Y a pesar de lo horrible que pueda parecer, el invierno en Boston tiene mucho encanto, por no mencionar lo que rejuveneces, que tienes la piel más tersa que un tambor recién afinao. Y desde luego, ese sentimiento de guisante en una bolsa del congelador tiene su lado bueno, un espectáculo como estas olas congeladas en movimiento, atrapadas en el tiempo, deteniendo el mundo y las prisas por unos días, no puede comprarse en una agencia de viajes. Me quedo con el frío, con la nieve, con el hielo, con el viento, me quedo pajarito, digo, esperando la primavera con el corazón helado.
lunes, 28 de enero de 2013
Corazón helado
Y a pesar de lo horrible que pueda parecer, el invierno en Boston tiene mucho encanto, por no mencionar lo que rejuveneces, que tienes la piel más tersa que un tambor recién afinao. Y desde luego, ese sentimiento de guisante en una bolsa del congelador tiene su lado bueno, un espectáculo como estas olas congeladas en movimiento, atrapadas en el tiempo, deteniendo el mundo y las prisas por unos días, no puede comprarse en una agencia de viajes. Me quedo con el frío, con la nieve, con el hielo, con el viento, me quedo pajarito, digo, esperando la primavera con el corazón helado.
domingo, 20 de enero de 2013
Lo que no quiero
No es que no quiera, amigo, tu admiración, no es que no quiera, amigo, ese brillo en tu mirada cuando hablamos del aquí. . . es que quiero que comprendas que el aquí no es allí, y que el allí, muchas veces, es lo que más me ha gustado. Que el allí es donde podrías pero no, y el aquí es donde haces porque puedes. Que el allí es donde lloras por la falta de "podrés", y el aquí es donde lloras porque no llegas a todo lo que podrías. No es que no quiera, amigo, tu esfuerzo por entender, ni la envidia en tus palabras cuando hablamos del dinero en el papel. No es que no quiera, amigo, comprenderte, lo que no quiero es condescender. Lo que no quiero, amigo, es creer que vivimos en un mundo paralelo donde aquí y allí son la misma cosa pero en distintas opciones. Lo que no quiero es tener una opción en este mundo paralelo y no en aquél. Lo que no quiero, amigo, es haber conquistado una tierra fértil donde nada puede sembrarse sin que brote, y que tú te hayas quedado en la tierra estéril esperando ver brotar un arco iris. Lo que no quiero, amigo, es que olvides que la mente es muy capaz de disociarse, de sentir en sintonía un pasado y dos presentes. Lo que no quiero, amigo, es que solamente en uno de los presentes estés tú, y que en el otro presente no haya más que interferencias, fotos viejas, tarjetas de embarque y muchas letras. Lo que no quiero, amigo, es que me olvides, porque entonces caeré en el limbo que aguarda entre los dos mundos, ni de aquí, ni de allí, ni de antes ni de luego, sólo ahora cayendo al vacío por un agujero infinito.
miércoles, 2 de enero de 2013
Una Navidad diferente
Para Navidades. . . ¡las del 2012! Esta será la frase estrella del recuerdo, cuando hablemos en pasado de las que han sido las mejores Navidades de mi vida. Tiene gracia que sea en tierra extranjera donde he sentido a mi familia más cerca que nunca, o será porque aquí somos otras personas, las mismas pero sin traje, sin cascarón o sin cascarilla, según el caso. Sólo hace dos días que os sentabais en este sofá, sin rendiros al jet lag por miedo a perderos algo bueno, y vaya si ha sido bueno.
De las películas saqué la idea de que en Nueva York la Navidad es mucho más Navidad. Bueno, digamos que en cuanto a decoración no hay lugar a dudas, sin desdeñar a mi querida Cortylandia, claro. . . Nueva York es más a lo grande, gigante si vas a ver: Bolas de Navidad de más de dos metros de diámetro, todos los árboles con collares de leds que alumbran la noche con sus cuentas blancas, canciones aquí y allá, gente, mucha gente. . . escaparates infinitos contando historias navideñas, la pista de hielo del Rockefeller Center, la de Central Park. . . y consumo, muuuucho consumo. No obstante, los celsius bajo cero que nos recibieron no podrían haberse abrigado mejor que con el calor de mi familia. Me quedo con la cara de mis padres, con haber sido pionera en pintarles el asombro a pesar de todo lo que han vivido. Es que América es mucha América, y por mucho que uno se imagine por los filmes, cuando se toca, quema.
