lunes, 4 de enero de 2016

Queridos Reyes Magos

Es increíble a lo que uno llega a acostumbrarse... legado de tiempos antiguos, cuando niña que bajaba la escalera saltando escalones de dos en dos. Legados son los recuerdos con sabor a roscón de Reyes de la tahona, que si cierro los ojos puedo olerlo y hasta me toca la sorpresa. Reminiscencias de esas cartas a los Reyes Magos con peticiones cabales y altamente limitadas en cantidad numérica y sustancial. Esto es, aquellos anuncios que rezaban en letra pequeña "más de 5000 pesetas" eran algo obviamente ajeno a Mis Majestades y de sobra sabido como parte de lo prohibido para una mí de pocos años. Porque Mis Majestades, aunque bien Reales (que mi padre fue Gaspar más de una vez vestido con barbas de friegasuelos...), eran también terrenas y de clase obrera. Eso, y que en mi casa las bocas se alimentaban a base de bien, sobre todo la de mi hermano, que crecía como si tuviera prisa por hacer pie en la piscina honda.
Entrañables recuerdos que mantengo nítidos en la memoria, como si de ayer se tratara que desenvolví aquella muñeca de hace ya tantos años, la misma que posteriormente sufriría suturas, operaciones, amputaciones y otros traumas, a manos de mi hermano y su empeño por la cirugía plástica. Pero no, poco a poco se han ido colando los años por las rendijas, dejando un rastro de imágenes impresas en mi memoria: los ochenta, los noventa... los primeros dos miles y así, como sin quererlo, zigzagueando en el tiempo hasta llegar a 2016.
Los niños se fueron marchando de las casas y construyendo otros caminos que nos llevaron bien lejos; a algunos incluso al otro lado del mar, donde convergen los vientos y se cumplen todos los sueños.  Al menos eso les pido ahora a mis Reyes Magos, cumplir sueños. Pero es que por aquí no pasan, los camellos no saben nadar, se quedan en Finisterre asomados a la baranda y nos ven partir.
Bueno, no hay prisa, acaba de empezar el año y tengo mucho tiempo por delante, como siempre, como cada enero, me preparo para ser feliz otros 365 días. ¿Por qué no? la felicidad está siempre ahí, sólo hay que saber mirar. Aunque es cierto que hace meses que no veo a mis padres más allá de una pantalla casi siempre pixelada y con retardo de sonido. Hace meses que no me río de un chiste con mis hermanos, me refiero a reírse de verdad, a darse manotazos en el brazo y balancearse adelante y atrás con las mandíbulas desencajadas. Hace meses que no llego en coche hasta la puerta de mi casa y me cruzo con tres familiares al subir las escaleras...  Sin embargo, si una planta me echa flores corro a contárselo a mi madre, si veo un mapache rebuscar en la basura, tengo que comentarlo con mi padre. Si me dejo a medias un postre riquísimo necesito que mi hermano Ángel se coma el resto. Si buceando veo a Dori, hago mil fotos para que mi hermano Víctor vea el mundo a través de mis ojos. Si un pelícano gigante se tira en plancha a pescar a un metro de mí, me río sola pensando en las náuseas que sufriría mi Luli. Si es Navidad, saco el mantel que me hizo la tía Ana Rosa ;) y pongo cubiertos para la Covi. Porque no es cierto que uno llega a acostumbrarse a todo, yo no me acostumbro a que no estéis a mi lado. Pero creo que es bueno el regalo de la nostalgia, porque me permite acumular la felicidad de todos esos momentos en los que no estáis para descargarla en vuestros bolsillos cuando al fin volvamos a vernos. Así que este año les pido a los Reyes que vosotros también acumuléis mucha mucha felicidad, sobre todo en cachitos de España, para que podamos intercambiar todas las risas que nos debemos y que ya no me caben en la maleta.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Navidades en la Riviera Maya

