esos que intentan convencer al mundo de que abortar un embrión genéticamente defectuoso es un asesinato, esos que aceptan dinero en sobres de papel manchado de babas y que salen al mundo montados en un corcel ganador cuando apenas han aprendido a andar, qué pena que no sufran nunca un revés de la vida, de esos que sufren los cincuentones que se van al paro y ya nadie quiere contratarlos, o los jóvenes que terminan sus estudios después de toda una vida estudiando y no saben hacer otra cosa y mucho menos enfrentarse a una sociedad desempleada y en crisis. Y qué pena que esas niñas ricas que abortan en secreto en las clínicas más selectas no se vean obligadas a cargar con la vergüenza de la deshonra para sus familias artificiales. Qué pena que los que toman estas decisiones tan desacertadas nunca tengan que decidir entre cenar marisco en Nochebuena o comprar los Reyes para sus hijos. Qué pena que vivamos en una sociedad tan necia que muchos piensan que la sanidad privada es mejor que la pública simplemente porque no tiene listas de espera. Pero vamos a ver insensatos, que una clínica privada la pone quien tiene dinero, no necesariamente quien tiene conocimientos, y en muchas de ellas trabajan los hijos de los que tienen dinero, no los que se han chupado cinco años de residencia más una especialidad para luchar por una plaza que han de ganarse a base de esfuerzo. A excepción de los médicos de la Seguridad Social que complementan su salario con horas extras privadas y que son, por tanto, exactamente lo mismo pero más caro. La mayoría, además, carecen de medios para operaciones complicadas, sobre todo en niños pequeños. Y en algunos de esos otros "hospitales" se ocultan cosas, y se miente, y os sorprendería descubrir cuánta ineptitud se tapa a golpe de talonario. Y encima no somos conscientes de la suerte que tenemos por no tener que pagar los 500 euros que vale hacerse una radiografía o los 300.000 que cuesta una cirugía cardíaca. Somos afortunados porque en España uno se rompe una pierna y no necesita tener 20.000 euros en el banco para poder costearse el arreglo, y encima puedes tener hijos "gratis", sin pagar los más de 60.000 euros que costaría si fuera privado. Eso no lo sabemos, porque creemos que la sanidad es gratis, y ponemos el grito en el cielo porque hemos de esperar en la consulta de un médico de familia que a menudo tiene cinco veces más pacientes de los que dicta la ley; y encima muchos de ellos van al médico porque les duele el pelo o porque quieren un justificante para faltar al trabajo al día siguiente. Quizás hay otras soluciones, como generar más puestos de trabajo para llenar todos esos edificios nuevos y vacíos con nombres de infantas que tanta prisa se dieron en inaugurar. Esta es la España en la que vivís, la España que exocita a sus hijos cultivados y vapulea a los librepensadores para quedarse con dos clases, ricos y pobres, y pobre de aquellos pobres que se crean ricos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