Hacía muchos años que no estábamos todos juntos en Nochebuena, desde que vivía el abuelo, más de una década, y aunque no ha habido lombarda ni cordero, ¡qué ricos los scallops! Cuánto he disfrutado de teneros aquí, del jaleo, de las risas, de las comilonas, ¡¡¡¡del cocido de mi madre!!!!, del cansancio... cuánto os echo ya de menos.
Para Nochevieja ya erais hogar en esa España, yo me quedé en el año pasado viendo a Imanol y a Anne y sonándome la pena. Lo bueno, que tuve dos Felizañonuevo, y por supuesto, ¡las uvas! Ha sido raro no estar en España cuando el 2013 llegó, ha sido raro esperar seis horas para estar de nuevo en el presente, pero ha sido genial. Las White Mountains son un lugar maravilloso donde la nieve lo blanquea todo, y ese pueblecito de tejados bajos resbalando témpanos nos recibió con un sol espléndido y sólo ocho grados bajo cero. Por primera vez en mi vida me subí a unos esquís, qué sensación más fantástica, es como volar, solo que en vez de aterrizar te hostias. Kinga ha sido una profesora estupenda, el intercambio de clases de esquí por lecciones de español ha sido muy productivo, a ella le parece estupenda la palabra "obrar", para más información, consulten el diccionario, y a mí me parece maravilloso bajar surcando la nieve a toda velocidad.
Y para terminar con lecciones de cultura española a tutiplén, no podían faltar las uvas. En USA la gente no hace gran cosa por Nochevieja, algunos incluso reciben el año en el quinto sueño. Si es que no se saben divertir. . . Un tímido Happy New Year es todo lo que salió de la boca de unos que estaban a nuestro lado jugando al monopoly. Y tan panchos, siguieron comprando casas y recorriendo el tablero como si tal cosa. A dos metros, en nuestra mesa, Kinga y Bob absorbían cultura española a borbotones; una polaca y un británico luchando mano a mano por robarle suerte al 2013, al son de las campanadas de la Puerta de Sol, porque no podía ser de otra manera. Para eso está esa maravillosa red que llamamos Internet. Uvas transgénicas sin pepitas, gigantonas como todo en USA, no pude comerme más que cuatro en el tiempo que duraron las campanadas, no podía perder la ocasión de inmortalizar este momento. Además, la suerte está ahí siempre, sólo hay que saber reconocerla y luchar por ella, por eso si te quedas sentado esperando que el año nuevo te traiga algo diferente, estás equivocado. . . Piensa en lo que quieres hacer, en lo que te haría feliz, ¿ya lo tienes? Pues ahora levántate y hazlo. Feliz 2013 a todos.
P.D. Qué suerte los que aún esperáis a los Reyes Magos, aquí la Navidad ya se ha acabado :-(
De las películas saqué la idea de que en Nueva York la Navidad es mucho más Navidad. Bueno, digamos que en cuanto a decoración no hay lugar a dudas, sin desdeñar a mi querida Cortylandia, claro. . . Nueva York es más a lo grande, gigante si vas a ver: Bolas de Navidad de más de dos metros de diámetro, todos los árboles con collares de leds que alumbran la noche con sus cuentas blancas, canciones aquí y allá, gente, mucha gente. . . escaparates infinitos contando historias navideñas, la pista de hielo del Rockefeller Center, la de Central Park. . . y consumo, muuuucho consumo. No obstante, los celsius bajo cero que nos recibieron no podrían haberse abrigado mejor que con el calor de mi familia. Me quedo con la cara de mis padres, con haber sido pionera en pintarles el asombro a pesar de todo lo que han vivido. Es que América es mucha América, y por mucho que uno se imagine por los filmes, cuando se toca, quema.
