viernes, 11 de julio de 2014

Un dios maldijo la vida del emigrante

Un dios maldijo la vida del emigrante, serás odiado por la burocracia en todas partes... y así comienza la historia de cómo diez días se convirtieron en más de cuatro semanas. Aquellos que vayan a viajar a Estados Unidos por motivos de trabajo y necesiten un visado, háganme caso, planifiquen bien. Los días hábiles pueden llevar a engaño, y donde hace tres años de 3 a 5 fueron 2, hoy, tres años después, de 4 a 6 han sido aúnosecuantosperomásdeseisseguro y me han dejado fuera de juego, de congreso, de vacaciones y de mi propia masa corporal en las últimas doce horas.
Concerté la cita en la embajada hace ya dos meses, por aquello de prever y de que no te pille el toro. El día 4 de julio es fiesta en USA y por ende, también en la embajada americana en Madrid, y cabe preguntarse ¿cogen las fiestas americanas? respuesta, sí, pero también las españolas, y las locales, y las de la Comunidad de Madrid, un poquito de aquí y un poquito de allí... Esto me deja poco margen dado que en mi patria adoptiva 15 días laborables son los que son de vacaciones, y estos no son flexibles, como los días hábiles de correos, sino que son bastante fijos y se pagan con horas extra no reembolsables. Fui el lunes a hacer mi entrevista y ya la cosa pintó mal desde el principio. Que me faltaba un papel, que vete a un workcenter a pagar una pasta por meterte en internet para descubrir que ha caducado el formulario que hiciste hace ya más de dos meses y que, por tanto, tendrías que hacer uno nuevo o pordiosdescubredondelopusiste. Se me ilumina la bombilla... bendita dropbox, pero ¡ay! la dropbox está capada en estos lugares del demonio y no puedo acceder. Se me acaba el crédito, renuevo 2 euros, bendito 3G del móvil que me lo bajo, que me lo mando, que me lo imprimo, que resuelvo la crisis del momento. Sólo la primera, porque se me han colado las monedas entre tren, metro e internet, porque el transporte público, señores, es un atraco a mano armada encima de una alcantarilla. Y ahí yo que tenía pensado hacerme las fotos en el fotomatón de la embajada y me hallo sólo con un billete de 50 euros que no sé para qué los hacen si nadie nunca tiene cambio. Ese bar que no tiene botellitas de agua y que me manda de vuelta con el billetaco a la fila de la embajada. Pues le echo cara, que para eso soy de aquí, y presento como foto reciente la misma que utilicé para el visado anterior que vivía en mi cartera desde hace tres años, pero que reconozco que la cara de la señora de la foto podría ser yo dentro de otros 10. Se me sale el corazón, entrego todo, les digo que vuelo el domingo mireusteaversinomevaallegaratiempo, y entonces me dice la chica, vaya, pues que por qué no lo solicité por MRW; bueno, pues porque esa opción no estaba, y porque antes esa era la única opción, y porque ahora lo es correos. Y porque todo el mundo sabe que correos funciona genial y que el viernes, por supuesto, yo iba a tener mi visado en la mano sin ningún problema.
Sólo que esta mañana no lo tenía, ni el de la oficina de correos tampoco ni lo iba a tener ya por hoy. Por eso he panicado y por eso me he ido como en ambulancia a la embajada para ser ignorada en la puerta por esas señoritas de los cojones que son tan amables que te dan ganas de ahogarlas. Pues eso, que te metas en la web porque nosotros aquí lo que es el teléfono pues no lo contestamos. Así que San 3G me ayuda a encontrar una dirección de email a la que enviar mi caso urgente no, lo siguiente. Que dicho sea de paso, he encontrado haciéndome pasar por americana, porque si eres español, estás jodido, si no que se lo digan a la selección de fútbol.

Y bueno, pues ya asumido que no tengo visado para volar a USA el domingo, sólo me queda anular el congreso en California para el que me habían dado una beca y al que se supone que debía volar desde Boston el lunes. Y también si eso las vacaciones que venían a continuación por aquella costa, escogidas y pensadas con mucho cuidado durante días y prepagadas en parte. También de paso cambia tú el vuelo, Dani, porque donde dije vuelo, digo quedo, y Yosemite lo pagamos pero no vamos a ir. Y ahora métete en Iberia y cáete de culo al comprobar que si te parecía mucho 1500 dólares que pagaste para volar a España, mucho más te va a parecer los más de 1200 euros que cuesta cambiar el vuelo para otro día. ¡Cagoendiez! menos mal que tengo una familia que no me la merezco y robándole un rato de vacaciones a mi prima consigo que mueva un poquito cielo y tierra y me consiga un cambio de billete un poco más barato y relajar a 500 por minuto las pulsaciones de un corazón que no se me salía por la boca porque ya bastante tenía con lo que tenía.
Finalmente tengo que mirar el lado bueno de las cosas, me quedo, agobiada, estresada, intoxicada, mareada, vapuleada, desesperada... pero me quedo. Y atardece en Madrid, y me voy a ver el Guernica; y mi padre, y mi madre, y Dani, y arropada, recogida, remendada, ayudada, resumida... comprendo que la vida del emigrante está maldita sólo por fuera, porque por dentro esa amargura de pegatina te permite disfrutar de todos esos otros regalos que tiene la vida, al fin vacaciones.

