domingo, 1 de febrero de 2015

Juno

Este año nos habíamos librado. . . por ahora. Juno ha llegado embistiendo sin compasión como la tormenta perfecta. . . para ver desde casa. ¡Alerta máxima! Prohibido sacar el coche hasta nueva orden. Eso sí, ni aunque quisieras... habría que desenterrarlo primero, siempre y cuando recuerdes el punto exacto donde estaba aparcado.  . .Ah, sí, justo donde sólo se ve nieve.

Snow Day por Blizzard, que es como llaman aquí a las tormentasdenievequetecagas. Lleva nevando sin parar unas 24 horas, empezó ayer y continuará así hasta mañana. Y no es que nieve y punto, es que es como una especie de torbonera de las de tormenta de arena gaditanas, pero de nieve. Nieve que va y viene hacia todos lados, nieve que te empana y te reboza como de azúcar glasé. Los vecinos llevan desde esta mañana temprano achicando nieve en un desesperado intento de que no se acumule demasiado. Aun así, el nivel nunca se reduce y palada tras palada, se requiere un esfuerzo brutal simplemente para mantener la situación. Mi vecino, que no se acongoja con nada, se ha comprado una retroescavadora para quitar la nieve, ahí es na, paladas a toneladas. Pero ni con ésas, la nieve nos llega hasta el muslo.

Vaticinio de temporal amedrentador, todo queda pospuesto, clausurado, cancelado, se ha declarado oficial: Snow Day/ Día de nieve. Trabajaremos desde casa. No hay colegio, bieeeen, los niños lo pasan en grande haciendo muñecos de nieve y tirándose por toboganes improvisados en plan aquópolis helado.
Tampoco hay tiendas abiertas, ni oficinas, ni bancos (ni de los de sacar dinero ni de los de sentarse), ni restaurantes, ni bares, ¡no hay transporte público!, las vías de tren y metro están enterradas bajo la nieve, por no hablar de la parada del autobús, que igual te sientas ahí a esperar y te quedas tieso esperando el P.Tinto.

Claro que mejor sentarse bajo techo que en los bancos del parque, porque ahí desde luego que el culo no va a tocar el metal hasta nueva orden. Y eso puede ser hacia marzo tranquilamente... La espumilla ha venido para quedarse, y no creáis que de una vez, no conforme con habernos reasfaltado las calles de copoalto, mañana vuelve dando coletazos para desgracia de aquellos que han cavado duro para recuperar sus coches. La gente se lo curra tanto que hay que ocupar el sitio recién despejado de alguna manera, no vaya a llegar un listo y se encuentre el trabajo hecho, para ello, ponen una silla que equivale al cartel de "vigilante gitano" en las obras, claro que de poco vale cuando Juno se pone pejiguera, porque  igual la silla acaba patas arriba y no sólo cavas, sino que recavas, o recabas tu derecho al aparcamiento que te ha costado horas dejar medio decente, que para eso estamos en USA y aquí la gente es medio civilizada. Porque desde luego en Madrid te aparcan y te atropellan la silla sin contemplaciones, y si hace falta hasta te llevas dos hostias por las molestias.
Pero no, este país es civilizado, tanto que cada uno se encarga de limpiar su trozo de acera (más patio, más escaleras/entrada) y si no, más vale que nadie sufra un resbalón y se parta una pierna, porque entonces te toca pagarlo y todos sabemos que sale mucho más barato comprarse otro coche y olvidarse del que quedó enterrado en nieve.
Sin embargo, no todo es malo para los conductores, al menos no hay que pagar parquímetro!
Para mí, sin embargo, lo que se acabó es la bici, que a falta de caminos transitables ha decidido hibernar, o invernar, según se mire. . . a esperar la primavera. Así que me quedan dos meses de ir al trabajo como el que va de excursión a Navacerrada. Una eterna escalada para la que me preparo de abrigo y botas en plan Jeti, bien atadas, mira a ver, no vaya a ser que se queden atrapadas en esta capa de velcro nuclear. Es extraña la plasticidad del ser humano, la capacidad con la que uno puede acostumbrarse a todo.
Quién me iba a decir a mí que un metro de nieve me iba a parecer de lo más normal, y que menos, son minucias. Y que mientras miro por la ventana y veo caer millones de copos cubriéndolo todo sin piedad, no puedo parar de pensar en lo bien que va a estar la montaña para esquiar el fin de semana. Y por eso, porque a uno se acostumbra todo, me planto los esquís y me deslizo por una ladera de mantequilla a 20 grados bajo cero y con los dedos en peligro de excisión. Pero qué sensación más bonita la de flotar en un mar helado.



