sábado, 18 de junio de 2022
Diez: El cumple de Leyre
jueves, 16 de junio de 2022
Adiós familia
Sol es luz, palabras aprisa, dragones buenos y miedo agazapado. Sol es bonita, de golosina, con sus pelos rubios por toda la cara y hasta en la boca. Sol es lo mejor de él y de ella, perfecta cábala en un mar de preguntas. Sol que se empeñó en mostrarme mi deseo oculto de ser madre. Sol que se empeña en hacer que el tiempo pase. Solo que abraza fuerte a Inés como una hermana mayor desolada, porque los dos años de diferencia que las separan, son un jarro de realidad imparable para la mayor, y por suerte, risas de una última tarde compartida para la pequeña.
Os voy a echar tanto de menos que ya nunca seremos las mismas personas, porque de vosotros he aprendido casi tanto como de mis propios hermanos. Gracias por 8 años y pico? llenos de buenos momentos, por dejarnos ser los tíos de cabecera, por compartiros y por darnos una hermana mayor para nuestra gitana. Ahora ya sí que huele a despedida, ahora ya sí que se llenan los ojos de lágrimas. Ahora comprendo que cuando esté al otro lado, echaré tanto de menos a mi familia bostoniana como hasta ahora me ha faltado la de España. Ahora comprendo que pertenecemos a dos mundos, suerte y putada, siempre echaremos de menos lo que dejamos atrás.
domingo, 5 de junio de 2022
Noches llenas de rincones
Esas noches en las que la vida se empeña en poner deberes. Esas noches para las que uno no nace preparado, pero es capaz de capear el viento con capotes de arcoíris a dos manos. Esas noches que empiezan a las seis con el sol aún alto y terminan a las dos de la mañana con tanto que celebrar que ya no quedan rincones donde esconder maletas vacías.
Llegaron con sonrisas anchas tirando de pequeños trolleys que contenían lo suficiente para afrontar los vientos frescos de las noches de mayo en Boston pero no dejaban hueco para todo lo que habría de ser transportado en sentido contrario hacia Madrid. Esperábamos impacientes jaqueados por el estrés de una casa por vender en un mercado que se ha vuelto lento y hostil. Un colchón en el suelo para los casi dos metros de Ángel supuso un desafío temerario para su recién reajustada columna. Luli pesa poquito, cada vez menos, porque acarrea otros estreses que se conjuran de lunes a viernes y vuelven a gestarse el domingo, así que pronto cogió el relevo. Víctor es lábil, moldeable, suavecito como sus pinceles; cabe en cualquier sitio. Abrazos en la acera, tapeo alrededor de la isla en la cocina, comienza la última reunión de "Fernández y Agregaos" en Boston.
Inés pregunta, exagera, tironea de sus mangas y sube la voz un par de tonos para que nadie pierda el hilo de sus historias majaderas. Nos transporta a ese mundo en el que hay más reyes que súbditos y todos reinan con magias recién pensadas. A lomos de su caballo imaginario nos lleva mucho más lejos de lo que queremos reconocer, y se asoma a las acuarelas de Víctor derramando purpurina y colorines que se llevan al maestro a las profundidades de los supermundos que nos rodean, descubriendo que todo es posible al otro lado del lienzo.Nos vamos a la Acadia, qué maravilla, cinco horas de coche y no nos da tiempo de aburrirnos. Allí Inés da clases en inglés a alumnos más y menos aventajados. Algunos no paran de reír y son invitados a abandonar la clase amablemente. Hasta en eso nos ha salido americana... Ella y sus tíos han fabricado cuentos de flores, de gatos, de pájaros y hasta de murciélagos. Contemplo estas escenas y me reafirmo en mis decisiones, "era tiempo de volver". Nos estábamos perdiendo todo esto, se lo estaban perdiendo ellos, y ella.
Cuatro días entre los parajes verdísimos de Maine nos ayudan a olvidar el estrés a ratos. Sólo a ratos, pues tengo las uñas comidas ya por la segunda falange. Paseos, escalada por la colmena para pisar la cima del mundo, piedrecitas de arcilla roja para dejar nuestra huella de aquella manera, jugarse la vida para conocernos un poco más, si cabe.
Me gusta llevaros a lugares donde nunca habíais estado, me gusta ser capaz de sorprenderos y de esculpir recuerdos de los que son importantes, de los que uno presume orgulloso toda la vida porque es simplemente maravilloso tener hermanos.
Sólo este grado de confianza permite poner a trabajar a los invitados como si fueran la contrata de mantenimiento diario. Hemos limpiado y recogido esta casa tantas veces que podían venir a verla a cualquier hora sin pillarnos por sorpresa... bueno... casi. Recoged los zapatos y salir a la calle como si acabase de entrar la pareja cornuda. ¡Corred insensatos! Cuántas risas a pesar de todo.
