Cuatro años desde que pisé esta tierra por primera vez, 1.460 días de camino recorrido, 35.040 horas de distancia con el pasado, 2.102.400 minutos de mirar hacia adelante, 126.144.000 segundos de felicidad.
Otras veces ya os conté lo que pesaba la maleta, las ilusiones no son ligeras, pero los recuerdos pesan como el plomo. Al principio no quise comprar muchos muebles, ni vasos, nada de adornos... estuve seis meses sin sofá y resistiéndome a la idea de invertir a fondo perdido. Vivía con la certeza de que en cualquier momento mi vida podía volver a cambiar... certeza que aún conservo por si las moscas. Sin embargo, ahora miro estas paredes, las mismas que hace 4 años estaban vacías de vida, y sólo veo historia en ellas, recuerdos que se apoyan en los marcos de las ventanas, sonrisas que se cuelgan con pincitas a medio volar, momentos en los que ha consistido mi vida durante este tiempo. Siento que he hecho más cosas en estos 4 años que en los últimos 15 años de mi vida; y probablemente es cierto, porque aquí ha dejado de ser un incordio que sea domingo por la tarde. La vida ya no se cuenta en tiempos de espera: primero que llegue el viernes, las navidades, el verano... y se van pasando los días con la prisa del que se aloja en el futuro. Yo me alojo en el presente, me requedo en él, pero sin apego excesivo por el momento que ha pasado, asumo que ya se fue.
Pero si algo he coleccionado en estos 48 meses en Boston, han sido amigos. Desde el primer día fueron apareciendo todas esas caras nuevas con historias apasionantes, y si algo tiene bueno y malo esta ciudad, es que es raro el mes que no se va o llega alguien. Uno acaba acostumbrándose a decir hasta luego, y empatiza con la necesidad de los "holas" recién llegados. Ahora ya soy veterana y guía de muchas llegadas, y eso me da cierta seguridad a la hora de manejarme por este lado del mar.
Hago balance de mi vida dividiéndola en un extraño equilibrio completamente desigual, 31 años por un lado y 4 años por otro. Y es curioso lo que pueden llegar a pesar los besos de plomo, los abrazos que aún están enteros, las miradas que esconden luz asomando por las pupilas, las sonrisas gratuitas que se visten de carcajada. En estos 4 años, quizás también por la edad en la que han ocurrido, he vivido tan intensamente que a veces me parece que llevo aquí ya una década. Sin embargo, cuando pienso en aquella muchacha que tocó fondo en tierra yanqui para resurgir de las cenizas que transportaba desde España, me parece imposible haber aprendido tanto en tan poco tiempo. La superación es una meta difícil que muchos nos imponemos por voluntad propia. En la dificultad está la satisfacción una vez conseguido el logro, cuando vuelas y miras hacia abajo y comprendes lo alto que has subido. A veces da vértigo, quizás porque sabes que para mantener el vuelo tienes que batir las alas muy fuerte, constantemente... sin descanso. O quizás porque eres consciente de que un día puedes caerte y hacerte pedazos contra el suelo. Pero yo ya fui pedazos una vez, incluso fui de cartón, una vez existí en blanco y negro. En 35.040 horas las roturas han anudado, la aleación de cartón y piedra es ahora de colores y waterproof, pero sobre todo, he vivido los 2.102.400 minutos más felices de toda mi vida. Bueno, vale, quizás durante los primeros 525.600 viví dentro de una caja de cartón mojado por la lluvia tratando de secarme... pero todo el mundo sabe que la humedad es necesaria para la floración.
martes, 3 de noviembre de 2015
viernes, 23 de octubre de 2015
Poets´ café
La casa de Alan, que ayer se llenaba de vino y mestizos en la cocina, es hoy un salón improvisado que invita a los extraños a quedarse un rato, a entrar en su mundo, a escuchar su guitarra llorando acordes que se disipan por el aire... a abrir el alma y dejar que entre en ella la rima y todo ese duende que se esconde en las palabras. Poesía derramada que nos empapa los pies, salpicándonos de emociones que apenas pueden reprimirse... Poesía local, y sin embargo tan a la altura de grandes poetas clásicos y modernos que hemos de dejar que su soledad nos sirva de necio rasero.