Hacía muchos años que no estábamos todos juntos en Nochebuena, desde que vivía el abuelo, más de una década, y aunque no ha habido lombarda ni cordero, ¡qué ricos los scallops! Cuánto he disfrutado de teneros aquí, del jaleo, de las risas, de las comilonas, ¡¡¡¡del cocido de mi madre!!!!, del cansancio... cuánto os echo ya de menos.
Para Nochevieja ya erais hogar en esa España, yo me quedé en el año pasado viendo a Imanol y a Anne y sonándome la pena. Lo bueno, que tuve dos Felizañonuevo, y por supuesto, ¡las uvas! Ha sido raro no estar en España cuando el 2013 llegó, ha sido raro esperar seis horas para estar de nuevo en el presente, pero ha sido genial. Las White Mountains son un lugar maravilloso donde la nieve lo blanquea todo, y ese pueblecito de tejados bajos resbalando témpanos nos recibió con un sol espléndido y sólo ocho grados bajo cero. Por primera vez en mi vida me subí a unos esquís, qué sensación más fantástica, es como volar, solo que en vez de aterrizar te hostias. Kinga ha sido una profesora estupenda, el intercambio de clases de esquí por lecciones de español ha sido muy productivo, a ella le parece estupenda la palabra "obrar", para más información, consulten el diccionario, y a mí me parece maravilloso bajar surcando la nieve a toda velocidad.
P.D. Qué suerte los que aún esperáis a los Reyes Magos, aquí la Navidad ya se ha acabado :-(
domingo, 16 de diciembre de 2012
La familia en Boston
La familia de verdad, esa con la que comparto genes, grupo sanguíneo, experiencias, chascarrillos, algunos rasgos y toda una vida en pasado, vamos, los de Humanes, por fin se han subido a un avión para asomarse a ver qué hay a este lado de los 5000 km de agua salada que nos separan, allá donde hace ya más de un año que se escriben mis días en tinta nueva made in USA. Nervios, carreras, risita contagiosa. . . ¡no puedo aguantar el regocijo que me invade! Encima llueve, ese calabobos medio nieve que no te obliga a paraguas y entonces te confías y te calas. Corre que te corre al metro, ¿el aeropuerto está cada vez más lejos o me lo parece a mí? Al fin veo la terminal E, se alza sobre sus pequeños tacones revelando un tamaño miniaturil para lo que son las cosas en América. Y me encuentro de nuevo entre la gente, expectante ante esas puertas que se abren y se cierran, que traen caras nuevas detrás de cada cerro de maletas, sonrisas, abrazos, achuchones, comienzos de fechas navideñas. . .
Dani me pregunta - ¿vas a llorar?- y yo lo niego, a pesar de que lo sé mucho antes de que ocurra, sí, esto y la mala leche son impronta paterna, qué se le va a hacer, auténtica que es una. Pero nada puedo anticipar de lo que siento cuando encuentro la sonrisa de Ángel entre el batir de las puertas; saltitos, palmoteo, bailecito. . . y luego mi madre, y Víctor, y mi padre, y Luli. . . ya no puedo más, si ya llevo las lágrimas por la barbilla y ni si quiera me he dado cuenta, hay que joderse. Ya es Navidad, ahora sí, no cuando puse el árbol ni cuando colgué las bolas en él. No cuando salgo a la calle y veo todas las casas del barrio con sus luces, ni si quiera cuando me cruzo con todos esos papás noeles del palo con sus gorritos rojos borlados. Sólo ahora, cuando siento que he traspasado la pantalla del ordenador y que puedo tocarles, olerles, respirarles. . . sólo ahora la distancia se ha hecho menor o igual a cero en este mundo y en el otro. Además traen pedacitos de mi gente en la maleta, besos por encargo, abrigo y calor.
