lunes, 4 de febrero de 2013

Challenge 1: Tengo las neuronas interconectadas con mi culo

"Tengo las neuronas interconectadas con  mi culo". . . eso debió de pensar Bárcenas cuando abrió el País para encontrar su propia letra escaneada a todo color desgranando con pelos y señales, o más bien con nombres e iniciales, toda la negrura espesa de los ya famosos sobres. En fin, gracias a esa población neuronal escasa de la gentuza que gobierna ese nuestro país, podemos ratificar que, efectivamente, nos lidera una panda de ladrones pijos y desalmados que son capaces de sacar la tijera cuando se trata de pensiones, educación, sanidad pública, investigación o empleo, pero nunca cuando se trata de echarse al bolsillo un dinero que no se han ganado ni lo harán nunca honradamente. Ah sí, la honradez, ese término que en los colegios privados no se estudia, total, para qué, si tener conciencia es de pobres. Si nunca vas a tener que ganarte el pan, nunca vas a necesitar matarte a estudiar, ni escribir un currículo, ni aprender un oficio, ni saber diferenciar la lejía del amoniaco, ¿qué más da el color del dinero con el que pagas tu Mercedes? Eso sí, no vengas a dar lecciones de moral, ni a reírte de los padres de familia que hacen cola desde las siete de la mañana en la puerta del INEM, no vengas a insultarnos con tu política de patio de colegio, que consiste más en el "yo no he sido" y en el "es que el otro lo hace más" que en el propósito de erradicar esta crisis sobre la que cabalgamos, o más bien, nos cabalga, desde hace ya más de cinco años.
Todo este escándalo, visto desde USA, parece sacado de una peli de Al Capone, sólo que con menos elegancia. Desde luego ese guiño de ojo de principiante que se gasta el pelele para mentir abiertamente a la nación, no tiene desperdicio. Así como tampoco pasa desapercibido que mientras apartan el pan de las bocas de muchas familias, ellos se gastan miles de euros en confeti para una fiesta. ¿En serio? ¿en confeti? confeti me hacía yo con las entrañas de más de uno, que aquí lo que sobran son ponedores de manos. Hay que joderse los derechos que tienen estos de la gaviota, ¿qué más hace falta para que dejen de votarlos? Bueno claro, que insisto en que la sensatez, así como la honradez, no se estudian por lo privado. Si esto fuera una novela, el argumento me parecería malo a rabiar, ni si quiera de panfletillo, pero por desgracia, es la realidad en la que vivimos, o mejor dicho, en la que vivís, porque por mucho que me indigne, yo no dependo de España más que moral y sentimentalmente. Aun así, me parece demencial que Hacienda deje tiritando la cuenta de un pobre chico que se compró un piso con la persona equivocada, que sus doce horas diarias trabajadas vayan íntegras a formar parte de las arcas del estado, y que en cambio una rubia mechada de bote de Pozuelo tenga las santas narices de decir que el mejor momento del día es cuando ve cómo visten a sus hijos. En estos momentos es cuando uno echa en falta, no sé, una licencia de armas, como bien diría una tuitera rojilla bastante famosa.
Desde Boston, haciendo repaso de la situación tristísima que vive España, una madrileña indignada.

P.D. Para Beación Grifis-Salander. . . 

viernes, 1 de febrero de 2013

Bostoning

Brainstorm: propongo que me escribáis una frase y prometo hacer un post que comience con ella... Challenge acepted!

lunes, 28 de enero de 2013

Corazón helado


Varada en el gélido río Charles, anhelando esos días de cálido verano que aún tardarán en volver, la barquita se yergue orgullosa sobre el embarcadero solitario; avista escarcha a babor y estribor, pero no por eso fenece, aguanta paciente, abandonada, casi estoica ante el crujir insistente del carámbano que la soporta. ¿Cómo es el invierno en Boston? Laaaaaaarrgoooo, extremadamente completo en inclemencias, persistente en vientos fríos, húmedo por fuera y seco por dentro, gélido. . . precioso. ¿Temperaturas? Muy negativas. . . abre la puerta del congelador, mete la cabeza dentro, aguarda unos cinco minutos. . . ¿ya has dejado de sentir las orejas? pues ahí tienes el clima de Boston. Eso sí, soleado hasta el extremo en que es capaz de pintarse como una postal veraniega sobre un río helado. Hay que verlo para creerlo, un río navegable, más ancho que el Guadalquivir, congelado de cabo a rabo durante días. La media de la semana pasada, 15 grados bajo cero. Y piensas, ¡la hostia, qué frío! bueno, pschá, sí que hace frío, pero llega un momento cuando pasas la barrera de los -7 grados centígrados en que hace un frío que pela y punto. Un frío que te congela los globos oculares, el líquido sinovial y hasta la sangre dentro de las venas. Te vuelves espeso y torpe, como si te faltara un hervor, y es complicado pensar o hacer cualquier tipo de movimiento coordinado un poco complejo. Aun así, aquí la gente hace una vida completamente normal (sí mama, completamente normal), y hasta hay pirados que van en bici.
Y a pesar de lo horrible que pueda parecer, el invierno en Boston tiene mucho encanto, por no mencionar lo que rejuveneces, que tienes la piel más tersa que un tambor recién afinao. Y desde luego, ese sentimiento de guisante en una bolsa del congelador tiene su lado bueno, un espectáculo como estas olas congeladas en movimiento, atrapadas en el tiempo, deteniendo el mundo y las prisas por unos días, no puede comprarse en una agencia de viajes. Me quedo con el frío, con la nieve, con el hielo, con el viento, me quedo pajarito, digo, esperando la primavera con el corazón helado.