martes, 27 de enero de 2015

Un lugar para la reflexión

¿Por qué somos el país de la pandereta? Porque la ex de un torero al que arrojaban sujetadores al final de la faena y el hijo de un ídem que si levantara la cabeza se volvería a morir de la vergüenza, ganan en una semana de no hacer nada en la tele más que yo en un año, y no voy a entrar en silogismos que considero absolutamente innecesarios. Porque lo que nos indigna es que vengan los extranjeros a quitarnos el trabajo ese que no queremos hacer porque nosotros somos mucho mejores que ellos. Porque nos roban en nuestras narices y como borregos ensimismados lamemos la mano del cacique y nos sentimos reconfortados ante la palmadita en la espalda del que nos esquila y nos cuenta esas falacias del yo no he sido. Porque consideramos que la educación de nuestros hijos es cosa de sus profesores, pobres ineptos, que lo hacen todo al revés y a los que tenemos que ir a poner la cara colorada de vez en cuando para que comprendan lo listos que somos nosotros y lo tontos que son ellos.
Porque confundimos la mediocridad con una virtud, y nos sobran abanderados de la misma haciéndose eco en programas de televisión que se gestan en un cubo de basura. Porque consideramos primordial que el vecino crea que tenemos, porque medimos a las personas por la ropa que llevan puesta, porque no escuchamos más que nuestros propios pensamientos abotargados de prejuicios y no somos capaces de hacer una reflexión crítica en primera persona. Porque consideramos que siempre es culpa de otros, y que todo lo hacemos bien mientras que el mundo se equivoca... y seguimos a nuestro rollo tan campantes. Porque estamos ciegos y sordos, pero sobre todo, mudos. Sí, susurramos en pequeñas tertulias con nuestros amigos y vecinos, para luego irnos a dormir con la conciencia tranquila porque hemos ejercido nuestro derecho a la queja. No obstante, a la hora de ir a la urna, nos da una pereza enorme y decidimos que es mejor quedarnos de brazos cruzados en el sofá. Porque opinamos del vecino que se ha atrevido a dar un paso errado y sin embargo no comprendemos que la quietud no mueve nada, sino que ejerce una fuerza gravitatoria que te atrapa en un hoyo del que no se puede salir, y del que nadie más que tú puede sacarte.
Y eso que somos la generación del cambio, los que han nacido en la democracia y han tenido opciones, finalmente, la de irse o la de quedarse, opciones al fin y al cabo. Pero ¡qué coño, si ya estamos saliendo de la crisis!, o eso dice ese tipo que sale en la tele llamando a las puertas azules para dar las gracias. A la mía no ha llamado nadie, claro que yo tuve que venirme un poco más lejos para poder comprar el pan, y hasta aquí no llega la Renfe.
Y un mediocre país merece un sistema mediocre, el sistema que utiliza como arma la propia ignorancia del pueblo. El sistema que el 4F condenó a unos "sudacas" y a una lesbiana con el pelo a cuadros para esquivar los verdaderos motivos que salpican de mierda a los ayuntamientos. Y mientras los inocentes se tiran por las ventanas, los verdugos buscan cabezas de turco para acallar las conciencias de los adoradores de Franco que hacen de la tortura un método de justicia. No creo en la justicia, me parece una mentira manipulada que, irónicamente, se pone del lado de la balanza que más convenga en cada caso. Por eso los que roban a lo grande no tienen de qué preocuparse, pues podrán pagar la fianza y aún les seguirá quedando liquidez como para vivir en esas mansiones tan inmensas que a veces un jaguar puede pasar desapercibido. Y si no, no pasa nada, siempre habrá un programa de televisión Carroña S.A. que quiera pagarles una millonada para que vayan a interpretar un papel mientras que miles de personas, sentadas ante el televisor, se tragan toda esa basura y se quejan de lo mal que está la vida.
Pero esta es sólo mi reflexión, fruto de la indignación constante que supone ver España desde fuera, arrugada, vapuleada, llena de moho y polillas, y sin embargo, tan acostumbrada al sistema que es capaz de reírse de su propia miseria.

domingo, 11 de enero de 2015

Bajo cero

Ya se ha helado el río, ya las aceras resbalan, ya se duermen las puntas de los dedos incluso debajo de los guantes de insulate. Ya se requeda la nieve, y en ella nacen caminos de las huellas de neumáticos, de las meaditas de perro,  pero aún son imperceptibles las rodadas de bici de los incautos.

