domingo, 10 de mayo de 2015

"Martha´s Vineyard": Isla paraíso

Ya habíamos visitado Cape Cod  (Cabo Bacalao), esa lengua de tierra que se adentra en el mar formando una península arqueada, de forma que queda frente a Boston y engaña a la puesta de sol, que se esconde majestuosa detrás de la masa de mar donde se bañan las focas, y que es elegida como destino vacacional o escapada de fin de semana por muchos bostonianos. A tan sólo una hora y media en coche de Boston, y partiendo de la base de Cape Cod, se coge el ferry que te transporta a ese otro paraíso, Martha´s Vineyard, una isla de 260 kilómetros cuadrados y que fue el escenario escogido para rodar la archifamosa película Jaws (mandíbulas), más conocida en España como "Tiburón". Un paraíso rodeado de agua donde se concentran las mansiones más exquisitas de Massachusetts y las playas preferidas por los dueños de los yates. Aunque algún que otro tiburón se deje caer por allí de vez en cuando, Martha´s vineyard sigue siendo el lugar preferido por muchos para pasar sus vacaciones.
A pesar de llevar ya en Boston más de 3 años y medio, aún no había tenido el tiempo -o el espacio- para hacer una escapada a este lugar tan singular. Aprovechando que por fin ha llegado la primavera (verano, si tenemos en cuenta que la temperatura ha subido 20 grados en una semana...) decidimos a última hora que nos escapamos de finde. Empaquetamos lo necesario en una mochila, preparamos el rack de las bicis y las transportamos en coche hasta el ferry, que nos espera entre la bruma para zarpar rumbo a la isla de tiburón. La mañana no era fría, pero la niebla se agazapaba sobre nosotros llenándolo todo con su espesura. Primer recorrido, desde el parking hasta el ferry, mochilas y bicicletas como único equipaje. Apenas 45 minutos y desembarcamos en esa orilla donde hasta las olas se adornan con puntillas. Carril bici por doquier, maravillas de vivir en América. Enfilamos por uno de ellos, el que va junto al mar, un privilegio que a menudo olvidamos, ¡qué cerca tenemos el mar!. Hacemos mil paradas para tomar fotos, las casas, la fauna...¿eso es un cuervo?
Nos alojamos en una casa victoriana, decorada con papel de flores pintado y con el techo abuhardillado, me siento Escarlata O´Hara... De nuevo en bici rumbo a la playa, ahora desierta pero barruntando el ruido de los pies descalzos de dentro de un mes. Nos sentamos a escuchar el mar, un ronroneo embriagador que me transporta a Guardamar, ese olor tan familiar, tan marinero, que me trae tantos recuerdos de los que están al otro lado de ese horizonte azul.
Los perros aquí sí que son felices, nos los encontramos por docenas correteando por todas partes, pero su cosa favorita, por supuesto, es la playa, también la nuestra.