Boston les recibe un poco soberbia aunque templada, tirándoles algo de lluvia pero sin pasarse con el frío, temporal regularcito. Cuántas ganas de mostrarles todo, de que absorban la ciudad, la cultura, las diferencias. . . primera parada: el súper, indispensable un paseo por esos pasillos llenos de galletas y salsas de todo tipo, creo que es la primera vez que la comida toca las paredes de mi nevera gigante. . .¡¡Lo siguiente serán tuppers llenos de sobras!!! Madre no hay más que una. La casa se llena de maletas y zapatos, se llena del sentimiento que he tenido durante muchos años en la casa de la plaza del Azulejo, donde compartí tantos momentos con todos ellos. No es que lo hubiera olvidado, pero no me había percatado de cuánto lo echaba de menos. Contra todo pronóstico, en lugar del agobio probable de tener la casa llena de gente, huelo a recuerdos, entiendo a las abuelas que ponen un millón de fotos en la vitrina, que esperan los domingos con la mesa puesta y el aperitivo calentito, estamos todos ¿para qué más? Miro por la mirilla de los doce meses que han pasado, cuando no sabía dónde iba a cenar en Nochebuena ni con quién, cuando ese salón donde hoy duermen tres corazones con jet-lag se encontraba habitado únicamente por dos sillas y una mesa. Resulta increíble cuánto puede amplificarse la felicidad bien administrada.
Dani me pregunta - ¿vas a llorar?- y yo lo niego, a pesar de que lo sé mucho antes de que ocurra, sí, esto y la mala leche son impronta paterna, qué se le va a hacer, auténtica que es una. Pero nada puedo anticipar de lo que siento cuando encuentro la sonrisa de Ángel entre el batir de las puertas; saltitos, palmoteo, bailecito. . . y luego mi madre, y Víctor, y mi padre, y Luli. . . ya no puedo más, si ya llevo las lágrimas por la barbilla y ni si quiera me he dado cuenta, hay que joderse. Ya es Navidad, ahora sí, no cuando puse el árbol ni cuando colgué las bolas en él. No cuando salgo a la calle y veo todas las casas del barrio con sus luces, ni si quiera cuando me cruzo con todos esos papás noeles del palo con sus gorritos rojos borlados. Sólo ahora, cuando siento que he traspasado la pantalla del ordenador y que puedo tocarles, olerles, respirarles. . . sólo ahora la distancia se ha hecho menor o igual a cero en este mundo y en el otro. Además traen pedacitos de mi gente en la maleta, besos por encargo, abrigo y calor.
Boston les recibe un poco soberbia aunque templada, tirándoles algo de lluvia pero sin pasarse con el frío, temporal regularcito. Cuántas ganas de mostrarles todo, de que absorban la ciudad, la cultura, las diferencias. . . primera parada: el súper, indispensable un paseo por esos pasillos llenos de galletas y salsas de todo tipo, creo que es la primera vez que la comida toca las paredes de mi nevera gigante. . .¡¡Lo siguiente serán tuppers llenos de sobras!!! Madre no hay más que una. La casa se llena de maletas y zapatos, se llena del sentimiento que he tenido durante muchos años en la casa de la plaza del Azulejo, donde compartí tantos momentos con todos ellos. No es que lo hubiera olvidado, pero no me había percatado de cuánto lo echaba de menos. Contra todo pronóstico, en lugar del agobio probable de tener la casa llena de gente, huelo a recuerdos, entiendo a las abuelas que ponen un millón de fotos en la vitrina, que esperan los domingos con la mesa puesta y el aperitivo calentito, estamos todos ¿para qué más? Miro por la mirilla de los doce meses que han pasado, cuando no sabía dónde iba a cenar en Nochebuena ni con quién, cuando ese salón donde hoy duermen tres corazones con jet-lag se encontraba habitado únicamente por dos sillas y una mesa. Resulta increíble cuánto puede amplificarse la felicidad bien administrada.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Acción de Gracias 2.0
Grazie, 謝謝, takket være, merci, tack vare, thank you... Gracias a la vida, que me ha dado tanto... la capacidad de discernir, de elegir, de valorar, de apreciar, de aprender, de tropezar, de caer, de levantarme, de luchar, de superar, de superarme, ¡de vivir! Y nunca más cierto que hoy, de vivir la vida que yo he elegido. En este segundo Acción de Gracias en Boston, un año después, sobre la mesa se reencuentran básicamente los de siempre: el pavo -un señor pavo, que parece un crío chico-, el relleno, el pecan pie, sweet potatoes, smashed potatoes, verduras al horno, gravy casero, pumpkin pie, salsa de arándanos... Son los habitantes de la mesa los que este año han variado. Un año atrás disfruté del más americano de los thanksgivings en casa de mi jefe, recién llegada a Boston y sin saber muy bien lo que iba a encontrarme, resultó ser una cena inolvidable. Esta vez, los americanos dejan espacio a una noruega, dos suecas, una italiana, un belga, un chino-americano, un cordobés y dos madrileñas. Leland se viste de gala con el mantel verde, el que hace juego con el delantal, y al que apenas se le notan ya las manchas de otras batallas. Es raro Leland sin Alis, es raro Leland con Rosa, es raro Leland con Marte y sin Manu, pero me gusta lo raro, y éste significa evolución.