Y de esta pasta que fui nacida ha resurgido otra menos trémula; las capas me van sobrando como a un nepalí en el trópico, y descubro qué es eso tan gore de la adaptación al medio. Pues sí, camaleónica forzosa, que no por ello forzada, me encuentro con que me parece de lo más normal pedalear 7 kilómetros con una sensación térmica de 28 bajo cero, y hasta sudo, habráse visto, una ex-friolera redomada. Eso sí, lo del sillín, pues repatea, porque te deja las partes bajas frescas y ciertamente un poco acobardadas. Sin embargo solamente se ha congelado el freno trasero, así que mientras pueda aprovecharé esta tregua que me brinda el delantero y seguiré robando sendas al invierno que aún no está del todo echado.

Sábado por la mañana, menos diez, cojo las llaves del coche, voy a comprar en coche aunque esté a un paso, ¡hay menos diez!... No obstante,  también bufanda, gorro y guantes, por si acaso, no vaya a ser que surjan imprevistos. Y tan imprevisto, que pongo un pie en la acera helada y recibo el sol con esos guiños involuntarios. Cambio de planes, me voy andando, hace una mañana estupenda.

sábado, 13 de diciembre de 2014

ECUSA. Parte 2: International Mentor Program (IMP)

... una persona que quería cambiar el mundo, y que pensó en lo bueno que sería tener un "hermano mayor" en esto de la ciencia. No todos tenemos la suerte de conocer a alguien que haya andado antes por nuestro camino, y tropezado en las mismas piedras, y sufrido las mismas condiciones adversas, o perseguido los mismos sueños. En cambio, el mundo es pequeño, tanto que siempre hay alguien que ha recorrido ese camino o al menos, parte de él. Y que desde el otro lado siempre puede darte aliento, y consejos, pero sobre todo, puede ayudarte a encontrar los mejores refugios, a esquivar las hierbas venenosas, a fabricar una cabaña con las hojas de los árboles y a comprender que todo esfuerzo conlleva una recompensa.
Científicos en USA y en algunas ciudades de Europa nos inscribimos como mentores en un programa piloto que emerge con la fuerza de un ciclón y se precipita sobre España y aquellas universidades españolas que han querido participar en él. Con sólo unas semanas para informar a las universidades, que éstas lo anuncien y los alumnos se enrolen, para buscar financiación, para organizar el evento de presentación a través de una conferencia internacional... en fin, para ponerlo en marcha... ¡ha funcionado! Las universidades se han mostrado encantadas con la idea, los alumnos han mostrado tanto interés que muchos se han quedado fuera por falta de mentores. Este primer año, como piloto, sólamente mentoriza a estudiantes de biomedicina, cuatro por cada mentor. Consiste en una conversación de aproximadamente una hora por skype cada 2 meses para que los estudiantes, que pueden ser de los últimos años de carrera, máster o doctorado, nos expongan sus inquietudes, sus dudas, planes, etc, y así, en la medida de lo posible, podamos ayudarles a encontrar opciones y conseguir metas. Algunos no saben qué quieren hacer aún, otros lo tienen claro pero no conocen las fuentes a las que dirigirse para pedir becas, o cómo escribir un currículum, una carta de presentación... Otros quieren saber sobre nuestra experiencia en el extranjero, otros simplemente, quieren ser escuchados y comprendidos. Se establece entonces una relación mentor-mentado que va más allá de ninguna de las relaciones preexistentes. No somos sus jefes, ni sus amigos, ni sus hermanos mayores, pero somos sus posibles "yos futuros". Es alentador volver a los primeros tiempos, cuando la ilusión podía con todo y el mundo estaba aún sin empezar. Se nutren de nuestra experiencia y nos miran con los ojos de la admiración y sobre todo, de la esperanza. Es importante que aprendan que no hay nada imposible y que aunque la causa parezca perdida, no siempre lo está, y si lo está, habrá que tejer un plan B. Es tan gratificante poder servir de fuente para esos que hoy están donde yo estuve hace diez años, que me resulta hasta raro que sea tan fácil. A mí me hubiera encantado tener una figura del mentor como ésta, completamente ajena a mí, que me hubiera enseñado todas las posibilidades que luego fui descubriendo a base de tantear muros. En la vida uno se encuentra con muchos mentores, a algunos ni si quiera los reconocemos hasta que no forman parte del pasado. Cualquiera puede ser mentor en algunos aspectos: los hermanos, los compañeros de clase, los colegas del laboratorio... pero muchas veces las relaciones afectivas influyen y complican las cosas. 
El programa IMP ha sido acogido con una ilusión sin precedentes y parece que los engranajes son bastante resistentes. En verano, si todo va bien, mentores y mentados nos conoceremos en un gran evento que tendrá lugar en España. Las universidades, además, se comprometerán a crear una beca para que uno de sus estudiantes participantes en el programa venga a USA hacer una estancia en verano. Hay incluso un premio al mejor mentor, para aquel cuyo mentado haya experimentado el mayor avance. Para mí el mejor premio es ser consciente de lo mucho que supone para una persona en el comienzo de su carrera profesional, donde todo son dudas e incertidumbre, la oportunidad de vivir diferentes futuros paralelos y elegir el que más te guste, como si de verdad fuera posible darle a deshacer y volver a escribir tu vida.
Para más info: http://www.ecusa.es/imp/