En la imaginación de los poetas, un fantasma vestido de negro se desgarra la voz dejando paso al artista, a un poeta se le debe permitir todo; sobre todo si es una mujer, como Jessie, que nos sorprende con una fuerza inaudita para caber en un cuerpo tan pequeño, nos sorprende con la pasión escrita en dos lenguas que narran diferentes aspectos de su vida y de su historia... "desgraciadamente, he vivido". Hijos de una tierra lejana a la que hemos viajado esta tarde subidos en los versos, a caballos asonantes y rítmicos galopantes, que no pueden contener la prisa ni la pausa.
Y luego está Juan, ese loco que escribe al amor con amor y sangre, ese romántico que escribió las cartas de Medea, y que desde su torre a los pies del río Charles envía suspiros epistolares que atraviesan las gargantas y se traducen a pesar de la innumerable soledad, tropezándose justo antes de llegar a las manos de Álvaro, que está tan cerca que casi duele pensarlo.
La poesía me deja un sabor dulce que se mezcla con el vino, no he sabido sino acariciar las palabras que pasaron por mi lado, era un pecado quedárselas. Otros derramaron poesía sobre mí, y me dejé hacer, porque a mis oídos se convierte en nana y en segundas intenciones, en vivencias, en recuerdos, en versos que se apretujan en las palmas de mis manos, en imágenes que a mi memoria, se empeñan en que he vivido.
Escena Latina es un edén donde convergen los poetas, los artistas y las palabras más bonitas del inglés y el castellano, donde al llamar a la puerta puede abrirte Puerto Rico, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Santo Domingo, Perú, Norteamérica o España, ofreciendo un beso o dos según el tono de las mejillas y el color de las palabras.
En la imaginación de los poetas, un fantasma vestido de negro se desgarra la voz dejando paso al artista, a un poeta se le debe permitir todo; sobre todo si es una mujer, como Jessie, que nos sorprende con una fuerza inaudita para caber en un cuerpo tan pequeño, nos sorprende con la pasión escrita en dos lenguas que narran diferentes aspectos de su vida y de su historia... "desgraciadamente, he vivido". Hijos de una tierra lejana a la que hemos viajado esta tarde subidos en los versos, a caballos asonantes y rítmicos galopantes, que no pueden contener la prisa ni la pausa.
Y luego está Juan, ese loco que escribe al amor con amor y sangre, ese romántico que escribió las cartas de Medea, y que desde su torre a los pies del río Charles envía suspiros epistolares que atraviesan las gargantas y se traducen a pesar de la innumerable soledad, tropezándose justo antes de llegar a las manos de Álvaro, que está tan cerca que casi duele pensarlo.
La poesía me deja un sabor dulce que se mezcla con el vino, no he sabido sino acariciar las palabras que pasaron por mi lado, era un pecado quedárselas. Otros derramaron poesía sobre mí, y me dejé hacer, porque a mis oídos se convierte en nana y en segundas intenciones, en vivencias, en recuerdos, en versos que se apretujan en las palmas de mis manos, en imágenes que a mi memoria, se empeñan en que he vivido.
Escena Latina es un edén donde convergen los poetas, los artistas y las palabras más bonitas del inglés y el castellano, donde al llamar a la puerta puede abrirte Puerto Rico, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Santo Domingo, Perú, Norteamérica o España, ofreciendo un beso o dos según el tono de las mejillas y el color de las palabras.
lunes, 19 de octubre de 2015
Lo efímero del otoño
Lo efímero del otoño, ¿qué digo efímero? insultantemente inexistente. Que hasta la hoja, más que caerse, ha tenido que tirarse del árbol a toda prisa ante la amenaza de quedarse helada sobre la yema desnuda y desprovista de piedad. Tonos arena, camel, fuego, tabaco, henna... y un sinfín de nombres exóticos que los diseñadores conjugan con gracia para bautizar los distintos tonos de marrón y rojos que protagonizan todas las colecciones otoño-invierno.Este año el mapa hojarístico se ha apresurado a oscurecer el norte, y nos ha dejado fuera de juego en New Hampshire, Maine y el norte de Massachusetts. Menos mal que pudimos ir a pasear por la reserva Breakheart cuando el paraíso otoñal aún se vestía de gala.
Antes de quedarse como el pan requemado, un tono chungo que nadie quiere para sus fotos de portada, una especie de marrón chocolate, pero chocolate amargo, más bien para quedarte en casa y hacértelo a la taza. Por eso mismo nos quedamos sin ir a Vermont, que podríamos ir, pero eso sí, a recoger hojas caídas... porque lo que es en las ramas ya no quedan ni acículas sueltas. Me parece que nos vamos a tener que conformar con el oeste de Massachusetts, o Rhode Island a lo sumo, para ver la caída de la hoja 2015.