Los hermanos son esos que están a tu lado en los momentos más importantes, ésos que se llevan 70 kilos de tu lastre sin rechistar, ésos que se alegran tanto de tu felicidad que se les llenan los ojos de lágrimas desbordando la suya cuando por fin llegan las buenas noticias. Tan de verdad verdadera como sólo la familia saca el corazón a alegrarse por ti. En tres horas pasamos de beber para olvidar a celebrar que hemos vendido nuestra posesión más preciada en América, nuestra querida Dana 26. Deshelamos margaritas con risas en la garganta. Desordenamos los rincones que tan pulcros se antojaban estos días. Por primera vez en mi vida estoy contenta con tanta entropía. Zapatos por todas partes, maletas a medio hacer, bolsas apestosas y ropa enredada. No importa, mañana aún hay tiempo, no tenemos que salir corriendo porque lo más difícil ya está hecho, ya hemos hecho las Américas.
martes, 10 de mayo de 2022
¿A quién le cabe su vida en una maleta?
Sobran los vestidos viejos, de otra era en minifalda, sobran tacones de aguja, y las suelas desgastadas. Sobran trapos Desiguales de una alocada muchacha. Sobran porque esta maleta es de una mujer que marcha.
Sobran los diarios tristes de una vida que empezaba, sobran los recuerdos huecos que tanto me atormentaban, sobran los poemas secos derramados en la almohada. Sobran porque esta maleta, sólo albergará esperanza.
Sobran los libros leídos, los inciensos y las mantas, sobra la bisutería y las marcas en rebajas. Sobran las velas a medias esperando a ser quemadas. Sobran porque esta maleta es austera y despeinada.
Caben los viejos amigos en fotos ya desgastadas, caben los recuerdos nuevos, los dibujos, las palabras. Cargo en bolsillos pesados mis queridas Bostonadas, dejo todo lo que sobra, materiales de una casa. Llevo conmigo silencios, cicatrices y memoria, llevo los ecos del tiempo que compondrán otra historia. Llevo ganas de comienzos, de batallas y de gloria, llevo miles de argumentos, los de antes y de ahora.
Dejo en cambio los anhelos que arrastrados a la orilla crecerán como arrecifes que se arropen con la lluvia, morarán en el recuerdo de una década infinita, arrullándose en las olas que se rompen con la risa.
Saturan las cremalleras, aullando contra mi peso, cierra las fauces rabiosa queriendo avanzar el tiempo, pero aún quedan las semanas que han de borrar el invierno, las huellas en el camino que habrá de andarse primero. Queda lo bueno y lo malo de seguir y de quedarse, quedan las lágrimas raras de la pena por marcharse. Queda el vistazo a los huecos que tardaron en llenarse.
Mi vida en una maleta y yo sin nada que ponerme, voy a probarme valiente, que siempre me ha dado suerte. Voy a ver si aún me caben las ganas de comerme el mundo. Si me sobra por los lados, me ceñiré la humildad, en el bolso llevo idiomas que serán mi libertad, pero patria, como madre, sólo hay una nada más, y la mía ya me espera con los brazos de abrazar.
martes, 1 de febrero de 2022
Estados de COVID-cinco: Gracias al COVID
Gracias al COVID, mis melanocitos campan a sus anchas en la superficie de mi epidermis en lugar de huir a esconderse en lo más recóndito de mi ser, huyendo de las frías nieves bostonianas y esperando a que llegue el verano.
Gracias al COVID voy subiendo la cuesta de enero en una España que, aunque no inmune al virus, este año se ha guardado las Filomenas en los bolsillos de pana y ha sacado el sol a pasearse casi todos los días de la semana.
Gracias al COVID he cogido unos cuantos kilos que se me irán escurriendo en las tiritonas del invierno que me aguarda al otro lado del mes de febrero, con sus heladas insistentes y seguidillas de lunes a domingo.
Gracias al COVID he celebrado un cumpleaños con mi sobrina, sexto para ella, primero para mí. Corto y llovido, pero en presente y en directo.
Gracias al COVID he visto a mi padre salir de la oscuridad, iluminarse, recomponerse y tirar para adelante con la bolsa del pan en una mano y su única nieta en la otra.
Gracias al COVID he llamado a la puerta de mi tía un día cualquiera y me he llevado a mis sobrinos a ser reyes en el campo. Lo mejor no son las risas, ni los "tíaChari" que saben a pan recién hecho. Lo mejor es ver a Lucas saltar el riachuelo y escalar los árboles como cualquier niño de su edad, como si no hubiera estado nunca asomado al borde del abismo, como si no hubiéramos vuelto a nacer con él todos y cada uno de nosotros.