domingo, 20 de enero de 2013

Lo que no quiero

No es que no quiera, amigo, tu admiración, no es que no quiera, amigo, ese brillo en tu mirada cuando hablamos del aquí. . . es que quiero que comprendas que el aquí no es allí, y que el allí, muchas veces, es lo que más me ha gustado. Que el allí es donde podrías pero no, y el aquí es donde haces porque puedes. Que el allí es donde lloras por la falta de "podrés", y el aquí es donde lloras porque no llegas a todo lo que podrías. No es que no quiera, amigo, tu esfuerzo por entender, ni la envidia en tus palabras cuando hablamos del dinero en el papel. No es que no quiera, amigo, comprenderte, lo que no quiero es condescender. Lo que no quiero, amigo, es creer que vivimos en un mundo paralelo donde aquí y allí son la misma cosa pero en distintas opciones. Lo que no quiero es tener una opción en este mundo paralelo y no en aquél. Lo que no quiero, amigo, es haber conquistado una tierra fértil donde nada puede sembrarse sin que brote, y que tú te hayas quedado en la tierra estéril esperando ver brotar un arco iris. Lo que no quiero, amigo, es que olvides que la mente es muy capaz de disociarse, de sentir en sintonía un pasado y dos presentes. Lo que no quiero, amigo, es que solamente en uno de los presentes estés tú, y que en el otro presente no haya más que interferencias, fotos viejas, tarjetas de embarque y muchas letras. Lo que no quiero, amigo, es que me olvides, porque entonces caeré en el limbo que aguarda entre los dos mundos, ni de aquí, ni de allí, ni de antes ni de luego, sólo ahora cayendo al vacío por un agujero infinito.

miércoles, 2 de enero de 2013

Una Navidad diferente

Para Navidades. . . ¡las del 2012! Esta será la frase estrella del recuerdo, cuando hablemos en pasado de las que han sido las mejores Navidades de mi vida. Tiene gracia que sea en tierra extranjera donde he sentido a mi familia más cerca que nunca, o será porque aquí somos otras personas, las mismas pero sin traje, sin cascarón o sin cascarilla, según el caso. Sólo hace dos días que os sentabais en este sofá, sin rendiros al jet lag por miedo a perderos algo bueno, y vaya si ha sido bueno.
De las películas saqué la idea de que en Nueva York la Navidad es mucho más Navidad. Bueno, digamos que en cuanto a decoración no hay lugar a dudas, sin desdeñar a mi querida Cortylandia, claro. . . Nueva York es más a lo grande, gigante si vas a ver: Bolas de Navidad de más de dos metros de diámetro, todos los árboles con collares de leds que alumbran la noche con sus cuentas blancas, canciones aquí y allá, gente, mucha gente. . . escaparates infinitos contando historias navideñas, la pista de hielo del Rockefeller Center, la de Central Park. . . y consumo, muuuucho consumo. No obstante, los celsius bajo cero que nos recibieron no podrían haberse abrigado mejor que con el calor de mi familia. Me quedo con la cara de mis padres, con haber sido pionera en pintarles el asombro a pesar de todo lo que han vivido. Es que América es mucha América, y por mucho que uno se imagine por los filmes, cuando se toca, quema.
Hacía muchos años que no estábamos todos juntos en Nochebuena, desde que vivía el abuelo, más de una década, y aunque no ha habido lombarda ni cordero, ¡qué ricos los scallops! Cuánto he disfrutado de teneros aquí, del jaleo, de las risas, de las comilonas, ¡¡¡¡del cocido de mi madre!!!!, del cansancio... cuánto os echo ya de menos.
Para Nochevieja ya erais hogar en esa España, yo me quedé en el año pasado viendo a Imanol y a Anne y sonándome la pena. Lo bueno, que tuve dos Felizañonuevo, y por supuesto, ¡las uvas! Ha sido raro no estar en España cuando el 2013 llegó, ha sido raro esperar seis horas para estar de nuevo en el presente, pero ha sido genial. Las White Mountains son un lugar maravilloso donde la nieve lo blanquea todo, y ese pueblecito de tejados bajos resbalando témpanos nos recibió con un sol espléndido y sólo ocho grados bajo cero. Por primera vez en mi vida me subí a unos esquís, qué sensación más fantástica, es como volar, solo que en vez de aterrizar te hostias. Kinga ha sido una profesora estupenda, el intercambio de clases de esquí por lecciones de español ha sido muy productivo, a ella le parece estupenda la palabra "obrar", para más información, consulten el diccionario, y a mí me parece maravilloso bajar surcando la nieve a toda velocidad.