Los mayas eran astrónomos, físicos, matemáticos, médicos, filósofos... sabían del mundo a través de la observación del cielo y las estrellas. Durante años, con ojos tranquilos fueron contando los días hasta descubrir que eran 365 los que componían un año entero. El calendario maya tiene 18 meses, de los cuales, el último tiene tan sólo 5 días. Hubo una leyenda caótica que aún recuerdo en el año 2012, donde se decía que los mayas habían anunciado el fin del mundo para el solsticio de invierno. Ahora sé que sólo se trataba del fin de una era, porque tuvo lugar un alineamiento de todos los planetas que sólo ocurre cada 5000 años. Es curioso, porque para mí el 2012 fue realmente el fin de una era, así que voy a optar por creérmelo.
Este año la Navidad me ha recibido en México, con el calor impropio de un invierno averanado y la promesa del descanso cuasiabsoluto. Sólo las lecciones de historia en vivo pondrán mis piernas en movimiento más allá de las aguas de turquesa.
Las ruinas Mayas se extienden por diversos países del centro y el sur de América. Desde hace años soñaba con hacer un viaje a la historia a través de los templos que aún quedan en la selva y a orillas del mar Caribe. Diciembre, el mes elegido para dejar Boston, puesto que cuenta con dos días festivos y habitualmente las primeras nieves. Así que la Nochebuena de este año me vestía de tirantes y sin medias para cenar. Margarita en ristre y carmín en los labios en lugar de bata de guata y vino Rioja para celebrar la noche en la que hace años solía asistir a la misa del gallo y hasta formar parte del Belén viviente... Es cierto que hace ya mucho que me sacudí todas las creencias, y que la Navidad es un estado laico de celebración familiar para mí. También es cierto que llevaba 4 años sin vacaciones de verdad, puesto que ir a España supone ya un pico y el gasto impepinable de los 10 días libres que tengo por año. Así que este año tocó sacrificar el jamón y el calor de la familia por el guacamole y el calor del sol. Y por bien que suene, es duro estar lejos en estas fechas. Sobre todo porque este quid pro quo supone, una vez más, estar ausente. No obstante, estas vacaciones me han sabido a gloria y a mucho descanso, a risas y a conocimiento, a historia y a calor caribeño. Primera parada, Chichen Itzá, "la boca del pozo de los brujos del agua", una de las principales pirámides de la península de Yucatán (Yucatán que, curiosamente, significa "no entiendo ni papa de lo que dices", porque era lo que los mayas les decían a los españoles cuando les preguntaban que cómo se llamaba aquel lugar). Cuando uno está harto de ver esta foto en los libros de historia, es como si ya hubiera estado allí, por eso es indescriptible la sensación que experimentas cuando por fin te hallas a los pies de un monumento que ha estado ahí desde hace 1500 años. Para mí es como si de pronto se me viniera encima toda la historia, como si pudiera ver lo que ocurrió allí cuando la pirámide era un templo erigido para los dioses.

Construida en base al conocimiento científico que los mayas tenían sin saberlo. 91 escalones por cada una de las 4 caras y uno más en la cumbre para representar, en suma, los 365 días del año. La serpiente que representa al dios Kukulcán, que desciende a la Tierra dos veces al año y puede verse exactamente a las 4 de la tarde en los equinoccios, gracias a la incidencia del sol en la arquitectura perfecta de la pirámide.

