lunes, 20 de junio de 2022

Ocho: Juneteenth con Rollo

Juneteenth, un día para celebrar el final de la esclavitud de los afroamericanos, que tuvo lugar el 19 de junio de 1865 y que el presidente Biden decidió convertir en fiesta oficial el año pasado. Un buen motivo para descansar, sin duda, sobre todo de la vorágine de hacer maletas y vender de todo en Marketplace. Estoy agotada, física y mentalmente, pero hoy es el primer día de vacaciones de Inés, y también se merece disfrutar. ¡Así que nos vamos a ver a Rollo! Se conocieron siendo toddlers, ambos... y se han tratado siempre como primos, eso a pesar de que Rollo es un Samoyedo que ahora ya pesa el triple que Inés. 


Pilar nos recibe con su sonrisa luminosa, como siempre, y me ayuda a descargar un maletero lleno de enseres que ha heredado por legado. Me gusta que mis cosas se queden entre los amigos, es como no irse del todo. Tendrá que acordarse de nosotros, aunque lo hará sin duda por muchos otros motivos.

Inés se acuesta sobre el pelaje de Rollo como si fuera una almohada mullida, él se deja hacer y pide caricias, se lo pasan pipa. Luego disfrutamos (bueno, reconozco que yo no voy más allá de la rodilla) de las aguas gélidas de la piscina de Pilar. Inés se baña como si el agua estuviese a una temperatura humanamente soportable... Inés es bostoniana. Nosotras mientras nos ponemos al día, vamos y venimos, y por un momento hasta consigo olvidarme de todo lo que tengo por hacer. Me alegro de haberme tomado el día de vacaciones de verdad, aunque por la tarde empaqueto, no vaya a ser que pierda la costumbre. 

domingo, 19 de junio de 2022

Nueve: 50 Langostas de Gray

 No podíamos irnos sin una última cena. Jeff se prepara para el banquete como si fuéramos galos, Paula le deja porque disfruta como un crío en un concurso de comer helados. Hicimos este ritual muchas veces, no siempre langosta, claro, pero sí costillas, kiebalsas, pescados, carnaza y todo lo que se le ponga por delante. Reminiscencias de todas esas barbacoas en las White Mountains, Maine, Vermont y otros lares donde nos llevó la angustia por evadirnos de una pandemia. 

Inés y Lena están a lo suyo, en cierto modo ajenas al tiempo que acorta. Son conscientes, pero se distraen con sus disfraces y canciones, es más fácil para ellas que para nosotros.

Erik mientras se lo come todo, protesta si no le llega comida y tira del mantel en un acto bastante eficiente para acercarse el plato con las mazorcas de maíz. El pequeño galo aguarda impaciente su turno y devora con gusto todo lo que se le pone por delante.

Langostas acostadas en la tabla de madera, manjar y deleite propio de una era que estamos cerrando. Iba a poner abandonando, pero no es cierto. No abandonamos porque los recuerdos permanecerán nítidos durante mucho tiempo. Es difícil olvidar todo lo vivido en estos bosques. 

sábado, 18 de junio de 2022

Diez: El cumple de Leyre

Ya no tengo coche y me da la pena justa. Mi Beetle blanco que no ha llegado a estar conmigo ni un año, no como el verde, que me espera con su carita sonriente en la Plaza del Azulejo, dispuesto a recorrer kilómetros, que no millas, cargado de maletas hasta las trancas.

Leyre ya cuatro, y allí conocemos a Álex por fin, que es blandito y dormilón. Sonríe mucho con toda la cara. Nos juntamos por última vez con Cris y Carlos, los amantes de Madriz. Sé que volveremos a vernos, ellos son de esas personas que harán el esfuerzo; nosotros también. No somos los únicos que marchamos, las fiestas multitudinarias siempre juntan diversidad y paralelismos. Los asturianos tiran de vuelta al norte, porque es ley de vida, sobre todo cuando se tienen niños. 