Seguimos la excursión hacia el faro de Edgartown, el más famoso de todos los que tiene la isla. Engalanado y solitario se alza al final de una pasarela de madera, esperando a que los novios vengan a hacerse fotos a sus faldas.
En esta isla todo es de colores vivos, hasta los árboles que apenas se han quitado el abrigo nacen ya con flores nuevas y vistosas. La humedad es una venus fértil de grandes pechos redondeados, que acuna este pequeño trozo de tierra y le sopla la nieve sacudiéndola del recuerdo. El invierno quedó atrás, ahora sólo hay turistas, y perros, y locos en bici que se quieren. Kilómetros de carril maravilla de baldosas de caramelo... de caramelo no, ¡de jengibre!
Busco las migas de pulgarcito, las huellas de Hansel y Gretel, porque estoy segura de que esos cuentos se inspiraron en estas casitas, las "Gingerbred cottages". Las hay de todos los colores, con sus ventanitas pintadas y sus mecedoras de madera en el porche. Porches que son poco más altos que yo y que parecen miniaturas propias del país de las maravillas. Como diminutas mansiones encogidas que se hayan lavado con agua caliente, estas casitas de muñecas están habitadas por personas de tamaño normal. Y cuidadas, ¡por supuesto!, a golpe de brocha las mantienen impolutas (casi todas). Encontramos una que se vende, y sólo por curiosidad, cotilleamos el precio... na! medio millón de dólares de nada... teniendo en cuenta que necesita una reforma de arriba a abajo... claro que la podrían reformar los currys de Fraggle Rock. 
Son una atracción turística más, pero tan reales como la gente que vive en ellas.
Y ya para terminar, picnic en la playa ¿puede haber algo mejor? Los primeros rayos de sol acariciando una piel árida que casi había olvidado esa sensación. Me descalzo y camino sobre la arena, está fresca, pero suave, esto sí que es vida. Camino hacia la orilla y mojo mis pies en unas aguas que están frías como su puta madre pero que a mí me da igual, me vale con que no estén congeladas. Me arrullan las olas, observo esa línea donde se juntan los horizontes, dos tonos de azul que se tocan en una ilusión óptica que aplasta mi tierra en partículas diminutas. Sé que estáis ahí, al otro lado de este mar, y que esa línea es infinita en lo relativo, pero absolutamente finita. Y pienso en lo afortunada que soy porque puedo tocar este lado del paraíso, y también aquél, una vez al año, cuando el sol está más cerca y todo huele a vacaciones.
Me subo en mi bici, de vuelta al ferry, y otra vez rumbo a casa, con polvo de edén cubriendo mis zapatos y ese buen sabor de boca que dejan las tartas de nirvana.

martes, 14 de abril de 2015

Escena Latina Teatro: "Entre Mujeres"

Siempre he oído a mi madre contar que su padre, o sea, mi abuelo, hacía teatro allá por los años 40. De eso ya hace muchos, muchos años; se hacían disfraces con ropas viejas y representaban obras de teatro amateur. Cada vez tengo menos dudas de que el arte también se hereda. En algún lugar recóndito de mi ADN siempre estuvo escrito, cual rúbrica sobre pergamino antiguo, que un día terminaría subiéndome a un escenario. Una tía mía solía decir que desde pequeñita me gustaba apuntarme a todo lo que implicara un disfraz. Y es cierto, supongo que me gusta jugar a ser otra persona, perder mi necesidad de autocontrol y dar rienda suelta a una imaginación que siempre ha tenido cierta tendencia al desbordamiento.
Hace unos años asistí a una obra de teatro de Escena Latina, "Los de la mesa 10", por pura casualidad, y por quitarme un poco el mono de teatro en español que tantas tardes de domingo he disfrutado en Madrid. Aquel día debí de dejar mi email para recibir información de las obras que hacían y demás. Hace un par de meses recibí un email en el que pedían actrices para representar "Entre mujeres" de Santiago Moncada. Al final del mensaje, una luz, una frase en la que animaban a participar en la audición incluso sin tener ningún tipo de experiencia. Sólo había que prepararse un monólogo cómico de 1 o 2 minutos y leer algunos pasajes de la obra. Desde aquel momento deseé con todas mis fuerzas formar parte de aquella aventura. La audición fue fenomenal, se rieron mucho con mi monólogo y se sorprendieron de que no hubiese actuado nunca. La verdad es que ya me dio buenas vibraciones. Por aquel entonces había unos dos metros de nieve y muuucho frío, pero ni la una ni el otro achantaron mis ganas de volar. Cuando Christina me llamó para decirme que quería que hiciera de Elena, no podía imaginar lo mucho que mi vida estaba a punto de cambiar. Todas esas caras nuevas descolgaban sonrisas cálidas, español de América del Sur aprendido en los Estados Unidos que me sonaba a música celestial. En los dos primeros ensayos ni si quiera pudimos estar todas por las tormentas de nieve imposibles que nos acechaban. Pero luego fuimos cogiendo ritmo y aprendiendo el bloqueo, adentrándonos en el personaje... Cinco amigas de la infancia que se reencuentran en casa de una de ellas después de más de 25 años. En el salón de la casa de Elena se van rememorando los viejos tiempos, aquellas colegialas, las vidas pasadas y futuras, y poco a poco se va desvelando el verdadero motivo de la reunión. Las idas y venidas de cinco niñas que se fueron haciendo mujeres a veces a favor de la corriente, y a veces muy en contra. El dolor, el amor... una historia salpicada de homofobia que coquetea con el machismo y el pensamiento con el que las mujeres hemos tenido que pelear durante años. Una tragicomedia que destila mucha risa y un trasfondo harto dramático.
Ser Elena me ha permitido reflexionar acerca de muchas cosas, y comprender la necesidad del cambio en la actitud hacia las otras mujeres. Las mujeres castigamos más duramente, si cabe, que los hombres, y es difícil enajenarse de esta sociedad en la que nacimos y nos educamos para poder ver más allá, sin prejuicios, y aprender a construir un pensamiento crítico y no gratuito.
Más allá de Elena, Amelia, Luisa, Hortensia y Carlota, cinco mujeres interesantes y atrapadas en sus propias vidas, he conocido a Christina, Carmen, Inés, Jecenia y Paola, cinco mujeres increíbles con las que he compartido mucho en un tiempo que ha sido corto pero intensísimo. También a Victor Hugo y Juanpe, mejicanos de México y de Bilbao, que han sido un gran apoyo durante todo este tiempo. Juntos hemos derribado las fronteras que separan España y México, Boston y Puerto Rico, Madrid y Barcelona... y hemos fundido sus ladrillos para construir un cimiento sobre el que crecer como una gran familia. Casi por primera vez desde que me mudé a Boston, he conocido gente que no es científica ni tiene nada que ver con la ciencia. Gente con la que además comparto cultura en español, y risas, y confidencias, y que me han traído a la memoria a mis chicas de siempre, tan distintas y tan iguales. Al fin he encontrado ese ancla que va más allá del trabajo, una afición, una ilusión... un refugio para esos días en que la añoranza de España me resulta insoportable. Una razón más para creer que aún me queda mucho por conocer de mí misma, y para comprender que uno sólo llega a conocerse bien cuando se marcha y empieza de cero en otro lugar.