¿Cómo es posible que fueran tan exactos a la hora de calcular la incidencia del sol? ¿Cómo es posible que fueran capaces de encontrar el norte geográfico y magnético de la Tierra y utilizarlos como si tuvieran una brújula mágica? Me posee la historia, me pone los pelos de punta, trago saliva... ¡quiero saber más!. Me pregunto cómo es posible que una civilización tan sencilla fuera capaz de desarrollar maravillas arquitectónicas como Chichén Itzá o Tulum, una ciudad Maya a orillas del Caribe que era también puerto de entrada. Además, en Tulum construyeron también en base al calendario, de manera que el sol se colaba por un determinado punto a una determinada hora durante los equinoccios. Como dirían los romanos acerca de los galos: "esto es cosa de dioses". El pueblo maya se me antoja muy similar al pueblo egipcio, los grabados en los templos, las construcciones piramidales, también politeístas... me resulta interesantísimo que dos civilizaciones tan alejadas sean tan similares. Eso me hace pensar en la predisposición de las civilizaciones hacia el desarrollo y la evolución de una forma prácticamente paralela, como ocurre en el ámbito científico cuando dos personas tienen la misma idea y llevan a cabo proyectos similares sin ni si quiera sospecharlo.
Y hablando de maravillas arquitectónicas, también las hay naturales. Los Cenotes son unas formaciones únicas y peculiares que se encuentran sólo en México. Son una especie de pozos que pueden estar abiertos o cerrados y que se forman por inundaciones de origen kárstico. Es decir, debido a la composición del agua, el pozo va disolviendo la roca cuyo techo a veces acaba por colapsar, formando el cenote abierto. Nadar en estos cenotes es una experiencia sin igual, el agua es totalmente cristalina, pero algunos tienen una profundidad tal que los convierte en verdaderos agujeros negros.

Muchos de estos cenotes eran sagrados para los mayas, en ellos practicaban sacrificios rituales humanos para pedir lluvia a los dioses. De hecho, una de las posibilidades que se barajan para el colapso del pueblo maya es la contaminación del agua por la mala gestión que hacían de ella; a pesar de que utilizaban cenotes diferentes para beber. 
La herencia arqueológica de esta civilización es infinita, puesto que hay miles de templos y pirámides  aún escondidos bajo toneladas de vegetación en la selva. Es mucho más lo que queda por descubrir que lo que hay ya expuesto. 

Algunas ruinas, como la pirámide de Cobá, aún pueden escalarse. Como buenos turistas ávidos de agujetas, subimos los 120 escalones que la elevan a 45 metros del suelo, donde nos espera una vista espectacular y privilegiada de la selva que la rodea y que te hace sentir como si fueras el Rey León. Desde allí se aprecian algunos árboles un poco más elevados, que son pistas inequívocas de otros templos que se esconden bajo ellos. Una vez alcanzada la cima, respiro libertad, filosofía y grandeza, siento vértigo pero no de la altura, sino de la magnitud del mundo que hemos heredado de la historia. Miro hacia abajo y veo pequeñas figuras humanas como nimios habitantes diminutos de un mundo que se escapa a nuestro conocimiento. Poderoso aquel que sabe cosas.. aunque yo cuanto más sé, más ignorante me siento.
 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Cena de empresa