sábado, 5 de julio de 2014

En Madrid

Se me había olvidado Madrid. Se había ido difuminando en su luz como un haz discontinuo de reflejos inventados que pierden conexión con la realidad a medida que va pasando el tiempo. Los recuerdos son traidores y en los míos Madrid había perdido tonalidad, brillo y contraste, y sobre todo virtuosismo, se había quedado reducida a los grises.
En los últimos días de preparativos no había mucho tiempo para pensar en nada más que en todo el trabajo que tenía que dejar terminado, o cuasiterminado a la espera impaciente e insoportable de volver a retomarlo sin haber olvidado todas las teorías que habían acudido a mí a última hora como un resfriado que pudiera llevarme puesto. Aunque parezca increíble y me dé vergüenza reconocerlo, me daba pereza venir a Madrid. Pero entonces esas hadas que siempre me leen el alma, en la distancia comenzaron a hacer cabriolas en el futuro, y a proponer, y a fantasear, y me inundaron las ganas de verlas y de poder abrazarlas de nuevo.
Aterricé en el aeropuerto recién bautizado Adolfo Suárez un día antes de lo que todos esperaban. Me recibió un Madrid tormentoso regado en granizo que se fue haciendo más amable a medida que pasaban las horas. Yo impaciente por poner los pies en mi tierra querida, yo ansiosa por recoger mi maleta y por no hacerles esperar más; mis chicas se hicieron materia entre la gente que se agolpaba en las llegadas, fabricando un abrazo en grupo que me supo a gloria y a mucho amor desenvainado. Sólo faltaba Mar, que en esos momentos se hallaba amamantando al pequeño Diego, ese desconocido que de alguna mágica forma ya había conseguido ganarse mi cariño. Chocolate con churros para empezar, ponernos al día ya en el coche, regocijo, canciones en mi cabeza... como si no hubieran pasado seis meses desde el último hasta luego. Segunda parada, ¡fotos viejas! un paseo por los años de amistad que hemos recorrido de la mano, muchas risas, mucha paz, la felicidad inmensa de estar de nuevo entre los míos. Y al fin llega Diego, y es tan suave, y ya es como si hubiera estado siempre. Y Paula, que es una minicopia de Mar y una copia exacta de la Mar que conocí hace treinta años. Es curioso cómo el tiempo no emborrona el corazón, no puede desgastar una amistad que se forjó en otro tiempo, cuando éramos otras personas, tan distintas de las de ahora que podríamos no habernos conocido nunca. Y sin embargo, como las hermanas, cada vez más cerca.
Tercera parada, ¡los hermanos!, la sorpresa de las veinticuatro horas robadas al tiempo y compartir una comida de un jueves cualquiera, como si tal cosa...  como si hubiera sido ayer la última vez que lo hicimos. Intento vencer al sueño esperando a mi madre, a la que casi le da un síncope cuando llega del trabajo y me encuentra sentada en el sofá, y es que hoy no tengo nada mejor que hacer que disfrutar de ella. Los siguientes, los de Moraleja, "ya mismito estoy allí", quince minutos más tarde llamaba a su puerta para llevar la última de las sorpresas anticipadas.  Qué bien saben las sonrisas...
Se me había olvidado Madrid, el sentimiento que produce estar en los sitios de siempre, sentir que estos 3 años no se han llevado casi nada, o sí, porque la verdad es que algunas cosas sí han cambiado. Es ahora tan preciado y tan escaso que no me puedo permitir los formalismos, no me puedo molestar en regalar tiempo ni espacio como si acaso sobraran, sólo puedo concentrarlos en mecerme en los brazos de siempre, pero que ahora aprietan más, porque se van guardando las fuerzas de todas esas veces en las que Madrid se ausenta y a mí se me olvida lo feliz que he sido aquí.