Este otoño, por vez primera y dirigiéndome ya hacia mi quinto invierno en Nueva Inglaterra, me encuentro más acobardada que nunca por iconos que marcan copitos de nieve y una rayita a la izquierda del número. ¡Si es que hace menos de un mes estábamos de manga corta... no me ha dado tiempo a hacerme a la idea!
Tengo miedo del pele, de los dedos agarrotados, del moquillo resbaloso y de los frigopiés. Tengo miedo del encuentro, como diría Gardel, porque no sólo mi frente está más que marchita, también las nieves del tiempo platearon mi sien, y como caigan igual que el año pasado, supero a Miliki peinando canas. Y sí, tengo miedo de las noches en las que las sábanas escuecen y la punta de la nariz no se aclimata ni en casa, tengo miedo de esas cajas donde guardo mis zapatos de verano como cadáveres apuñalados de aberturas y colores imposibles. Tengo miedo de las perchas, abarrotadas de abrigos y de los extremos de las bufandas que se escurren por el armario. Tengo miedo de las pantuflas abotinadas que nunca son suficientes para aislar de la terca baldosa gélida del cuarto de baño. Tengo miedo de las plantas que mueren sin dilación cuando va entrando noviembre. Tengo miedo de las noches que empiezan después de comer, que se requedan burlonas y van agotando los días. Tengo miedo del retorno del largo invierno bostoniano... Y aunque el hielo todo lo destruye, aún no ha matado mi vieja ilusión, y es que guardo escondida la esperanza humilde de que este año el invierno se llame calor.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Primer encuentro de científicos españoles en USA: Washington DC, entre bastidores
He de reconocer que al principio no me
seducía la idea… ¿para qué contarle mi ciencia a un puñado de españoles,
eminencias, eso sí… si ninguno de ellos trabaja si quiera en mi campo? ¿qué
puedo aportar o rescatar de un encuentro de científicos españoles en USA?
Pero eso fue antes de entender que uno
siempre debe conocer el público al que va a dirigirse antes de preparar una
ponencia sobre cualquier tema. Las charlas divulgativas resultan tan
inteligibles y entretenidas que hasta hay que cortar por falta de tiempo de lo
mucho que se alargan en discusiones y preguntas. La avidez de conocimiento nos
trajo aquí, y nos lleva de un lado a otro sin contar con nuestra voluntad… y
que así sea siempre. Pronto comprendí que no sólo es importante lo que uno hace
en el laboratorio o el despacho, sino la manera de transmitirlo más allá del
oído experto de los congresos especializados.
En el encuentro de españoles científicos
en USA que tuvo lugar en Washington la semana pasada se escucharon nombres tan
importantes como Valentín Fuster, Emilio Castilla o Susana Martínez Conde,
entre otros muchos que ya han quedado citados en otras crónicas. Pero no sólo
resonaron sus nombres, sino sus voces… esas voces con acento español que tanto
tratamos de disimular en inglés, y que son, en cambio, el orgullo de nuestra
nación, porque han sido capaces de traspasar fronteras y asentarse entre los
grandes en los Estados Unidos de América, como hiciera en su día el gran Severo
Ochoa. Y sentados en ese trono de sabiduría que se construyeron a base de
experiencia y esfuerzo, nos hablan de su ciencia y de su trayectoria
profesional en una lengua y un contexto tan cercano que nos parece imposible la
empatía que sentimos.
Uno llega a este país sujetando su título
humildemente bajo el brazo, sintiéndose diminuto entre todos esos doctores de
Harvard y otras universidades de prestigio que lanzaron su birrete a un cielo
pintado de barras y estrellas. Uno tarda mucho tiempo en descubrir que en
España se forman mentes maravillosas, que tenemos una suerte inmensa con el
sistema educativo para todos, que sólo nos falta querernos un poco más para
comernos el mundo y disfrutar del éxito. Por eso es loable el esfuerzo que han
hecho todos los ponentes y asistentes a este evento que, de manera totalmente
altruista han querido devolverle al mundo un FAVOR con mayúsculas, regalándonos
su experiencia y generando un ambiente cercano con los pies en una tierra que a
menudo es bastante fría en las relaciones profesionales.