La primera cena de "empresa" de ECUSA en Boston no podía ser en otro sitio que en el Club Deportivo Faialense. Ese lugar que emana un olor rancio que uno se lleva puesto en pelo, ropa y epidermis, y que a pesar de todo cocina el mejor pescado y marisco de toda Nueva Inglaterra. Ahora me paro a pensar que es realmente sorprendente que nunca haya aparecido en Bostonadas, puesto que muchos de los posts de este blog se han forjado más que a medias en este bar portugués con tintes de la España de los 80.
Última reunión del año de la junta de ECUSA Boston. Siempre se nos quedan miles de asuntos pendientes, pero cerramos el año y con él, ponemos el punto y seguido a doce meses de trabajo y esfuerzo desmesurado que nos han colocado ya en la cúspide de la ciencia española en Estados Unidos.
Después de saludar a todos los amigos que se encuentran en el local (que viene a ser lo que uno hace cuando va al bar de la plaza de su pueblo, véase "La Cava" en Humanes) nos sentamos a la mesa reservada con un garabato en una libreta de camarero hace de ya dos semanas. En serio pensé que aquella reserva hecha a las 12 de la noche de un viernes cualquiera, escrita con un boli de propaganda en una libreta de calco, no podía sobrevivir 2 semanas y pincharse en un "reservado" para 16 personas al cabo de los 14 días que eso conlleva... pero mira, me equivoqué, los portugueses son como los españoles, al fin y al cabo, cutres a nivel práctico y sobre todo resueltos.
Mientras pasamos la hora de rigor esperando nuestra cena (esto es costumbre en Faialense, uno sabe que ha de merendar si no quiere pasar la rusca mientras la espera de una a dos horas a ser servido), vamos conociendo a los ECUSA-relativos, que son los santos que esperan en casa con la cena fría mientras que nuestras reuniones, ya sean virtuales, encuentros o eventos, se alargan hasta el infinito y ocurren con bastante frecuencia. Pero oye, que hay que arreglar el mundo, y que alguien tiene que hacerlo. Los ECUSA-relativos son personas interesantísimas que amenizan la velada con la no-ciencia que me encanta. Todos los temas tienen cabida en esta peculiar cena de Navidad. Muchas cenas de empresa en España envidiarían nuestra reunión, no me cabe la menor duda. La comida (aunque se hace esperar) no decepciona en texturas ni sabores: doradas, bacalao, mariscada... regado con vino verde como el de la canción de María la Portuguesa pero sin calor. Aunque lo mejor de la noche viene con el yankee swap, un "amigo invisible" muy especial que estoy segura que en España se pondrá pronto muy de moda si no lo ha hecho ya. Consiste en traer un regalo, ya sea algo barato y hortera que has comprado en el todo a un dólar o algo que tenías por casa y no usabas de puro inútil (bueno, también puede ser útil, pero es menos divertido). Las cosas más variopintas se asoman con descaro por debajo de los papeles de periódico que las contienen. La más cutre, sin duda, plátano+adaptador para USB-mechero de coche que no sabemos si funciona+lápiz de Ikea+una tarjeta de visita de ECUSA. Grande, sin duda, casi tanto como la araña de plástico envuelta en papel higiénico o el luchador mexicano abrebotellas. Aunque lo mejor, sendas latas de berberechos y sepia en su tinta + 3 mazapanes que en un contexto como este podrían llevar a puñaladas. Hay que entenderlo, estamos muy lejos de casa y de las Rías Baixas, es equivalente a una cesta de Navidad con paletilla ibérica. El tema es que, por orden, uno coge un regalo, lo abre, otro decide si roba el regalo abierto o si se arriesga a descubrir una nueva perla oculta entre la sección de contactos y la de deportes. Y así, cuando uno cree que está a salvo porque ha sacado un buen regalo (véase un ferrero rocher gigante), llega otro y te lo roba y tienes que robar a otro o volver a probar suerte en la pila de los ofrecimientos infinitos. La risa está asegurada, así que si no ha llegado aún a vuestras cenas de empresa, ponedlo en marcha que no tiene desperdicio.
Y con esta noche se cierra un año en el que he conocido a gente extraordinaria, en el que hemos trabajado duro para hacer llegar eso que nos apasiona tanto a todos aquellos que siguen pensando que los científicos nos ponemos la bata y jugamos al plantanova durante horas. Se cierra el primer año de vida de ECUSA Boston, un lugar en el que lo que no existe, se crea, y lo que no se escucha, se grita. Se cierra el año, pero se abre una nueva etapa llena de retos y caminos por explorar, sólo que esta vez ya somos una familia que se sienta a la mesa a hablar de todo un poco mientras se prepara para afrontar el día, saldrá mejor o peor, pero le ponemos muchas ganas.