ECUSA: Parte 1

De la ilusión y las ganas de cambiar el mundo de los Españoles Científicos en USA, nace ECUSA, una asociación que se erige sobre las experiencias acumuladas de los que llegamos a esta tierra con un sueño por cumplir y que, cual cimiento, ha ido solidificando y expandiéndose hasta crear una base firme sobre la que construir los sueños de las generaciones venideras.
Con la primera sede establecida en Washington hace tan sólo un año, esta idea ya campaba tímidamente por los estates, y si embargo, siendo Boston uno de los focos más importantes de científicos españoles en USA, no ha sido hasta ahora que la gente se ha animado a aportar esa gran caja de herramientas que supone el tanto vivido.
El primer objetivo fundamental de ECUSA consiste precisamente en facilitar la integración de los que llegan con cara de susto y sacudiéndose España del abrigo. Tenderles la mano para encontrar un lugar en el que sentirse como en casa, y enseñarles a caminar por suelo americano, y compartir todo eso que en una cultura tan distinta a la nuestra es a menudo tan vital. ECUSA es una pista de aterrizaje esponjosa donde uno puede encontrar mucho más que profesionales; puede, de hecho, encontrar personas extraordinarias.
El segundo objetivo radica en la difusión, sobre todo a nivel social y divulgativo, de la investigación y el desarrollo llevado a cabo por científicos españoles. En España hay un desconocimiento generalizado de lo que es la I+D+i (Investigación, Desarrollo e innovación). La gente piensa que invertir en ciencia es un derroche del dinero público, y no señores, lo que pasa es que "sin ciencia no hay futuro". No hay mayor poder que el del conocimiento, y con él en ristre, uno puede enfrentarse a crisis y a pandemias. La ignorancia científica es un defecto muy español, muy inculcado, y que es necesario erradicar. La investigación es tan necesaria que si no fuera por ella aún seguiríamos muriendo de gripe y de apendicitis. Un país que no invierte en investigación es un país abocado al fracaso, a la pobreza, y al subdesarrollo. No hay más que hacer un repaso de las cifras de nuestros vecinos alemanes, o los suizos, o incluso los franceses, porque obviamente, con los americanos, ni si quiera podemos compararnos. La investigación no es sólo el cáncer, y no, no se puede encontrar la cura de un día para otro. Son años y vidas consagradas a estudiar, a aprender, a desafiar, a aceptar los mayores retos, a no conformarse y a levantarse una y otra vez, sabiendo que nunca se tendrán todas las respuestas. Y la pasión que nos mueve a los científicos es el mínimo logro, un avance minúsculo, una pequeña barrera que ayer nos bloqueaba el camino y hoy hemos encontrado el modo de saltarla. La ciencia no es una profesión, es un modo de vida, y por eso emigramos con las manos vacías y sabiendo que nunca vamos a ser ricos, no de bienes materiales, pero sí de la mayor riqueza que puede poseer el hombre, que es el conocimiento. Y con él, cada día, nos enfrentamos a un mundo lleno de dificultades y sin embargo, al final del día, siempre ha merecido la pena. Qué lástima que España no sea capaz de verlo, y que en la televisión nunca se vean los anuncios que se ven aquí, animando a la filantropía. Ay, los filántropos, esos que sólo se dan cuando un famoso cae en la ruleta y le diagnostican una enfermedad incurable. O ni si quiera hace falta irse tan lejos, a ver por qué Mercadona ha sido el primer supermercado en etiquetar alimentos sin gluten mostrando interés por los celíacos, que aunque puedan parecer unos pocos, son muchos y lo han sido siempre. España necesita filántropos, menos fútbol y merchandaising de a cien euros la camiseta y más concienciación de lo que es realmente importante de cara al futuro.
Es triste que los estudiantes de las carreras de ciencias que están llegando ahora a su primera meta, digan convencidos que en España no se puede investigar, y que hay que marcharse, o dedicarse a otra cosa. De ahí nace el tercer objetivo de ECUSA, que aboga por poner en contacto a las instituciones españolas y americanas y crear colaboraciones y caminos que sirvan para que esos estudiantes tengan una luz que les guíe por el largo túnel. Un túnel que une España con USA y que se ha bautizado con el nombre de International Mentor Program (Programa de mentores internacionales o programa internacional de asesoramiento). El IMP no es más que la más brillante de las ideas engendrada en una sola persona que quería cambiar el mundo, Zafira ...