Sólo quedan diez días y mucho por hacer, por despedir, por empaquetar. Paseamos por la noche como si hiciera buen tiempo, aprovechando que tenemos abuelos que vigilen a la bella durmiente. En los paseos no sólo buscamos maletas abandonadas que poder adoptar, también recorremos las calles de Somerville como hicimos en tiempo de pandemia y encierro, con nostalgia pero sin pena, porque es junio y llevo dos mangas y un abrigo...

jueves, 16 de junio de 2022

Adiós familia

También son familia esos que se llevan el sabor de las lágrimas. También son familia porque hemos vivido tanto juntos que no sé cómo voy a aprender a vivir a partir de ahora. Se hicieron familia el día que brotamos de la misma raíz, y salimos al exterior con la nariz mojada y la cabeza aún sucia de placenta. Familia es ese bebé que sentí por primera vez al tocar la barriga de Teresa, y que he visto crecer hasta convertirse en una pequeña hermana mayor que lee cuentos a Inés hasta que se queda dormida. Sólo y ¿en serio? han pasado siete años de dicha y dulzura que me ha bordado el corazón de ponis. Ahora tendremos primos a tiro de piedra, y abuelos y tíos de los que se parecen a nosotros por genética; pero estaremos lejos de los hermanos de nieve, de esos que no se parecen a nosotros en el físico pero tanto en las formas. En abrazarse sabiendo que no sabemos cuándo será la próxima vez, en quererse sabiendo que no habrá nunca un parentesco que pueda acercarse más que estos lazos, en despedirse con un anhelo que por primera vez me encoge el corazón expandido de dicha. Y como sólo la familia sabe hacerlo, Javi derrama su posibilidad infinita del buen rollo que sólo sabe mirar hacia el lado brillante de las cosas. Javi es brillantina, es música, es paz delicada y paciencia que se pierde a veces, pero es un amarre robusto y verdadero, es un libro lleno de historias del mundo, de enseñanzas de todas las épocas. Teresa es luz y sombra a partes iguales, según cómo vayan acortando los días, es matemática y hada de goma, como un rompecabezas de gomaespuma que da tanto placer cuando es vencido. Es una luciérnaga de sabiduría y leyes, mi espejo de la maternidad, ¿dónde voy a mirarme a partir de ahora? ¡Qué desazón!

Sol es luz, palabras aprisa, dragones buenos y miedo agazapado. Sol es bonita, de golosina, con sus pelos rubios por toda la cara y hasta en la boca. Sol es lo mejor de él y de ella, perfecta cábala en un mar de preguntas. Sol que se empeñó en mostrarme mi deseo oculto de ser madre. Sol que se empeña en hacer que el tiempo pase. Solo que abraza fuerte a Inés como una hermana mayor desolada, porque los dos años de diferencia que las separan, son un jarro de realidad imparable para la mayor, y por suerte, risas de una última tarde compartida para la pequeña.

Os voy a echar tanto de menos que ya nunca seremos las mismas personas, porque de vosotros he aprendido casi tanto como de mis propios hermanos. Gracias por 8 años y pico? llenos de buenos momentos, por dejarnos ser los tíos de cabecera, por compartiros y por darnos una hermana mayor para nuestra gitana. Ahora ya sí que huele a despedida, ahora ya sí que se llenan los ojos de lágrimas. Ahora comprendo que cuando esté al otro lado, echaré tanto de menos a mi familia bostoniana como hasta ahora me ha faltado la de España. Ahora comprendo que pertenecemos a dos mundos, suerte y putada, siempre echaremos de menos lo que dejamos atrás. 

domingo, 5 de junio de 2022

Noches llenas de rincones

Esas noches en las que la vida se empeña en poner deberes. Esas noches para las que uno no nace preparado, pero es capaz de capear el viento con capotes de arcoíris a dos manos. Esas noches que empiezan a las seis con el sol aún alto y terminan a las dos de la mañana con tanto que celebrar que ya no quedan rincones donde esconder maletas vacías.

Llegaron con sonrisas anchas tirando de pequeños trolleys que contenían lo suficiente para afrontar los vientos frescos de las noches de mayo en Boston pero no dejaban hueco para todo lo que habría de ser transportado en sentido contrario hacia Madrid. Esperábamos impacientes jaqueados por el estrés de una casa por vender en un mercado que se ha vuelto lento y hostil. Un colchón en el suelo para los casi dos metros de Ángel supuso un desafío temerario para su recién reajustada columna. Luli pesa poquito, cada vez menos, porque acarrea otros estreses que se conjuran de lunes a viernes y vuelven a gestarse el domingo, así que pronto cogió el relevo. Víctor es lábil, moldeable, suavecito como sus pinceles; cabe en cualquier sitio. Abrazos en la acera, tapeo alrededor de la isla en la cocina, comienza la última reunión de "Fernández y Agregaos" en Boston.