martes, 3 de noviembre de 2015

126.144.000 segundos de felicidad

Cuatro años desde que pisé esta tierra por primera vez, 1.460 días de camino recorrido, 35.040 horas de distancia con el pasado, 2.102.400 minutos de mirar hacia adelante, 126.144.000 segundos de felicidad.
Otras veces ya os conté lo que pesaba la maleta, las ilusiones no son ligeras, pero los recuerdos pesan como el plomo. Al principio no quise comprar muchos muebles, ni vasos, nada de adornos... estuve seis meses sin sofá y resistiéndome a la idea de invertir a fondo perdido. Vivía con la certeza de que en cualquier momento mi vida podía volver a cambiar... certeza que aún conservo por si las moscas. Sin embargo, ahora miro estas paredes, las mismas que hace 4 años estaban vacías de vida, y sólo veo historia en ellas, recuerdos que se apoyan en los marcos de las ventanas, sonrisas que se cuelgan con pincitas a medio volar, momentos en los que ha consistido mi vida durante este tiempo. Siento que he hecho más cosas en estos 4 años que en los últimos 15 años de mi vida; y probablemente es cierto, porque aquí ha dejado de ser un incordio que sea domingo por la tarde. La vida ya no se cuenta en tiempos de espera: primero que llegue el viernes, las navidades, el verano... y se van pasando los días con la prisa del que se aloja en el futuro. Yo me alojo en el presente, me requedo en él, pero sin apego excesivo por el momento que ha pasado, asumo que ya se fue.
Pero si algo he coleccionado en estos 48 meses en Boston, han sido amigos. Desde el primer día fueron apareciendo todas esas caras nuevas con historias apasionantes, y si algo tiene bueno y malo esta ciudad, es que es raro el mes que no se va o llega alguien. Uno acaba acostumbrándose a decir hasta luego, y empatiza con la necesidad de los "holas" recién llegados. Ahora ya soy veterana y guía de muchas llegadas, y eso me da cierta seguridad a la hora de manejarme por este lado del mar.
Hago balance de mi vida dividiéndola en un extraño equilibrio completamente desigual, 31 años por un lado y 4 años por otro. Y es curioso lo que pueden llegar a pesar los besos de plomo, los abrazos que aún están enteros, las miradas que esconden luz asomando por las pupilas, las sonrisas gratuitas que se visten de carcajada. En estos 4 años, quizás también por la edad en la que han ocurrido, he vivido tan intensamente que a veces me parece que llevo aquí ya una década. Sin embargo, cuando pienso en aquella muchacha que tocó fondo en tierra yanqui para resurgir de las cenizas que transportaba desde España, me parece imposible haber aprendido tanto en tan poco tiempo. La superación es una meta difícil que muchos nos imponemos por voluntad propia. En la dificultad está la satisfacción una vez conseguido el logro, cuando vuelas y miras hacia abajo y comprendes lo alto que has subido. A veces da vértigo, quizás porque sabes que para mantener el vuelo tienes que batir las alas muy fuerte, constantemente... sin descanso. O quizás porque eres consciente de que un día puedes caerte y hacerte pedazos contra el suelo. Pero yo ya fui pedazos una vez, incluso fui de cartón, una vez existí en blanco y negro. En 35.040 horas las roturas han anudado, la aleación de cartón y piedra es ahora de colores y waterproof, pero sobre todo, he vivido los 2.102.400 minutos más felices de toda mi vida. Bueno, vale, quizás durante los primeros 525.600 viví dentro de una caja de cartón mojado por la lluvia tratando de secarme... pero todo el mundo sabe que la humedad es necesaria para la floración.