Lo mejor de cocinar para tantos, y durante tanto tiempo, es el "mientras", ese durante en el que, copa de vino en mano, arreglamos el mundo, las relaciones, el pasado, el presente y el futuro. Lástima que no podamos arreglar también España, aunque siempre flota en las conversaciones, de aquella manera. Luego los comensales van llegando, cuelgan el frío en la entrada y sacuden la timidez de sus botas. La mayoría no nos conocemos, siempre es un reto. Por eso cuando entras en Leland, el detector de vergüenza/pereza te arranca de cuajo la poca que traigas, así quedas libre para entablar las conversaciones más inverosímiles; la de esta vez, ¡un app que mide el grado de felicidad de cada persona! verdad verdadera.
Desde que estoy en Boston he pasado muchas horas en soledad, pensando en lo que quiero ser, en cómo quiero vivir. Pero muy pocas veces -o no las suficientes- te paras a pensar en lo afortunados que somos por el hecho de poder elegir siquiera. Es como un sueño, mientras ahí fuera la gente se queda sin trabajo, familias con niños son desahuciadas, la hipocresía crece, los sueldos decrecen... muerde el sentimiento de ser un privilegiado. Y al final de cada día, pese a todo, pese a la distancia, a las ausencias, a las doce horas de trabajo diarias, a los festivos trabajados, a todo lo que uno se pierde por haber elegido este camino, doy gracias por haber tenido un camino que elegir, por no haberme conformado con lo fácil, por haber tenido opciones y la fuerza para luchar por ellas. Y por supuesto, por haber tenido la gran suerte de encontrar tantas cosas buenas en Boston, no sólo un proyecto alucinante en el que trabajar no supone tanto un deber como un querer, sino gente que hace que mi vida aquí sea maravillosa; compañeros de trabajo habitantes del mundo que me llevan a sus pequeños guetos como invitada de honor (un hot pot capitaneado por Jingfa no tiene precio). Esos amigos que me abren las puertas de su casa en el futuro, en su tierra, donde todos al final acabaremos volviendo, con todas estas experiencias en el bolsillo, con todas esas sonrisas en el recuerdo, con fotos benettonianas mosaico de rubios y morenos siempre cambiando, con todo este agradecimiento por bandera... Gracias a la vida que me ha asignado estas coordenadas donde tiempo y espacio vienen a fusionarse destilando felicidad.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Un año atrás...
Un año atrás en el calendario todo era futuro, tiempo, espacio, insensatez, angustia, ilusión perdida, tristeza, decepción, ganas de escapar. . . afán de superación, deseo, ilusión ganada, energía, sueños, ganas de llegar. . . Sentimientos que empaqueté en una maleta rumbo a Boston (así pesaba la condenada) con la esperanza de que algunos se perdieran en la T4. Sin embargo, no cesaban en su empeño, se apretujaban entre mi ropa y se enganchaban a las fotos que traje conmigo, obligándome a mirar atrás constantemente. Atrás quedaba Sevilla, la ciudad donde me conocí, donde te conocí, atrás quedaban las imperfecciones que me habían ido construyendo hasta ahora, cachito a cachito, un mundo seguro. Atrás quedaba Madrid, mi vida de siempre que ya no existía, mi familia, mis amigos, mis recuerdos. . . Me dejé la puerta abierta al salir, por eso todos esos pequeños pasajeros se vinieron conmigo, y aunque me habían contado en las películas que poner tierra de por medio lo arregla todo, vamos a poner que no. El avión se elevaba y yo sentía cómo mi alma se disociaba, dejando una mitad en Madrid, quedándome resumida a la otra mitad, consumida toda esa rabia genética que solía tener, agotada toda esa fuerza que me había caracterizado siempre, eso sí, no se lo digas a nadie, sólo tú lo sabes. Por eso te sentaste a mi lado en aquel avión, no sólo como una presencia familiar que me anclaba a la vida, sino como una apuesta de futuro. Y te empeñaste en plantar un huerto sobre un terreno recientemente incendiado, y te empeñaste con todas las ganas que a mí me había arrebatado el fuego. Gracias.