Y para terminar con lecciones de cultura española a tutiplén, no podían faltar las uvas. En USA la gente no hace gran cosa por Nochevieja, algunos incluso reciben el año en el quinto sueño. Si es que no se saben divertir. . . Un tímido Happy New Year es todo lo que salió de la boca de unos que estaban a nuestro lado jugando al monopoly. Y tan panchos, siguieron comprando casas y recorriendo el tablero como si tal cosa. A dos metros, en nuestra mesa, Kinga y Bob absorbían cultura española a borbotones; una polaca y un británico luchando mano a mano por robarle suerte al 2013, al son de las campanadas de la Puerta de Sol, porque no podía ser de otra manera. Para eso está esa maravillosa red que llamamos Internet. Uvas transgénicas sin pepitas, gigantonas como todo en USA, no pude comerme más que cuatro en el tiempo que duraron las campanadas, no podía perder la ocasión de inmortalizar este momento. Además, la suerte está ahí siempre, sólo hay que saber reconocerla y luchar por ella, por eso si te quedas sentado esperando que el año nuevo te traiga algo diferente, estás equivocado. . . Piensa en lo que quieres hacer, en lo que te haría feliz, ¿ya lo tienes? Pues ahora levántate y hazlo. Feliz 2013 a todos.

P.D. Qué suerte los que aún esperáis a los Reyes Magos, aquí la Navidad ya se ha acabado :-(


domingo, 16 de diciembre de 2012

La familia en Boston

La familia de verdad, esa con la que comparto genes, grupo sanguíneo, experiencias, chascarrillos, algunos rasgos y toda una vida en pasado, vamos, los de Humanes, por fin se han subido a un avión para asomarse a ver qué hay a este lado de los 5000 km de agua salada que nos separan, allá donde hace ya más de un año que se escriben mis días en tinta nueva made in USA. Nervios, carreras, risita contagiosa. . . ¡no puedo aguantar el regocijo que me invade! Encima llueve, ese calabobos medio nieve que no te obliga a paraguas y entonces te confías y te calas. Corre que te corre al metro, ¿el aeropuerto está cada vez más lejos o me lo parece a mí? Al fin veo la terminal E, se alza sobre sus pequeños tacones revelando un tamaño miniaturil para lo que son las cosas en América. Y me encuentro de nuevo entre la gente, expectante ante esas puertas que se abren y se cierran, que traen caras nuevas detrás de cada cerro de maletas, sonrisas, abrazos, achuchones, comienzos de fechas navideñas. . .
Dani me pregunta - ¿vas a llorar?- y yo lo niego, a pesar de que lo sé mucho antes de que ocurra, sí, esto y la mala leche son impronta paterna, qué se le va a  hacer, auténtica que es una. Pero nada puedo anticipar de lo que siento cuando encuentro la sonrisa de Ángel entre el batir de las puertas; saltitos, palmoteo, bailecito. . . y luego mi madre, y Víctor, y mi padre, y Luli. . . ya no puedo más, si ya llevo las lágrimas por la barbilla y ni si quiera me he dado cuenta, hay que joderse. Ya es Navidad, ahora sí, no cuando puse el árbol ni cuando colgué las bolas en él. No cuando salgo a la calle y veo todas las casas del barrio con sus luces, ni si quiera cuando me cruzo con todos esos papás noeles del palo con sus gorritos rojos borlados. Sólo ahora, cuando siento que he traspasado la pantalla del ordenador y que puedo tocarles, olerles, respirarles. . .  sólo ahora la distancia se ha hecho menor o igual a cero en este mundo y en el otro. Además traen pedacitos de mi gente en la maleta, besos por encargo, abrigo y calor.
Boston les recibe un poco soberbia aunque templada, tirándoles algo de lluvia pero sin pasarse con el frío, temporal regularcito. Cuántas ganas de mostrarles todo, de que absorban la ciudad, la cultura, las diferencias. . .  primera parada: el súper, indispensable un paseo por esos pasillos llenos de galletas y salsas de todo tipo, creo que es la primera vez que la comida toca las paredes de mi nevera gigante. . .¡¡Lo siguiente serán tuppers llenos de sobras!!! Madre no hay más que una. La casa se llena de maletas y zapatos, se llena del sentimiento que he tenido durante muchos años en la casa de la plaza del Azulejo, donde compartí tantos momentos con todos ellos. No es que lo hubiera olvidado, pero no me había percatado de cuánto lo echaba de menos. Contra todo pronóstico, en lugar del agobio probable de tener la casa llena de gente, huelo a recuerdos, entiendo a las abuelas que ponen un millón de fotos en la vitrina, que esperan los domingos con la mesa puesta y el aperitivo calentito, estamos todos ¿para qué más? Miro por la mirilla de los doce meses que han pasado, cuando no sabía dónde iba a cenar en Nochebuena ni con quién, cuando ese salón donde hoy duermen tres corazones con jet-lag se encontraba habitado únicamente por dos sillas y una mesa. Resulta increíble cuánto puede amplificarse la felicidad bien administrada.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Acción de Gracias 2.0