sábado, 28 de marzo de 2015

El anónimo


En el buzón, agazapado, perdido en la oscuridad, esta mañana encontré un sobre negro con enormes letras rojas, dentro, una bofetada gélida y espeluznante... "He secuestrado a la primavera, me he comido todas sus flores y las he nevado encima para que no vuelvan a crecer. Es más, he llovido fuerte, y luego flojo, haciéndoos creer que esos ríos de nieve derretida drenarían lo que quedaba de mí. Pero oh, infelices, me pienso quedar en vuestros jardines y helar vuestros corazones; me sentaré en el alféizar de vuestras selladas ventanas, y soplaré y soplaré, y volaré vuestros peinados y pondré vuestros paraguas del revés. Me acurrucaré en vuestras bicicletas para que las encontréis frías y agarrotadas, y soplaré en todas direcciones menos a favor de vuestras pedaladas. 
Y mientras, vuestra querida primavera llora sola en un rincón, se lamenta porque ha sido ingenua y confiada, y es que de verdad pensaba que pactaría su libertad hacia finales de marzo. Aaaaaay tontona, mira que te lo crees todo, ¿no ves que en Boston no te esperan hasta junio? Total, no lo van a notar, ahora yo pongo -1 donde antes ponía -20 y es tal la diferencia que se van a tener que poner el abrigo de entretiempo".
El sobre incluía un cacho de arco iris, pétalos pochos y una torrija, para confirmar la veracidad y autenticidad del anónimo.
 