viernes, 23 de octubre de 2015

Poets´ café

La casa de Alan, que ayer se llenaba de vino y mestizos en la cocina, es hoy un salón improvisado que invita a los extraños a quedarse un rato, a entrar en su mundo, a escuchar su guitarra llorando acordes que se disipan por el aire... a abrir el alma y dejar que entre en ella la rima y todo ese duende que se esconde en las palabras. Poesía derramada que nos empapa los pies, salpicándonos de emociones que apenas pueden reprimirse... Poesía local, y sin embargo tan a la altura de grandes poetas clásicos y modernos que hemos de dejar que su soledad nos sirva de necio rasero.
En la imaginación de los poetas, un fantasma vestido de negro se desgarra la voz dejando paso al artista, a un poeta se le debe permitir todo; sobre todo si es una mujer, como Jessie, que nos sorprende con una fuerza inaudita para caber en un cuerpo tan pequeño, nos sorprende con la pasión escrita en dos lenguas que narran diferentes aspectos de su vida y de su historia... "desgraciadamente, he vivido". Hijos de una tierra lejana a la que hemos viajado esta tarde subidos en los versos, a caballos asonantes y rítmicos galopantes, que no pueden contener la prisa ni la pausa.
Y luego está Juan, ese loco que escribe al amor con amor y sangre, ese romántico que escribió las cartas de Medea, y que desde su torre a los pies del río Charles envía suspiros epistolares que atraviesan las gargantas y se traducen a pesar de la innumerable soledad, tropezándose justo antes de llegar a las manos de Álvaro, que está tan cerca que casi duele pensarlo.
La poesía me deja un sabor dulce que se mezcla con el vino, no he sabido sino acariciar las palabras que pasaron por mi lado, era un pecado quedárselas. Otros derramaron poesía sobre mí, y me dejé hacer, porque a mis oídos se convierte en nana y en segundas intenciones, en vivencias, en recuerdos, en versos que se apretujan en las palmas de mis manos, en imágenes que a mi memoria, se empeñan en que he vivido.
Escena Latina es un edén donde convergen los poetas, los artistas y las palabras más bonitas del inglés y el castellano, donde al llamar a la puerta puede abrirte Puerto Rico, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Santo Domingo, Perú, Norteamérica o España, ofreciendo un beso o dos según el tono de las mejillas y el color de las palabras.

lunes, 19 de octubre de 2015

Lo efímero del otoño

Lo efímero del otoño, ¿qué digo efímero? insultantemente inexistente. Que hasta la hoja, más que caerse, ha tenido que tirarse del árbol a toda prisa ante la amenaza de quedarse helada sobre la yema desnuda y desprovista de piedad. Tonos arena, camel, fuego, tabaco, henna... y un sinfín de nombres exóticos que los diseñadores conjugan con gracia para bautizar los distintos tonos de marrón y rojos que protagonizan todas las colecciones otoño-invierno.
Este año el mapa hojarístico se ha apresurado a oscurecer el norte, y nos ha dejado fuera de juego en New Hampshire, Maine y el norte de Massachusetts. Menos mal que pudimos ir a pasear por la reserva Breakheart cuando el paraíso otoñal aún se vestía de gala.

Antes de quedarse como el pan requemado, un tono chungo que nadie quiere para sus fotos de portada, una especie de marrón chocolate, pero chocolate amargo, más bien para quedarte en casa y hacértelo a la taza. Por eso mismo nos quedamos sin ir a Vermont, que podríamos ir, pero eso sí, a recoger hojas caídas... porque lo que es en las ramas ya no quedan ni acículas sueltas. Me parece que nos vamos a tener que conformar con el oeste de Massachusetts, o Rhode Island a lo sumo, para ver la caída de la hoja 2015.
Este otoño, por vez primera y dirigiéndome ya hacia mi quinto invierno en Nueva Inglaterra, me encuentro más acobardada que nunca por iconos que marcan copitos de nieve y una rayita a la izquierda del número. ¡Si es que hace menos de un mes estábamos de manga corta... no me ha dado tiempo a hacerme a la idea!
Tengo miedo del pele, de los dedos agarrotados, del moquillo resbaloso y de los frigopiés. Tengo miedo del encuentro, como diría Gardel, porque no sólo mi frente está más que marchita, también las nieves del tiempo platearon mi sien, y como caigan igual que el año pasado, supero a Miliki peinando canas. Y sí, tengo miedo de las noches en las que las sábanas escuecen y la punta de la nariz no se aclimata ni en casa, tengo miedo de esas cajas donde guardo mis zapatos de verano como cadáveres apuñalados de aberturas y colores imposibles. Tengo miedo de las perchas, abarrotadas de abrigos y de los extremos de las bufandas que se escurren por el armario. Tengo miedo de las pantuflas abotinadas que nunca son suficientes para aislar de la terca baldosa gélida del cuarto de baño. Tengo miedo de las plantas que mueren sin dilación cuando va entrando noviembre. Tengo miedo de las noches que empiezan después de comer, que se requedan burlonas y van agotando los días. Tengo miedo del retorno del largo invierno bostoniano... Y aunque el hielo todo lo destruye, aún no ha matado mi vieja ilusión, y es que guardo escondida la esperanza humilde de que este año el invierno se llame calor.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Primer encuentro de científicos españoles en USA: Washington DC, entre bastidores