Para más info: http://www.ecusa.es


domingo, 7 de diciembre de 2014

Los niños

Diego es Paula, y Paula es Diego, y los dos son María del Mar. Y en esas caritas risueñas apenas hay espacio para los hoyuelos de Juan Carlos, que aún así gobiernan sus sonrisas con esa gracia simétrica y cautivadora. Están lejos, en España, y aun así los veo crecer en esos vídeos donde Paula, a lo chica Almodóvar, me cautiva con su artisteo y su perfecta dicción del castellano. Sonríen con los ojos, inocentes, aún no tienen necesidad de sonreír sólo con los labios.
Paula tiene unos abrazos guardados que son especiales, y que sólo me da cuando voy a marcharme y a las dos nos entra la tristeza. Será porque algunas veces, aunque lo intente, no puedo evitar que note el nudo de pena que se transmite en la fuerza con que la abrazo. Luego pasa la vida y las tallas, las frases se van haciendo cada vez más complejas y el entendimiento aumenta. Se van haciendo mayores. Como Pablo, que nunca ha sido pequeño en realidad, pero que se ha hecho mayor demasiado deprisa, sobre todo para haberme perdido tanto. Ya resulta complicado adivinar su altura, que se alarga por momentos como un día lo hiciera mi hermano, que había que alimentarlo con premura y sin mesura... como ahora también Pablo devora crecimiento. Todo le está pequeño, y si no, mañana le estará. No como Enzo, que es un mico, que es sólo ojos y boca como un día lo fue su madre, reproducida en esa cara chiquita como si la hubieran copiado a propósito. En cambio Enzo es grande por dentro, y apasionado por muchas cosas que ahora también desconozco, la evolución no perdona. Enzo también tenía abrazos XL que pronto le dará vergüenza entregarme, así que mientras tanto haré por robárselos sin contemplaciones.
De todos ellos, sin duda el más pequeño es Lucas, casi desconocido, su vida aún se cuenta en días y su medida en centímetros. Una vida que se acaba de encender, lejos también, éste aún más lejos. Y esa es la vida que más se transforma mientras estamos exiliados. Crecen y moldean sus recuerdos, y olvidan porque es natural olvidar. Y en cambio en mi memoria los recuerdos parecen fosilizarse, y les congelan en esos momentos de la vida en que tenían dos o tres años, cuando las cosas eran tan distintas que ya ni si quiera se acuerdan. Me gusta contemplar en mi memoria esas viejas películas de hace tres años. Como cuando fui a ver a Víctor por primera vez y era tan pequeño que casi cabía en la palma de una mano, y ahora es el hermano mayor de Lidia y ambos han corrido tanto que ya me han dejado atrás. Aunque el más aventajado es David, porque esa una vez al año que nos vemos, este año nos la hemos saltado. Y aunque es fácil predecir sus rasgos porque no es más que un Kike en miniatura, pues al final también se difuminan atrapados en los de otro niño más pequeño.