Inés pregunta, exagera, tironea de sus mangas y sube la voz un par de tonos para que nadie pierda el hilo de sus historias majaderas. Nos transporta a ese mundo en el que hay más reyes que súbditos y todos reinan con magias recién pensadas. A lomos de su caballo imaginario nos lleva mucho más lejos de lo que queremos reconocer, y se asoma a las acuarelas de Víctor derramando purpurina y colorines que se llevan al maestro a las profundidades de los supermundos que nos rodean, descubriendo que todo es posible al otro lado del lienzo.


Nos vamos a la Acadia, qué maravilla, cinco horas de coche y no nos da tiempo de aburrirnos. Allí Inés da clases en inglés a alumnos más y menos aventajados. Algunos no paran de reír y son invitados a abandonar la clase amablemente. Hasta en eso nos ha salido americana... Ella y sus tíos han fabricado cuentos de flores, de gatos, de pájaros y hasta de murciélagos. Contemplo estas escenas y me reafirmo en mis decisiones, "era tiempo de volver". Nos estábamos perdiendo todo esto, se lo estaban perdiendo ellos, y ella. 

Cuatro días entre los parajes verdísimos de Maine nos ayudan a olvidar el estrés a ratos. Sólo a ratos, pues tengo las uñas comidas ya por la segunda falange. Paseos, escalada por la colmena para pisar la cima del mundo, piedrecitas de arcilla roja para dejar nuestra huella de aquella manera, jugarse la vida para conocernos un poco más, si cabe.


Me gusta llevaros a lugares donde nunca habíais estado, me gusta ser capaz de sorprenderos y de esculpir recuerdos de los que son importantes, de los que uno presume orgulloso toda la vida porque es simplemente maravilloso tener hermanos. 

Sólo este grado de confianza permite poner a trabajar a los invitados como si fueran la contrata de mantenimiento diario. Hemos limpiado y recogido esta casa tantas veces que podían venir a verla a cualquier hora sin pillarnos por sorpresa... bueno... casi. Recoged los zapatos y salir a la calle como si acabase de entrar la pareja cornuda. ¡Corred insensatos! Cuántas risas a pesar de todo. 

Los hermanos son esos que están a tu lado en los momentos más importantes, ésos que se llevan 70 kilos de tu lastre sin rechistar, ésos que se alegran tanto de tu felicidad que se les llenan los ojos de lágrimas desbordando la suya cuando por fin llegan las buenas noticias. Tan de verdad verdadera como sólo la familia saca el corazón a alegrarse por ti. En tres horas pasamos de beber para olvidar a celebrar que hemos vendido nuestra posesión más preciada en América, nuestra querida Dana 26. Deshelamos margaritas con risas en la garganta. Desordenamos los rincones que tan pulcros se antojaban estos días. Por primera vez en mi vida estoy contenta con tanta entropía. Zapatos por todas partes, maletas a medio hacer, bolsas apestosas y ropa enredada. No importa, mañana aún hay tiempo, no tenemos que salir corriendo porque lo más difícil ya está hecho, ya hemos hecho las Américas.

martes, 10 de mayo de 2022

¿A quién le cabe su vida en una maleta?

Sobran los jerséis de lana, los gorros y las bufandas, sobran las botas de pelo, la tela de muerto y las capas. Sobran porque en mi maleta se acabaron las nevadas.

Sobran los vestidos viejos, de otra era en minifalda, sobran tacones de aguja, y las suelas desgastadas. Sobran trapos Desiguales de una alocada muchacha. Sobran porque esta maleta es de una mujer que marcha.

Sobran los diarios tristes de una vida que empezaba, sobran los recuerdos huecos que tanto me atormentaban, sobran los poemas secos derramados en la almohada. Sobran porque esta maleta, sólo albergará esperanza.

Sobran los libros leídos, los inciensos y las mantas, sobra la bisutería y las marcas en rebajas. Sobran las velas a medias esperando a ser quemadas. Sobran porque esta maleta es austera y despeinada.