Al llegar a Boston el mundo se había hecho infinitamente más grande, el cielo estaba sin duda más alto, quizás porque aquí aún no habían cambiado la hora y en España sí, y entramos en un vacío espacio-temporal que me escupió a este lado del mundo como si tal cosa, y a empezar de nuevo. Un nuevo trabajo, una nueva casa, nuevos compañeros, nuevos amigos. . . todo por hacer. Hoy, un año después, cuando echo la vista atrás, parece que no ha ido tan mal. Pero aún tengo la habilidad de ponerme el traje del pasado y sentir el frío y el miedo, esos que has ido borrando con tanto esfuerzo.
Apenas diez días más tarde ya te estabas marchando, dejándome "sola" en un sitio donde hablaban raro, vestían raro, comían a deshoras y se iban a la cama demasiado temprano. Miraba hacia abajo y el suelo desaparecía bajo mis pies, así que procuraba mirar hacia adelante, nada más. Sólo se trataba de ser feliz, tampoco podía ser tan difícil, ¿no? Pues el primer trimestre suspendí. Así que no me quedó más remedio que aprender a ser feliz otra vez, empezando por mi trabajo, que era al fin y al cabo la razón fundamental para venir aquí. España me había dado algún que otro revés, supongo que lo necesitaba para así ahora ser capaz de apreciar lo que tengo. Donde antes había hipocresía, ahora hay sinceridad, donde antes había noes, ahora hay positividad, los que se creían científicos fueron reemplazados por científicos de verdad, que además han resultado ser personas extraordinarias. Y con esos materiales, fabriqué unos cimientos a prueba de huracanes sobre los que comencé a construirme de nuevo. Pronto tropecé con los que hoy son mi familia bostoniana, todos esos ladrillos y bovedillas que han convertido mi vida en Boston en algo más que una razón profesional. Nunca me faltó el aliento desde España, por eso cuando la obra amenazaba con pararse, todos arrimaban el hombro, ¿verdad Vane, Amanda, Lauri, Mar, Carol, Jorge, Covi, Tania, Virgi, Alema, Ana, Luli, Ángel, Víctor, mamá, papá. . .? eso vosotros también lo sabéis. Pero tú has sido el pegamento que ha ido uniendo los pedazos rotos, el que ha buscado cada pequeña esquirla en los lugares más recónditos del planeta, quien ha conseguido que hoy, un año después, la casa esté casi terminada.
Al llegar a Boston el mundo se había hecho infinitamente más grande, el cielo estaba sin duda más alto, quizás porque aquí aún no habían cambiado la hora y en España sí, y entramos en un vacío espacio-temporal que me escupió a este lado del mundo como si tal cosa, y a empezar de nuevo. Un nuevo trabajo, una nueva casa, nuevos compañeros, nuevos amigos. . . todo por hacer. Hoy, un año después, cuando echo la vista atrás, parece que no ha ido tan mal. Pero aún tengo la habilidad de ponerme el traje del pasado y sentir el frío y el miedo, esos que has ido borrando con tanto esfuerzo.