Querido invierno:

Sé que eres tú, y no me engañas con tus tretas, a los demás puedes engañarlos, pero yo vengo de tierras cálidas y a mí no me la pegas. Hace tiempo que los días se han ido alargando, y aunque es verdad que año de nieves, año de bienes, este año no hemos visto a la cigüeña ni por san Blas ni hostias. No se veía un carajo porque estaba todo hasta arriba de nieve. Cayó toda como de golpe, como con mala leche, y luego se fue requedando y cayendo un poquito más cada día como el que no quiere la cosa. Así que con la tontería nos plantamos en dos metros de nieve y batimos el récord histórico del invierno más nevado. ¿Te damos un premio, o qué? Menudo morro que tienes, que encima de que acogimos la nieve con gozo y hasta la esquiamos en varias ocasiones, luego has ido incluso estropeando el tiempo de esquí con tus heladas y tus vientos de los cojones. Mira, a mí que nieve, plin, pero el viento es un golpe bajo y traicionero. Una cosa es que pongas el sol ese de atrezo, que más que darte color te lo quita, y lo riegues con tus 18 bajo cero, y otra muy distinta es que nos ataques con unas ráfagas de viento de más de 40 km/hora, que cualquier día me subo en una y llego a cenar a casa de mi madre. 
En el fondo eres un triste, que lo quieres acaparar todo y no puede ser. Tú ya has tenido tus 5 meses de gloria, así que libera a la primavera o tendremos que irnos todos a Florida. ¿Pero qué más te da? ella sale gradualmente, pasando de los cero grados por lo menos... si es que tampoco pedimos mucho, que nos vale con 10 o 12 graditos, lo justo para ponernos las chanclas y los calcetines. Además ahora tendrás mucho lío con llover en Sevilla estos días, que sabemos que te produce un placer inexplicable. Pues eso, que lo siento mucho pero que aquí ya no eres bienvenido. Te tenemos calado y sabemos dónde encontrarte... así que ¡si me queréis, irse!

PD. Gracias por la torrija, pero también puedes metértela por el culo.

martes, 3 de marzo de 2015

Baby Shower

Literamente ¨la ducha del bebé¨. Esto, que suena a cotidiano y normal, no lo es tanto cuando os diga que el bebé estaba aún en el útero de su madre. La llamada ¨baby shower¨se realiza en torno a dos meses antes de la fecha del parto y consiste, básicamente, en duchar al bebé y a la futura mamá con montones de regalos. Hasta ahí bien, al fin y al cabo en España hacemos más o menos lo mismo ya sea poco antes o después del alumbramiento. La diferencia es que esto es una fiesta en toda regla, con platos y vasos de cartón decorados con temática de bebé, farolillos, pancartas, aperitivos y toda la pesca.
En realidad, bien pensado, me parece que a las recién paridas les apetece un culo tener la casa llena de gente cada dos por tres, y encima tener que sacar algo de picar a las visitas que, a menudo, no ven el momento de irse. Supongo que a los padres primerizos ya se les viene el mundo lo suficientemente encima como para tener que ajustar los horarios del recién llegado a todas las visitas que están deseando conocerlo. Por tanto, y aunque eso no quita para que después la gente conozca al bebé (eso sí, cuando ya tiene meses), es mejor preparar la fiesta cuando la madre aún está descansada y con humor para disfrutarla. La parte que menos me gusta de este evento es que es sólo para mujeres, como si fuera una despedida de soltera. En realidad, es como que te despides de la vida sin hijos, que si vas a ver, es un cambio bastante más radical que el de casarse y mucho menos indeleble. Lo que pasa es que bueno, igual el padre también ha puesto algo de su parte el hombre, y tampoco me parece bien esa regla sexista y excluyente que deja fuera a la mitad de la unidad parental.
No obstante, la baby shower de Kinga fue muy diferente. Normalmente, las encargadas de preparar esta fiesta son las amigas. Sin embargo, Kinga es polaca y su marido británico, y son tan extranjeros en Boston como yo, por ello son parte de mi familia bostoniana. Ally, que aparte de lab manager es un amor y muchas otras cosas que la convierten en una de las americanas más majas que conozco, me propuso que le organizásemos su ¨baby shower¨y que asistiésemos todo el laboratorio, en masculino y femenino, sin márgenes e incluyendo al padre del vástago.