Ya no queremos oír que no hay dinero para
investigar, que la ciencia es un sueño que sólo se vive más allá de nuestras
fronteras. Al contrario, este acto nos ha dado una inyección de energía
positiva y de ganas de cambiar el mundo, y de pensar que políticos y
científicos podemos hablar el mismo idioma, el español.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Vuelta a los 15 años
Esas canciones tienen un poder mágico que acciona un interruptor en mi corazón. No es cerebral, es extraño. Oigo los primeros acordes y ya se me agolpan las lágrimas a las puertas de los ojos, porque han pasado tantas cosas, porque hemos vivido tanto, porque siempre até mis recuerdos con sus frases, y porque de esa manera se hallan ahora enhebrados en mi corazón ignorando mi voluntad. Me encuentro invadida por un sentimiento propio y a la vez ajeno que no puedo controlar y que dicta mis emociones como si fuera una hormona premenstrual. Los acordes se persiguen y me arrastran por el tiempo haciendo que cada vez sea más intenso e irracional este amor de adolescente que por mucho que se haya ido a vivir a Boston y trabaje en Harvard sigue perdiendo los papeles en cada concierto, desgañitándose hasta hacer añicos los acordes de su propia voz perdidos en una melodía desafinada de sobreexpresión y bailes. Pocas cosas en la vida me emocionan con la misma vehemencia, por eso merece la pena abrir el mundo en dos y subirse a este tren de los momentos. Porque hay cosas en la vida que no pueden conseguirse más que viviendo deprisa, pisando fuerte y compartiendo las miradas con el alma al aire, porque luego, cuando estemos a solas mi soledad y yo, podré curarme el corazón partío con todo aquello que me diste.
lunes, 24 de agosto de 2015
Covi, ¿como Kobe Bryant?
Ya la segunda vez, la primera hace tres años, cuando aún no existían casi risas, ni muebles, ni costumbres, ni amigos, ni lugares cotidianos... Por eso también fue importante, porque cuando uno construye la vida a base de buenos recuerdos, en algún momento hay que empezar a crearlos. La parte difícil de cuando vienen las visitas y aún no eres de allí, es que no puedes ejercer de guía de los mejores lugares, de las cosas chulas, de lo que no viene en las guías turísticas.
Lo mismo ocurrió en Sevilla, que viniste cuando aún vivía en aquel gua que olía a vieja y a baño compartido... Sin embargo nos reímos mucho rato, de casi todo, y paseamos por el parque de María Luisa en aquella bicicleta con tejadito que nos hacía tanta gracia. Luego vinieron las caminatas de las que tanto te quejabas con la boca chica, y el calor... qué calor hacía en Sevilla! Boston era otro cantar, sólo diez veces más lejos... a seis horas de avión en vez de autobús... pero las mismas experiencias por vivir.


Un mes dio para mucho, y sin embargo, te dejaste tantas cosas que has tenido que volver. Y qué diferente esta vez, ¿no es cierto? no sólo porque el hogar se ha ido haciendo de calor humano y felicidad, sino porque nosotras ya somos otras... otras y a la vez las mismas. Las mismas de las barbacoas de los treintayunos de agosto, las mismas de los halloweenes de los treintayunos de octubre, las mismas que heredaban ropa y por algún tiempo también zapatos... las que han ido recogiendo lo mejor de cada encuentro para componer un collage de marcos de papel maché.
Diez días pasan demasiado deprisa, aunque hemos hecho tantas cosas que apenas ha habido tiempo de lamentarse, no hasta este momento, en el que tu vuelas sobre algún punto del océano Atlántico y yo escribo en mi ordenador de hipster tus buenos días de mañana. Ahora que he llegado a casa y encontré esa nota en la nevera, oliendo a familia y a cariño que se han quedado impregnados por todas partes, empiezo a echarte de menos y a sonreír porque me has dejado algunos "¿te acuerdas?" para el futuro.