Apenas diez días más tarde ya te estabas marchando, dejándome "sola" en un sitio donde hablaban raro, vestían raro, comían a deshoras y se iban a la cama demasiado temprano. Miraba hacia abajo y el suelo desaparecía bajo mis pies, así que procuraba mirar hacia adelante, nada más. Sólo se trataba de ser feliz, tampoco podía ser tan difícil, ¿no? Pues el primer trimestre suspendí. Así que no me quedó más remedio que aprender a ser feliz otra vez, empezando por mi trabajo, que era al fin y al cabo la razón fundamental para venir aquí. España me había dado algún que otro revés, supongo que lo necesitaba para así ahora ser capaz de apreciar lo que tengo. Donde antes había hipocresía, ahora hay sinceridad, donde antes había noes, ahora hay positividad, los que se creían científicos fueron reemplazados por científicos de verdad, que además han resultado ser personas extraordinarias. Y con esos materiales, fabriqué unos cimientos a prueba de huracanes sobre los que comencé a construirme de nuevo. Pronto tropecé con los que hoy son mi familia bostoniana, todos esos ladrillos y bovedillas que han convertido mi vida en Boston en algo más que una razón profesional. Nunca me faltó el aliento desde España, por eso cuando la obra amenazaba con pararse, todos arrimaban el hombro, ¿verdad Vane, Amanda, Lauri, Mar, Carol, Jorge, Covi, Tania, Virgi, Alema, Ana, Luli, Ángel, Víctor, mamá, papá. . .? eso vosotros también lo sabéis. Pero tú has sido el pegamento que ha ido uniendo los pedazos rotos, el que ha buscado cada pequeña esquirla en los lugares más recónditos del planeta, quien ha conseguido que hoy, un año después, la casa esté casi terminada.
domingo, 28 de octubre de 2012
Mi primer cumpleaños en Boston
En realidad empezó ayer, a las seis de la tarde del día 27, el calendario ya rezaba 28 en España. Así que, por orden expresa del arte gitano, tuve a bien abrir mi primer regalo. Envuelta en papel azulón y dorado, como una azafata del AVE, se escondía nada menos que ¡¡una cápsula del tiempo!! Ahora soy dueña del tiempo, y con él, de la distancia que nos separa, que a golpe de flash es corta, se cuenta en kilobits, ya no eres lejos.
Esta mañana me desperté con un año más, ¿esto cómo ha pasado? pero si hace nada iba al insti y forraba mi carpeta con fotos de Alejandro Sanz... Va a ser verdad que el tiempo se encoge a medida que uno va cumpliendo años. Aunque creo que en el fondo lo que ocurre es que llenas los minutos de tantas cosas por hacer que se antojan cortos, y cuando termina una hora no has hecho ni la mitad de todo aquello que tenías pensado, así que claro, nunca llegas... ahora sí que tendremos que correr para quedarnos en el mismo lugar. Mis padres y hermanos me han felicitado por wifi, también Mar, otros muchos por 3G, pero todos, absolutamente todos mis seres queridos me habéis felicitado con el corazón, porque he podido sentirlo cálido incluso a las puertas del huracán Sandy. Que por cierto, esa fulana ha cortado las calles de Somerville intentando atraparnos bajo la lluvia. Finalmente, y con la astucia que caracteriza a cuatro biólogas en un zipcar, hemos alcanzado el primer objetivo... ¡¡salir del atasco!! Alicia se empeña en hacer vudú al GPS, Rosa hace cosas secretas que saben a almíbar, Marte simplemente hace como que las españolas le parecemos normales, aunque en el fondo piensa: ¿pero dónde me he metido? Poco a poco se desdibujan semáforos y vaivenes de limpiaparabrisas, se pinta el otoño con sus colores. Miles de hojas componen un manto que lo cubre todo de esplendor, parece un lecho blandito sobre el que dejarse caer. Aminoro la marcha para captar en mi retina cada instante de este paisaje, cada hoja elevada por el viento, cada carcajada de las tres personas que me han traído luz en los bolsillos. Aún no sé a dónde vamos... "no es Salem, no te vayas a pensar" -comenta Alicia como diciendo, no somos tan poco originales-

Avanti sigo atravesando el paraíso y sin saber cuál es mi destino final, resulta excitante, la verdad, en el fondo no quiero saberlo. Y por fin llegamos a ese lugar mágico donde las calabazas se amontonan mostrando su mejor cara, esperando que alguien las adopte para descubrir de qué color tienen el alma. La mía enseguida me dice que quiere ser chica, la escucho, por supuesto, no puedo negarle cromosomas. Y manos a la obra, paso la tarde de cumpleaños más especial que jamás hubiera imaginado lejos de casa. Nos reímos, cuchillo en mano, el arte no se nos da nada mal. Fantaseamos con dejar la ciencia, ja ja ja, ¡ilusas! Hemos regado las risas con Apple Cider, y hemos comido el tradicional pastel de calabaza, la que te digo, al final termina uno americanizándose aunque no quiera. La corriente te lleva, es fácil y sobre todo dulce. También he soplado velas, hacía años que no las soplaba, y me ha encantado. Vane puso el punto y final a este día con su cariño de skype. Y he comprendido que la tristeza de los días señalados en Boston no es tal si tú no quieres, y que en todas partes uno puede sentirse como en casa, porque el hogar no lo hacen las cosas, sino las personas, físicamente o en un esfuerzo telemático, será por eso que siento que ya estoy en casa.