Frente a mi condición de novata en estos menesteres, mi cometido consistió básicamente en recolectar dinero y comprar los regalos. Ally preparó todos los juegos y demás acciones que convirtieron esa tarde en un día inolvidable para todos, pero sobre todo para Kinga.
Comenzamos escribiendo consejos para ser buenos padres en una hoja de papel, todos revueltos y a Kinga le toca averiguar quién ha escrito qué. Con rotuladores para pintar en tela estuvimos decorando  pijamitas y calcetines con los motivos más variopintos, unos mejor que otros... pero todos desde el cariño. La mejor parte vino cuando tuvimos que medirnos alrededor de la cintura con un cordel y tratar de adivinar el diámetro del bombo de Kinga, que la pobre no sabía donde meterse cuando descubrió que todos la sobreestimamos pasándonos por mucho del tamaño justo.
Y lo más útil, los mensajes en los pañales. Esos que se cambian cada dos horas durante las primeras semanas del bebé y que uno acaba hasta el gorro de poner y quitar. Escribimos mensajes de ánimo para que los encuentren los cansados padres a las 3 de la mañana de algún momento dentro de un par de meses y se echen una sonrisa a nuestra salud.
También hubo concurso de poner pañales, arrullo, gomas en el pelo y dar el biberón, haciendo relevos entre el padre y la madre. Los oponentes, dos compañeros que han tenido bebés hace poco y que están ahora en pleno auge pañalil.
Lo más grotesco, unos hielos con bebés diminutos dentro que se echan en la bebida y que, cuando se derriten, dejan un bebé flotando en Coca-Cola a la vez que el portador del vaso anuncia ¨my water broke ¨(he roto aguas¨). Señores, esto es América, los efectos especiales son su máxima, y desde luego que cada vez me reconozco más equivocada ante la idea desfasada de que las películas lo exageran todo. Una vez más, la realidad supera a la ficción. Eso sí, Ally, que ya sabe que a veces es fácil herir la sensibilidad de los europeos, sustituyó los mini-bebés por ositos de gominola, porque hubiera sido demasiado gore comerte a tu propio feto, eso creo que no está bien visto ni en la cienciología.

domingo, 1 de febrero de 2015

Juno

Este año nos habíamos librado. . . por ahora. Juno ha llegado embistiendo sin compasión como la tormenta perfecta. . . para ver desde casa. ¡Alerta máxima! Prohibido sacar el coche hasta nueva orden. Eso sí, ni aunque quisieras... habría que desenterrarlo primero, siempre y cuando recuerdes el punto exacto donde estaba aparcado.  . .Ah, sí, justo donde sólo se ve nieve.

Snow Day por Blizzard, que es como llaman aquí a las tormentasdenievequetecagas. Lleva nevando sin parar unas 24 horas, empezó ayer y continuará así hasta mañana. Y no es que nieve y punto, es que es como una especie de torbonera de las de tormenta de arena gaditanas, pero de nieve. Nieve que va y viene hacia todos lados, nieve que te empana y te reboza como de azúcar glasé. Los vecinos llevan desde esta mañana temprano achicando nieve en un desesperado intento de que no se acumule demasiado. Aun así, el nivel nunca se reduce y palada tras palada, se requiere un esfuerzo brutal simplemente para mantener la situación. Mi vecino, que no se acongoja con nada, se ha comprado una retroescavadora para quitar la nieve, ahí es na, paladas a toneladas. Pero ni con ésas, la nieve nos llega hasta el muslo.

Vaticinio de temporal amedrentador, todo queda pospuesto, clausurado, cancelado, se ha declarado oficial: Snow Day/ Día de nieve. Trabajaremos desde casa. No hay colegio, bieeeen, los niños lo pasan en grande haciendo muñecos de nieve y tirándose por toboganes improvisados en plan aquópolis helado.
Tampoco hay tiendas abiertas, ni oficinas, ni bancos (ni de los de sacar dinero ni de los de sentarse), ni restaurantes, ni bares, ¡no hay transporte público!, las vías de tren y metro están enterradas bajo la nieve, por no hablar de la parada del autobús, que igual te sientas ahí a esperar y te quedas tieso esperando el P.Tinto.