Gracias al COVID me he sentado a la mesa con mi familia extendida, por primera vez en muchísimos años, y me he levantado tres horas después harta de risas y de batallas. Un cumpleaños improvisado para los 44 de Sara, que para mí llevaba sin cumplir desde los 32. Gracias al COVID, planes de futuro.
Gracias al COVID he abrazado a mis hermanos en tandas de muchas veces, he compartido nimiedades y silencios, y hasta noches de juegos de mesa como si hubiera tiempo que perder.
Gracias al COVID he conocido a Carlos, el tercero de Maite, y me he tomado un café al sol con mis dos amigas de toda la vida, como si no hubiera mañana, como si no hiciera diez años que no estábamos las tres juntas.
Gracias al COVID he aprendido a apreciar las cosas pequeñas, a ser feliz porque hace sol por la mañana, y porque anochece tarde, y porque hoy no llueve, o porque he salido a comprar el pan y me he encontrado con antiguos conocidos. Tienes que haberte marchado lejos mucho tiempo para poder apreciar lo maravilloso que es encontrarse a la gente por la calle, coincidir, haber llegado al mismo sitio sin anunciarse, sin buscarse, y aun así tener el tiempo de pararte a charlar, alegrarte por ello y seguir tu camino con una sonrisa más ancha, porque sigues perteneciendo a este lugar.
martes, 18 de enero de 2022
martes, 30 de noviembre de 2021
Grande, Almudena
Te has ido dejando vacías las páginas, un anhelo eterno que ya nunca encontrará consuelo. Te has ido sin avisar, con todo a medias, dejando todas esas palabras perdidas en las sombras, traicionadas por la premura con que te marchaste. Nadie escribe como tú, nadie toca el corazón y lo arrulla con palabras de siempre que sólo en tus frases magistrales adquieren tintes poéticos. Nadie nunca podrá llenar este vacío. Desde que me enteré no me abandona la tristeza y la rabia, no me acostumbro a la idea de que ya nunca saldrá un nuevo libro de Almudena Grandes.
Fuiste la primera mujer novelista que me zarandeó con "Malena es un nombre de tango", después vinieron "Atlas de geografía humana" y "Los aires difíciles", que recientemente he releído y me han vuelto a enamorar. "El corazón helado" se yergue orgullosa en el TOP de mis novelas favoritas, y tenía poco más de 20 años cuando lo leí. Aún recuerdo la pasión y la rabia que me despertaron aquellas páginas. Los "episodios de una guerra interminable" vinieron muchos años más tarde a mostrarme el mundo... A través de tus novelas he aprendido más historia de España que en mis clases de BUP. Tus personajes me despertaron una curiosidad por el PCE que había pasado de largo por mi adolescencia estudiando en el Instituto Dolores Ibárruri. Así de ignorante era yo a los dieciséis.
El "Mercado de Barceló" me hizo consciente de lo importante que es vivir despacio, observar el mundo con los ojos de un recién llegado. Releyendo mis Bostonadas me he dado cuenta de que eso también se ha perdido ya. Las primeras impresiones y la capacidad de sorprenderme cada vez van menguando más aprisa. Sigo tratando de no perderme. Has dejado la colección incompleta, me quedaba tanto por aprender. Sobre todo lamento no haber ido nunca a la feria del libro a pagarte tributo. Vivir en Boston tiene esas desventajas, las cosas importantes pierden lustre y se decoloran hasta volverse monocromáticas. Me alegro, en cambio, de que aquel estudiante pasara por allí para convencerte de que recopilaras tus artículos de opinión en una última obra que no podía llamarse de otra manera: "La herida perpetua", ésa que has dejado en todos tus lectores, ésa que no sanará por mucho que vengan autores noveles, premios Planeta y todos los Nobel de literatura del futuro. La herida perpetua supurará tristeza que manará a borbotones durante mucho tiempo. La herida perpetua será ese lugar donde refugiarse cuando tenga sed de palabras hermosas, cuando mi intelecto perdido en este otro idioma llore por sus raíces de castellano bien hablado. Tus novelas serán un lugar donde resguardarme del frío, del climático y del humano, serán una fuente inagotable de conocimiento, porque al leerlas a diferentes edades siempre descubro lugares que había pasado por alto. Tus novelas serán siempre mis "estaciones de paso".
Adiós, maestra, diosa de las letras, qué legado dejas y cuánto te faltaba por contar. Sueño con que alguien revuelva en tus cajones y exhume otros personajes de la oscuridad de tu recuerdo. No quiero hacerme a la idea de que te has marchado para siempre. Prefiero pensar que cada vez que te relea volverás en otras formas, me darás aliento y argumentos, y será como si nunca te hubieras marchado.