Pero Boston no sólo quita, también regala... en Liliana trajo a Matilde, en Kinga trae algo grande que va engordando por momentos y en Teresa trae la alegría de un sobrino postizo para ir tirando. El día a día es más intenso porque se reparte entre menos gente, y así, al final es un sentimiento amplificado y extraño que igualmente acelera el paso del tiempo sin piedad por los meses arrebatados. Sigo pensando que aquí el tiempo encoge, igual que la ropa en estas lavadoras de mierda que tienen. No sé si sólo me lo parece a mí, o si son las largas jornadas de trabajo las que disfrazan los meses de semanas; pero desde luego aquí hay algo que hace que los años vuelen, a ver si no cómo es posible que se me hayan pasado estos tres años tan intensamente deprisa.

martes, 28 de octubre de 2014

28 de Octubre de 2014

Amanece mi tercer 28 de octubre en esta ciudad, hace ya algunas horas que es mi cumpleaños, muchas, en realidad, si vives en España. Las primeras felicitaciones colgaban en mi muro de Facebook hacia las 12 de la noche en este lado del mar. El primer abrazo cumpleañero y calentito lo recibí antes de irme a dormir, afortunadamente no todo es distancia. También las rosas, mis primeras rosas en plural, siempre estás en todo, llenando esos huecos... desde hace unos años vas cambiando mis nuncas por primeras veces, mis anhelos por cotidianidad, mis vacíos por plenitud infinita, y por eso me has ganado en todo y no me importa. Por la mañana me tocan el alma los ojos de chocolate, esos que me esperaban agazapados en el descansillo al abrir la puerta para ir a trabajar, y un cupcake con velita (que acabo de soplar con su respectivo deseo) ¡y un globo! y hasta una biblia envuelta en papel de colores que probablemente nunca leeré y que sin embargo me ha hecho más ilusión que un Nature. Porque Rosa también sabe a qué saben las tartas tristes, y los días señalados en que uno está lejos de casi todo. El día ha sido agridulce, a pesar de todos vuestros abrazos telemáticos, y cariño enwassapado, y pintadas en el muro de los comienzos felices. Y skype en una botella, y mensajitos enlatados, pero la distancia pesa un poco más en estos días. Será por eso que al volver a casa con la voz ya quebrada y sin ganas, me esperaban los brazos de Amanda en un paquetito tímido que se ha agrandado nada más mirarlo. Y en su interior he encontrado mis lágrimas en el fragor de los recuerdos, y he comprendido cuánto os echo de menos, cuánto cuesta mirar hacia adelante en los días señalados, y no hacia atrás donde correría el riesgo de quedar atrapada en los ratos felices. Y sobre todo he comprendido cuánto se revalorizan los amigos con los años, cuánto más vales ahora y cómo eres capaz de tocarme el corazón a cinco mil kilómetros de distancia con un solo gesto. Esas cosas que sólo consigue el amor, y que a mí me han venido regaladas por correo. Te quiero es poco, porque lo que pasa es que te necesitaba y ahí estuviste.
Pero entonces llegaron los que ahora son mi familia, los de aquí, y me acompañaron un martes cualquiera, que hacía frío, que no apetecía la bici ni el metro. Me acompañaron porque es lo que hacen los amigos, y me demostraron lo importante que es sentirse querido, arropado, olvidar que durante un momento me había parecido un día triste, olvidar que los cumpleaños son ahora esos días durillos que uno pasa haciéndose el fuerte. Y son en cambio días felices de compartir risas y unas cervezas, de hacernos más cercanos, más nuestros... más amigos. 
Hoy siento que en todos estos años, si de verdad he hecho algo bien, ha sido manteneros a todos a mi lado, haber merecido que hoy os hayáis acordado de mí aunque sea por un segundo. Suerte tener todo eso que sabe tan bien, tan a lo de siempre, tan necesario, con la capacidad de crecer en mi interior y agrandarse a medida que van pasando los años, y que va incluyendo también esas caras nuevas que también cuelgan sonrisas, y que son tan necesarias para que cada día sea el primer día del resto de mi vida.