Caben los viejos amigos en fotos ya desgastadas, caben los recuerdos nuevos, los dibujos, las palabras. Cargo en bolsillos pesados mis queridas Bostonadas, dejo todo lo que sobra, materiales de una casa. Llevo conmigo silencios, cicatrices y memoria, llevo los ecos del tiempo que compondrán otra historia. Llevo ganas de comienzos, de batallas y de gloria, llevo miles de argumentos, los de antes y de ahora.

Dejo en cambio los anhelos que arrastrados a la orilla crecerán como arrecifes que se arropen con la lluvia, morarán en el recuerdo de una década infinita, arrullándose en las olas que se rompen con la risa.

Saturan las cremalleras, aullando contra mi peso, cierra las fauces rabiosa queriendo avanzar el tiempo, pero aún quedan las semanas que han de borrar el invierno, las huellas en el camino que habrá de andarse primero. Queda lo bueno y lo malo de seguir y de quedarse, quedan las lágrimas raras de la pena por marcharse. Queda el vistazo a los huecos que tardaron en llenarse. 

Mi vida en una maleta y yo sin nada que ponerme, voy a probarme valiente, que siempre me ha dado suerte. Voy a ver si aún me caben las ganas de comerme el mundo. Si me sobra por los lados, me ceñiré la humildad, en el bolso llevo idiomas que serán mi libertad, pero patria, como madre, sólo hay una nada más, y la mía ya me espera con los brazos de abrazar.

martes, 1 de febrero de 2022

Estados de COVID-cinco: Gracias al COVID

Gracias al COVID, mis melanocitos campan a sus anchas en la superficie de mi epidermis en lugar de huir a esconderse en lo más recóndito de mi ser, huyendo de las frías nieves bostonianas y esperando a que llegue el verano. 

Gracias al COVID voy subiendo la cuesta de enero en una España que, aunque no inmune al virus, este año se ha guardado las Filomenas en los bolsillos de pana y ha sacado el sol a pasearse casi todos los días de la semana.

Gracias al COVID he cogido unos cuantos kilos que se me irán escurriendo en las tiritonas del invierno que me aguarda al otro lado del mes de febrero, con sus heladas insistentes y seguidillas de lunes a domingo. 

Gracias al COVID he celebrado un cumpleaños con mi sobrina, sexto para ella, primero para mí. Corto y llovido, pero en presente y en directo. 

Gracias al COVID he visto a mi padre salir de la oscuridad, iluminarse, recomponerse y tirar para adelante con la bolsa del pan en una mano y su única nieta en la otra.  

Gracias al COVID he llamado a la puerta de mi tía un día cualquiera y me he llevado a mis sobrinos a ser reyes en el campo. Lo mejor no son las risas, ni los "tíaChari" que saben a pan recién hecho. Lo mejor es ver a Lucas saltar el riachuelo y escalar los árboles como cualquier niño de su edad, como si no hubiera estado nunca asomado al borde del abismo, como si no hubiéramos vuelto a nacer con él todos y cada uno de nosotros. 

Gracias al COVID me he sentado a la mesa con mi familia extendida, por primera vez en muchísimos años, y me he levantado tres horas después harta de risas y de batallas. Un cumpleaños improvisado para los 44 de Sara, que para mí llevaba sin cumplir desde los 32. Gracias al COVID, planes de futuro.

Gracias al COVID he abrazado a mis hermanos en tandas de muchas veces, he compartido nimiedades y silencios, y hasta noches de juegos de mesa como si hubiera tiempo que perder.

Gracias al COVID he conocido a Carlos, el tercero de Maite, y me he tomado un café al sol con mis dos amigas de toda la vida, como si no hubiera mañana, como si no hiciera diez años que no estábamos las tres juntas.

Gracias al COVID he aprendido a apreciar las cosas pequeñas, a ser feliz porque hace sol por la mañana, y porque anochece tarde, y porque hoy no llueve, o porque he salido a comprar el pan y me he encontrado con antiguos conocidos. Tienes que haberte marchado lejos mucho tiempo para poder apreciar lo maravilloso que es encontrarse a la gente por la calle, coincidir, haber llegado al mismo sitio sin anunciarse, sin buscarse, y aun así tener el tiempo de pararte a charlar, alegrarte por ello y seguir tu camino con una sonrisa más ancha, porque sigues perteneciendo a este lugar.