Claro que mejor sentarse bajo techo que en los bancos del parque, porque ahí desde luego que el culo no va a tocar el metal hasta nueva orden. Y eso puede ser hacia marzo tranquilamente... La espumilla ha venido para quedarse, y no creáis que de una vez, no conforme con habernos reasfaltado las calles de copoalto, mañana vuelve dando coletazos para desgracia de aquellos que han cavado duro para recuperar sus coches. La gente se lo curra tanto que hay que ocupar el sitio recién despejado de alguna manera, no vaya a llegar un listo y se encuentre el trabajo hecho, para ello, ponen una silla que equivale al cartel de "vigilante gitano" en las obras, claro que de poco vale cuando Juno se pone pejiguera, porque  igual la silla acaba patas arriba y no sólo cavas, sino que recavas, o recabas tu derecho al aparcamiento que te ha costado horas dejar medio decente, que para eso estamos en USA y aquí la gente es medio civilizada. Porque desde luego en Madrid te aparcan y te atropellan la silla sin contemplaciones, y si hace falta hasta te llevas dos hostias por las molestias.
Pero no, este país es civilizado, tanto que cada uno se encarga de limpiar su trozo de acera (más patio, más escaleras/entrada) y si no, más vale que nadie sufra un resbalón y se parta una pierna, porque entonces te toca pagarlo y todos sabemos que sale mucho más barato comprarse otro coche y olvidarse del que quedó enterrado en nieve.
Sin embargo, no todo es malo para los conductores, al menos no hay que pagar parquímetro!
Para mí, sin embargo, lo que se acabó es la bici, que a falta de caminos transitables ha decidido hibernar, o invernar, según se mire. . . a esperar la primavera. Así que me quedan dos meses de ir al trabajo como el que va de excursión a Navacerrada. Una eterna escalada para la que me preparo de abrigo y botas en plan Jeti, bien atadas, mira a ver, no vaya a ser que se queden atrapadas en esta capa de velcro nuclear. Es extraña la plasticidad del ser humano, la capacidad con la que uno puede acostumbrarse a todo.
Quién me iba a decir a mí que un metro de nieve me iba a parecer de lo más normal, y que menos, son minucias. Y que mientras miro por la ventana y veo caer millones de copos cubriéndolo todo sin piedad, no puedo parar de pensar en lo bien que va a estar la montaña para esquiar el fin de semana. Y por eso, porque a uno se acostumbra todo, me planto los esquís y me deslizo por una ladera de mantequilla a 20 grados bajo cero y con los dedos en peligro de excisión. Pero qué sensación más bonita la de flotar en un mar helado.