Tengo que construir este recuerdo para no olvidar la adrenalina en las motos de agua (sobre todo antes de volcar), ni tus gafas de sol graduadas haciendo fango en el fondo del mar, ¿quién te manda no llevar una cintita? También quiero en este recuerdo las patatas fritas del faro de Cabo Bacalao, los saltos en la playa atardeciendo detrás de la tormenta, las focas que nadaban como "señoras que", las ballenas que vinieron a bucear bajo nuestro barco, la barbacoa que improvisamos ese jueves por la tarde, tu cara de felicidad probando la bendita MIT-rueda, las pelis, el brunch, Falete, las compras incompulsivas que nunca aprenderás, los margaritas, los mojitos en lo más alto de la ciudad, lugares finos de ir en chanclas made in USA... los ratitos de conocerte un poquito más (que te dejas muy poco para mi gusto)... pero sobre todo: las salchipapas! qué cosa tan sabrosa ;)
Curiosamente la vida es un lugar en el que parece que hay tiempo para todo, será por eso que a menudo obviamos las cosas pequeñas, contamos con ellas porque siempre están ahí, siempre han estado. Sin embargo a mí me gusta atesorar esas pequeñas cosas, desde siempre... (hace unos días encontré en una caja de recuerdos el menú de tu comunión, no te digo más...) y en la colección de detalles tangibles e intangibles que he ido recopilando a lo largo de muchos años, he encontrado muchas veces un refugio al que escapar, al que viajo con la mente cuando me parece que España está demasiado lejos, o que el tiempo ha pasado demasiado deprisa, o que las cosas han salido por un flanco inesperado. Será casualidad, o no, pero contigo he atesorado momentos en todas las geografías en las que me tocó sobrevivir, ya ves, pequeños detalles...y aunque en general los amigos se escogen y la familia te toca por genealogía, me considero afortunada porque en mi árbol de la vida, una pequeña ramita llamada Covi siempre crece en paralelo a la mía. Gracias por estar ahí siempre y por venir a vernos. Ya te echamos de menos, Cuqui!
Lo mismo ocurrió en Sevilla, que viniste cuando aún vivía en aquel gua que olía a vieja y a baño compartido... Sin embargo nos reímos mucho rato, de casi todo, y paseamos por el parque de María Luisa en aquella bicicleta con tejadito que nos hacía tanta gracia. Luego vinieron las caminatas de las que tanto te quejabas con la boca chica, y el calor... qué calor hacía en Sevilla! Boston era otro cantar, sólo diez veces más lejos... a seis horas de avión en vez de autobús... pero las mismas experiencias por vivir.


Un mes dio para mucho, y sin embargo, te dejaste tantas cosas que has tenido que volver. Y qué diferente esta vez, ¿no es cierto? no sólo porque el hogar se ha ido haciendo de calor humano y felicidad, sino porque nosotras ya somos otras... otras y a la vez las mismas. Las mismas de las barbacoas de los treintayunos de agosto, las mismas de los halloweenes de los treintayunos de octubre, las mismas que heredaban ropa y por algún tiempo también zapatos... las que han ido recogiendo lo mejor de cada encuentro para componer un collage de marcos de papel maché.
Diez días pasan demasiado deprisa, aunque hemos hecho tantas cosas que apenas ha habido tiempo de lamentarse, no hasta este momento, en el que tu vuelas sobre algún punto del océano Atlántico y yo escribo en mi ordenador de hipster tus buenos días de mañana. Ahora que he llegado a casa y encontré esa nota en la nevera, oliendo a familia y a cariño que se han quedado impregnados por todas partes, empiezo a echarte de menos y a sonreír porque me has dejado algunos "¿te acuerdas?" para el futuro.
Tengo que construir este recuerdo para no olvidar la adrenalina en las motos de agua (sobre todo antes de volcar), ni tus gafas de sol graduadas haciendo fango en el fondo del mar, ¿quién te manda no llevar una cintita? También quiero en este recuerdo las patatas fritas del faro de Cabo Bacalao, los saltos en la playa atardeciendo detrás de la tormenta, las focas que nadaban como "señoras que", las ballenas que vinieron a bucear bajo nuestro barco, la barbacoa que improvisamos ese jueves por la tarde, tu cara de felicidad probando la bendita MIT-rueda, las pelis, el brunch, Falete, las compras incompulsivas que nunca aprenderás, los margaritas, los mojitos en lo más alto de la ciudad, lugares finos de ir en chanclas made in USA... los ratitos de conocerte un poquito más (que te dejas muy poco para mi gusto)... pero sobre todo: las salchipapas! qué cosa tan sabrosa ;)Curiosamente la vida es un lugar en el que parece que hay tiempo para todo, será por eso que a menudo obviamos las cosas pequeñas, contamos con ellas porque siempre están ahí, siempre han estado. Sin embargo a mí me gusta atesorar esas pequeñas cosas, desde siempre... (hace unos días encontré en una caja de recuerdos el menú de tu comunión, no te digo más...) y en la colección de detalles tangibles e intangibles que he ido recopilando a lo largo de muchos años, he encontrado muchas veces un refugio al que escapar, al que viajo con la mente cuando me parece que España está demasiado lejos, o que el tiempo ha pasado demasiado deprisa, o que las cosas han salido por un flanco inesperado. Será casualidad, o no, pero contigo he atesorado momentos en todas las geografías en las que me tocó sobrevivir, ya ves, pequeños detalles...y aunque en general los amigos se escogen y la familia te toca por genealogía, me considero afortunada porque en mi árbol de la vida, una pequeña ramita llamada Covi siempre crece en paralelo a la mía. Gracias por estar ahí siempre y por venir a vernos. Ya te echamos de menos, Cuqui!