Grazie, 謝謝takket være, merci, tack vare, thank you... Gracias a la vida, que me ha dado tanto... la capacidad de discernir, de elegir, de valorar, de apreciar, de aprender, de tropezar, de caer, de levantarme, de luchar, de superar, de superarme, ¡de vivir! Y nunca más cierto que hoy, de vivir la vida que yo he elegido. En este segundo Acción de Gracias en Boston, un año después, sobre la mesa se reencuentran básicamente los de siempre: el pavo -un señor pavo, que parece un crío chico-, el relleno, el pecan pie, sweet potatoes, smashed potatoes, verduras al horno, gravy casero, pumpkin pie, salsa de arándanos... Son los habitantes de la mesa los que este año han variado. Un año atrás disfruté del más americano de los thanksgivings en casa de mi jefe, recién llegada a Boston y sin saber muy bien lo que iba a encontrarme, resultó ser una cena inolvidable. Esta vez, los americanos dejan espacio a una noruega, dos suecas, una italiana, un belga, un chino-americano, un cordobés y dos madrileñas. Leland se viste de gala con el mantel verde, el que hace juego con el delantal, y al que apenas se le notan ya las manchas de otras batallas. Es raro Leland sin Alis, es raro Leland con Rosa, es raro Leland con Marte y sin Manu, pero me gusta lo raro, y éste significa evolución. 
Lo mejor de cocinar para tantos, y durante tanto tiempo, es el "mientras", ese durante en el que, copa de vino en mano, arreglamos el mundo, las relaciones, el pasado, el presente y el futuro. Lástima que no podamos arreglar también España, aunque siempre flota en las conversaciones, de aquella manera. Luego los comensales van llegando, cuelgan el frío en la entrada y sacuden la timidez de sus botas. La mayoría no nos conocemos, siempre es un reto. Por eso cuando entras en Leland, el detector de vergüenza/pereza te arranca de cuajo la poca que traigas, así quedas libre para entablar las conversaciones más inverosímiles; la de esta vez, ¡un app que mide el grado de felicidad de cada persona! verdad verdadera. 
Desde que estoy en Boston he pasado muchas horas en soledad, pensando en lo que quiero ser, en cómo quiero vivir. Pero muy pocas veces -o no las suficientes- te paras a pensar en lo afortunados que somos por el hecho de poder elegir siquiera. Es como un sueño, mientras ahí fuera la gente se queda sin trabajo, familias con niños son desahuciadas, la hipocresía crece, los sueldos decrecen... muerde el sentimiento de ser un privilegiado. Y al final de cada día, pese a todo, pese a la distancia, a las ausencias, a las doce horas de trabajo diarias, a los festivos trabajados, a todo lo que uno se pierde por haber elegido este camino, doy gracias por haber tenido un camino que elegir, por no haberme conformado con lo fácil, por haber tenido opciones y la fuerza para luchar por ellas. Y por supuesto, por haber tenido la gran suerte de encontrar tantas cosas buenas en Boston, no sólo un proyecto alucinante en el que trabajar no supone tanto un deber como un querer, sino gente que hace que mi vida aquí sea maravillosa; compañeros de trabajo habitantes del mundo que me llevan a sus pequeños guetos como invitada de honor (un hot pot capitaneado por Jingfa no tiene precio). Esos amigos que me abren las puertas de su casa en el futuro, en su tierra, donde todos al final acabaremos volviendo, con todas estas experiencias en el bolsillo, con todas esas sonrisas en el recuerdo, con fotos benettonianas mosaico de rubios y morenos siempre cambiando, con todo este agradecimiento por bandera... Gracias a la vida que me ha asignado estas coordenadas donde tiempo y espacio vienen a fusionarse destilando felicidad.