martes, 27 de enero de 2015

Un lugar para la reflexión

¿Por qué somos el país de la pandereta? Porque la ex de un torero al que arrojaban sujetadores al final de la faena y el hijo de un ídem que si levantara la cabeza se volvería a morir de la vergüenza, ganan en una semana de no hacer nada en la tele más que yo en un año, y no voy a entrar en silogismos que considero absolutamente innecesarios. Porque lo que nos indigna es que vengan los extranjeros a quitarnos el trabajo ese que no queremos hacer porque nosotros somos mucho mejores que ellos. Porque nos roban en nuestras narices y como borregos ensimismados lamemos la mano del cacique y nos sentimos reconfortados ante la palmadita en la espalda del que nos esquila y nos cuenta esas falacias del yo no he sido. Porque consideramos que la educación de nuestros hijos es cosa de sus profesores, pobres ineptos, que lo hacen todo al revés y a los que tenemos que ir a poner la cara colorada de vez en cuando para que comprendan lo listos que somos nosotros y lo tontos que son ellos.
Porque confundimos la mediocridad con una virtud, y nos sobran abanderados de la misma haciéndose eco en programas de televisión que se gestan en un cubo de basura. Porque consideramos primordial que el vecino crea que tenemos, porque medimos a las personas por la ropa que llevan puesta, porque no escuchamos más que nuestros propios pensamientos abotargados de prejuicios y no somos capaces de hacer una reflexión crítica en primera persona. Porque consideramos que siempre es culpa de otros, y que todo lo hacemos bien mientras que el mundo se equivoca... y seguimos a nuestro rollo tan campantes. Porque estamos ciegos y sordos, pero sobre todo, mudos. Sí, susurramos en pequeñas tertulias con nuestros amigos y vecinos, para luego irnos a dormir con la conciencia tranquila porque hemos ejercido nuestro derecho a la queja. No obstante, a la hora de ir a la urna, nos da una pereza enorme y decidimos que es mejor quedarnos de brazos cruzados en el sofá. Porque opinamos del vecino que se ha atrevido a dar un paso errado y sin embargo no comprendemos que la quietud no mueve nada, sino que ejerce una fuerza gravitatoria que te atrapa en un hoyo del que no se puede salir, y del que nadie más que tú puede sacarte.
Y eso que somos la generación del cambio, los que han nacido en la democracia y han tenido opciones, finalmente, la de irse o la de quedarse, opciones al fin y al cabo. Pero ¡qué coño, si ya estamos saliendo de la crisis!, o eso dice ese tipo que sale en la tele llamando a las puertas azules para dar las gracias. A la mía no ha llamado nadie, claro que yo tuve que venirme un poco más lejos para poder comprar el pan, y hasta aquí no llega la Renfe.
Y un mediocre país merece un sistema mediocre, el sistema que utiliza como arma la propia ignorancia del pueblo. El sistema que el 4F condenó a unos "sudacas" y a una lesbiana con el pelo a cuadros para esquivar los verdaderos motivos que salpican de mierda a los ayuntamientos. Y mientras los inocentes se tiran por las ventanas, los verdugos buscan cabezas de turco para acallar las conciencias de los adoradores de Franco que hacen de la tortura un método de justicia. No creo en la justicia, me parece una mentira manipulada que, irónicamente, se pone del lado de la balanza que más convenga en cada caso. Por eso los que roban a lo grande no tienen de qué preocuparse, pues podrán pagar la fianza y aún les seguirá quedando liquidez como para vivir en esas mansiones tan inmensas que a veces un jaguar puede pasar desapercibido. Y si no, no pasa nada, siempre habrá un programa de televisión Carroña S.A. que quiera pagarles una millonada para que vayan a interpretar un papel mientras que miles de personas, sentadas ante el televisor, se tragan toda esa basura y se quejan de lo mal que está la vida.
Pero esta es sólo mi reflexión, fruto de la indignación constante que supone ver España desde fuera, arrugada, vapuleada, llena de moho y polillas, y sin embargo, tan acostumbrada al sistema que es capaz de reírse de su propia miseria.

domingo, 11 de enero de 2015

Bajo cero

Ya se ha helado el río, ya las aceras resbalan, ya se duermen las puntas de los dedos incluso debajo de los guantes de insulate. Ya se requeda la nieve, y en ella nacen caminos de las huellas de neumáticos, de las meaditas de perro,  pero aún son imperceptibles las rodadas de bici de los incautos.

Y de esta pasta que fui nacida ha resurgido otra menos trémula; las capas me van sobrando como a un nepalí en el trópico, y descubro qué es eso tan gore de la adaptación al medio. Pues sí, camaleónica forzosa, que no por ello forzada, me encuentro con que me parece de lo más normal pedalear 7 kilómetros con una sensación térmica de 28 bajo cero, y hasta sudo, habráse visto, una ex-friolera redomada. Eso sí, lo del sillín, pues repatea, porque te deja las partes bajas frescas y ciertamente un poco acobardadas. Sin embargo solamente se ha congelado el freno trasero, así que mientras pueda aprovecharé esta tregua que me brinda el delantero y seguiré robando sendas al invierno que aún no está del todo echado.

Sábado por la mañana, menos diez, cojo las llaves del coche, voy a comprar en coche aunque esté a un paso, ¡hay menos diez!... No obstante,  también bufanda, gorro y guantes, por si acaso, no vaya a ser que surjan imprevistos. Y tan imprevisto, que pongo un pie en la acera helada y recibo el sol con esos guiños involuntarios. Cambio de planes, me voy andando, hace una mañana estupenda.