lunes, 10 de agosto de 2015
Primera Jornada de Asesoramiento IMP: “Lecciones aprendidas desde EEUU: Asesoramiento y tutelaje de jóvenes estudiantes e investigadores españoles”
La Universidad de Valencia abre sus puertas al primer encuentro internacional de mentores, estudiantes (a falta de un término más adecuado para denominar a los mentees) y representantes de las diversas universidades que han participado en el programa piloto ECUSA-IMP 2014-2015. D. Esteban Morcillo Sánchez, excelentísimo rector de la universidad de Valencia inauguraba el evento presidiendo la primera mesa redonda, que contó con otros ponentes de lujo como la secretaria de estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, D. Carmen Vela, la vicepresidenta de ECUSA, Dra. Teresa Nieves Chinchilla, la presidenta del programa IMP, Dra. Zafira Castaño, el delegado del gobierno en la Comunidad Valenciana, Sr. D. Juan Carlos Moragues Ferrer, y el representante de la Ciudad de Valencia, Sr. D Joan Calabuig Rull. Además contamos con la participación del Director Territorial del Banco Santander, Sr. D. Antonio Valldecabres y la Cátedra Príncipe de Asturias de Georgetown University, Sr. D. Jorge Garcés. Todos dedicaron unas palabras en reconocimiento de la ciencia, la tecnología y la investigación llevada a cabo por españoles fuera y dentro de nuestro país. Mentes brillantes, formadas en universidades españolas, que han llegado a Estados Unidos pisando fuerte en centros de excelencia como NASA, Harvard University, MIT y John Hopkins entre otros.
De
izquierda a derecha: D. Teresa Nieves Chinchilla, vicepresidenta de
ECUSA, D. Joan Calabuig Rull, Teniente Alcalde de Valencia, D.
Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, D. Esteban Morcillo
Sánchez, excelentísimo Rector de la Universidad de Valencia, D. Juan Carlos
Moragues Ferrer, Delegado de Gobierno de la Comunidad Valenciana, D. Zafira
Castaño, presidenta y fundadora del programa IMP, D. Antonio Valldecabres,
Director Territorial del Banco Santander.
Mesa 2: componentes de las 5 universidades que han participado este año en el programa piloto IMP hablaron acerca de la internacionalización del talento español. Idas y venidas de sueños e ilusiones que fueron tejiendo una realidad más allá de nuestras fronteras. Para algunos, el paso por centros extranjeros ha supuesto un trampolín imprescindible para llegar a lo más alto de sus carreras, o quizás al primer escalón de esa escalera que les conducirá al éxito. Éxito, una palabra controvertida que resonó en diversas ocasiones a lo largo de la jornada, trayendo el sabor agridulce del esfuerzo y la recompensa del trabajo de muchos años, que no siempre tiene la forma que todos quisiéramos. ¿Es necesario irse al extranjero? ¿Por qué es tan difícil volver? Los que estamos de paso alzamos nuestras voces para romper una lanza en favor de nuestra ciencia: los científicos españoles estamos muy bien valorados en centros extranjeros, sin embargo, en España aún existe ese miedo a las sombras que proyectan los más jóvenes. Sillas calientes que tienen un nombre grabado en el respaldo y que adulteran el sistema con incompetencia y desidia. Volver es a menudo una utopía en la que todos quisiéramos vivir, un centro de trabajo completamente equipado, con salarios dignos y artículos “in press”, y abajo una cafetería donde almorzar bocatas de jamón y pinchos de tortilla. Ojalá dentro de poco, y con la ayuda de programas como IMP, podamos hacer de esta utopía una realidad sostenible.