He de reconocer que al principio no me seducía la idea… ¿para qué contarle mi ciencia a un puñado de españoles, eminencias, eso sí… si ninguno de ellos trabaja si quiera en mi campo? ¿qué puedo aportar o rescatar de un encuentro de científicos españoles en USA?
Pero eso fue antes de entender que uno siempre debe conocer el público al que va a dirigirse antes de preparar una ponencia sobre cualquier tema. Las charlas divulgativas resultan tan inteligibles y entretenidas que hasta hay que cortar por falta de tiempo de lo mucho que se alargan en discusiones y preguntas. La avidez de conocimiento nos trajo aquí, y nos lleva de un lado a otro sin contar con nuestra voluntad… y que así sea siempre. Pronto comprendí que no sólo es importante lo que uno hace en el laboratorio o el despacho, sino la manera de transmitirlo más allá del oído experto de los congresos especializados.
En el encuentro de españoles científicos en USA que tuvo lugar en Washington la semana pasada se escucharon nombres tan importantes como Valentín Fuster, Emilio Castilla o Susana Martínez Conde, entre otros muchos que ya han quedado citados en otras crónicas. Pero no sólo resonaron sus nombres, sino sus voces… esas voces con acento español que tanto tratamos de disimular en inglés, y que son, en cambio, el orgullo de nuestra nación, porque han sido capaces de traspasar fronteras y asentarse entre los grandes en los Estados Unidos de América, como hiciera en su día el gran Severo Ochoa. Y sentados en ese trono de sabiduría que se construyeron a base de experiencia y esfuerzo, nos hablan de su ciencia y de su trayectoria profesional en una lengua y un contexto tan cercano que nos parece imposible la empatía que sentimos.
Uno llega a este país sujetando su título humildemente bajo el brazo, sintiéndose diminuto entre todos esos doctores de Harvard y otras universidades de prestigio que lanzaron su birrete a un cielo pintado de barras y estrellas. Uno tarda mucho tiempo en descubrir que en España se forman mentes maravillosas, que tenemos una suerte inmensa con el sistema educativo para todos, que sólo nos falta querernos un poco más para comernos el mundo y disfrutar del éxito. Por eso es loable el esfuerzo que han hecho todos los ponentes y asistentes a este evento que, de manera totalmente altruista han querido devolverle al mundo un FAVOR con mayúsculas, regalándonos su experiencia y generando un ambiente cercano con los pies en una tierra que a menudo es bastante fría en las relaciones profesionales.
ECUSA ha formado parte de un momento mágico, situándose en el punto donde convergen todos los caminos, los que empiezan a recorrer aquellos que acaban de llegar y los que han ido trazando al pasar de muchos años todos esos cuyos currículums no se pueden encuadernar ya con una grapa. Gracias a la divulgación y al interés general, España se ha hecho eco de este pistoletazo de salida que esperamos traiga un antes y un después para la ciencia hecha por españoles. Tanto la FECYT y otras instituciones españolas como los sponsors y los que estamos aquí formando ECUSA hemos trabajado duro para crear un punto de inflexión en la historia de la ciencia española. Por eso sus Majestades los Reyes D. Felipe y D. Letizia no han querido perdérselo, y haciendo honor a su fama de “campechanos” compartieron con nosotros una noche llena de ilusiones, esperanza y buenas palabras, comprometiéndose a formar parte del cambio. ¡Si hasta se hicieron una selfie con los miembros de ECUSA!

Ya no queremos oír que no hay dinero para investigar, que la ciencia es un sueño que sólo se vive más allá de nuestras fronteras. Al contrario, este acto nos ha dado una inyección de energía positiva y de ganas de cambiar el mundo, y de pensar que políticos y científicos podemos hablar el mismo idioma, el español.