Esta mañana me desperté con un año más, ¿esto cómo ha pasado? pero si hace nada iba al insti y forraba mi carpeta con fotos de Alejandro Sanz... Va a ser verdad que el tiempo se encoge a medida que uno va cumpliendo años. Aunque creo que en el fondo lo que ocurre es que llenas los minutos de tantas cosas por hacer que se antojan cortos, y cuando termina una hora no has hecho ni la mitad de todo aquello que tenías pensado, así que claro, nunca llegas... ahora sí que tendremos que correr para quedarnos en el mismo lugar. Mis padres y hermanos me han felicitado por wifi, también Mar, otros muchos por 3G, pero todos, absolutamente todos mis seres queridos me habéis felicitado con el corazón, porque he podido sentirlo cálido incluso a las puertas del huracán Sandy. Que por cierto, esa fulana ha cortado las calles de Somerville intentando atraparnos bajo la lluvia. Finalmente, y con la astucia que caracteriza a cuatro biólogas en un zipcar, hemos alcanzado el primer objetivo... ¡¡salir del atasco!! Alicia se empeña en hacer vudú al GPS, Rosa hace cosas secretas que saben a almíbar, Marte simplemente hace como que las españolas le parecemos normales, aunque en el fondo piensa: ¿pero dónde me he metido? Poco a poco se desdibujan semáforos y vaivenes de limpiaparabrisas, se pinta el otoño con sus colores. Miles de hojas componen un manto que lo cubre todo de esplendor, parece un lecho blandito sobre el que dejarse caer. Aminoro la marcha para captar en mi retina cada instante de este paisaje, cada hoja elevada por el viento, cada carcajada de las tres personas que me han traído luz en los bolsillos. Aún no sé a dónde vamos... "no es Salem, no te vayas a pensar" -comenta Alicia como diciendo, no somos tan poco originales-
Avanti sigo atravesando el paraíso y sin saber cuál es mi destino final, resulta excitante, la verdad, en el fondo no quiero saberlo. Y por fin llegamos a ese lugar mágico donde las calabazas se amontonan mostrando su mejor cara, esperando que alguien las adopte para descubrir de qué color tienen el alma. La mía enseguida me dice que quiere ser chica, la escucho, por supuesto, no puedo negarle cromosomas. Y manos a la obra, paso la tarde de cumpleaños más especial que jamás hubiera imaginado lejos de casa. Nos reímos, cuchillo en mano, el arte no se nos da nada mal. Fantaseamos con dejar la ciencia, ja ja ja, ¡ilusas! Hemos regado las risas con Apple Cider, y hemos comido el tradicional pastel de calabaza, la que te digo, al final termina uno americanizándose aunque no quiera. La corriente te lleva, es fácil y sobre todo dulce. También he soplado velas, hacía años que no las soplaba, y me ha encantado. Vane puso el punto y final a este día con su cariño de skype. Y he comprendido que la tristeza de los días señalados en Boston no es tal si tú no quieres, y que en todas partes uno puede sentirse como en casa, porque el hogar no lo hacen las cosas, sino las personas, físicamente o en un esfuerzo telemático, será por eso que siento que ya estoy en casa.
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