Mesa 2: Representantes de las 5 universidades participantes en el programa IMP 2014-2015.
Mesa 3: Investigación y asesoramiento en el extranjero en búsqueda del correcto equilibrio. Cinco mentores cuyo talento ha sido reconocido en forma de becas, premios o puestos de trabajo como líderes de sus propios laboratorios, dieron sus puntos de vista acerca de la búsqueda del correcto equilibrio a la hora de asesorar a los estudiantes a través del programa. El buen mentor ha de poseer empatía y objetividad, saber escuchar y aconsejar desde unos lazos que no son afectivos ni profesionales, por lo que carecen de cualquier subjetividad, juicio o sentimiento que pueda empañar el asesoramiento objetivo o condicionar las decisiones del estudiante. Al mismo tiempo, el mentor ha de inyectar una dosis de positividad y descubrir al mentee lo importante que es soñar, así como mostrarle el abanico de posibilidades que se abren ante él, la mayoría de ellas a menudo desconocidas. La libertad de elegir el futuro es un privilegio que se posee casi siempre pero que, por desgracia, suele venir acompañado del miedo a lo desconocido. El mentor es ese compañero que hará del miedo un desafío fascinante.
Mesa 3: Cinco mentores de entre los 22 que han participado en el programa IMP 2014-2015.
Hubo también momentos de reflexión sobre el programa con intención de mejorarlo de cara al próximo año 2015-2016, en que el programa IMP volará independiente de ECUSA para expandirse también a otros ámbitos como la economía y las humanidades. Los mentores nos reunimos con representantes de las universidades para comentar posibles críticas y crear nuevos retos de cara a esta nueva etapa. Después los estudiantes tuvieron la ocasión de hacer un pequeño networking, puesta en práctica de lo aprendido, con el fin de dejar atrás la vergüenza y aprender a caminar marcando sus propias huellas. Nosotros ya les hemos dado el primer empujón, ahora les toca a ellos seguir caminando y ayudar a los que vienen detrás. Con esta idea surgió la sesión “La motivación en las siguientes generaciones. El pacto de dedicación”. El efecto mariposa ha empezado, los estudiantes que este año han participado en el programa IMP han hablado y han manifestado su inmensa gratitud hacia el programa y hacia sus mentores. La mayoría de ellos han experimentado mejoras impresionantes, aunque no necesariamente medibles. Ellos son el verdadero motor que sirve de motivación a los mentores. Para un mentor, es una gratificación personal inmensa observar la evolución de sus estudiantes a lo largo de nueve meses. Dudas, miedos, inseguridades… todo se reduce en dimensión cuando se comparte con alguien que ya lo ha vivido y te aconseja desde la experiencia. Hasta los túneles más angostos se iluminan pero sobre todo, aprenden a crear herramientas con las que abrirse paso en su carrera profesional. Por eso, esto ha de ser una cadena de favores en la que cada eslabón enlaza otros cuantos, y así exponencialmente conseguiremos que nuestra comunidad de estudiantes tenga siempre un punto de apoyo altruista cuyo valor es ya incalculable. Las universidades habrán de comprometerse para ofrecer a sus alumnos toda la ayuda que puedan conseguir, ya sea la opción de formar parte del programa, la financiación de estancias en centros extranjeros, o la aportación de recursos al programa IMP, como ha hecho la Universidad de Valencia, anfitriona de este evento.
Finalmente, este evento tan encomiable se cerraba con la entrega de premios al mejor mentor y mentee, de la mano de D. Ana Elorza, representante internacional de la FECYT, entidad que ha apoyado el programa IMP desde su nacimiento hace apenas un año.
De izquierda a derecha: Lucía Ramos, ganadora del premio al mejor mentee, D. Ana Elorza, representante internacional de FECYT y D. Joaquín López, ganador del premio al mejor mentor.
Me quedo con el buen sabor de boca de las cosas bien hechas, del orgullo de haber sido parte de un germen que ya brota en cientos de esquejes y que ha sido capaz de juntar en la misma sala a generaciones de talentos, representantes de universidades y gobiernos. Y por supuesto, me quedo con el aroma de la paella valenciana que sabe a España y a verano, sobre todo cuando uno recorre más de 5000 kilómetros para degustarla.
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