martes, 3 de junio de 2014

De boda en Boston

La invitación ya apuntaba maneras... un link que conducía a una web en la que Alicia y Nick, provistos de  papel, camisetas blancas y rotulador, protagonizaban un cortometraje mudo al más puro estilo del gran Charles Chaplin. Sobre las camisetas se dibujaban el uno al otro los "típicos" trajes de novios, volantes de papel incluidos para la novia e invitaban a formar parte de la que prometía ser una celebración sin igual. La boda de verdad, la del ayuntamiento, esa ya tuvo lugar un día de mucha nieve, hasta fueron recibidos con un aplauso por presentarse a leer sus votos en un día tan crudo que las otras parejas decidieron que igual no se querían tanto. Él, americano, natural de Massachusetts con todas sus consecuencias. Ella, catalana, natural de Barcelona pero con un arte flamenco que no se puede aguantar. Una relación pintoresca donde las haya, en la que él habla inglés, ella contesta en castellano y así sucesivamente sin entrar de momento en el catalán, aunque estoy segura de que todo se andará.
En la web-invitación podíamos elegir la boda de Boston, la de Barcelona, o las dos. Nos ha tocado Boston por eso de que vivimos aquí, y porque cuesta un riñón viajar a España, a pesar de que la excusa bien lo merecía. El caso es que la boda bostoniana se anunciaba a sorbitos cortos con pequeños adelantos cibernéticos. Sólo sabíamos que iba a ser en Concord, a unos 40 minutos de Boston, en la casa de la madre del novio, ahora ya a toro pasado rectifico, en el caserón de la madre del novio que se yergue a los pies de un lago rodeado de bosque y verde hasta donde alcanza la vista. Llegamos siguiendo las indicaciones "Alis & Nick¨desde el aparcamiento hasta el jardín del Edén, decorado con farolillos de colores ¡y con girasoles!.

Nos sentamos en esas sillas plegables de las películas a la espera de la que sería la más cachonda de todas las ceremonias. Se abren las puertas de la casa y aparece un destello azul colgada del brazo del novio.
Es Alicia, que se ha puesto el océano como traje de novia. Con un velo azul pitufo y un ramo de girasoles, se presenta ante los oficiantes, que son a su vez los hermanos del novio. La madre del novio, angloparlante, lee con mucho arte una carta que la madre de la novia ha escrito, y ésta hace lo propio con la carta escrita en inglés por su consuegra. Es desternillante ver a ambas dos cogidas del brazo y dándolo todo para pronunciar correctamente en ese otro idioma que ninguna de las dos comprende. Luego está lo de rellenar huecos, palabras aquí y allá que encajan forzadas en las frases y que resultan en disparates como el teléfono escacharrado. Tras un buen rato de risas, los novios ponen el punto final a la cuasiceremonia con un beso peliculero. Pasamos a la zona de mesas, cada uno con su silla plegable bajo el brazo, hacemos cola con nuestro platito de madera para disfrutar del cerdo asado acompañado con ensalada de patata y verduras al horno. Tartas de zanahoria, chocolate, limón, frambuesa y gin tonic, nada falta en esta fiesta. 
Y para terminar, algunos valientes se dan un chapuzón en el lago, para mí aún no es suficiente verano, así que me quedo en la orilla disfrutando de las vistas de un maravilloso paraje donde desde luego no me importaría vivir. 
No creo que sea la típica boda americana, es más bien una fusión de América, España y Alicia, pero desde luego que ha sido un evento inolvidable.  ¡Vivan los novios!

miércoles, 7 de mayo de 2014

Esos amigos desconocidos

De esas noches mágicas que uno no quiere que se acaben nunca. Porque es maravilloso estar rodeado de tu gente, de los que en otra vida fueron una parte importante de ti, y aun hoy, pasajeros de un viaje que se abarrota con charlas y encuentros fortuitos, reconoces en sus miradas ese brillo del orgullo que normalmente se asocia con los padres. Shomi siempre fue como un padre para mí. Es sorprendente que de todos los jefes que he tenido, y han sido muchos, haya tenido que ser un hindú-británico el que más me ha arropado. Lejos de ser una barrera, las diferencias culturales nos acercaron y por una vez no necesité el castellano ni el sentido del humor para establecer los lazos que ahora nos unen. Reencontrarnos cada año en este congreso es siempre un momento dulce, y en secreto me reconforta ser poseedora de la admiración de una persona a la que jamás llegaré ni a la suela de los zapatos. Allá donde vaya, todo el mundo lo conoce, lo estima, lo admira... Shomi se hace querer. Y en su campechanía infinita me lleva del brazo a todas esas recepciones en las que lo mismo se codean los Natures que los premios Nobel. Ya he aprendido a no interrumpir el aliento cuando esto pasa, a crecerme en lugar de hacerme más pequeña y a estrechar con seguridad las manos de esos hombres y mujeres (más a menudo hombres que mujeres) que han contribuido a mejorar el mundo en el que nos movemos. Incluso son divertidos, quién lo diría, igual es que me estoy haciendo mayor.
Aun con todo, cuando llega la hora de la verdad, Shomi se comporta exactamente como lo haría mi madre; esto es, coge la cámara de fotos para inmortalizar el momento en el que me toca exponer mi trabajo y henchido de orgullo desparramado me dice: - "cómo has crecido". Y es de estas cosas que sabes que le salen de muy adentro, y sé que si alguien se alegra más que mis padres de que las cosas me vayan bien por estos lares, ése es Shomi. De su mano salté en ese trampolín que me dejó caer por aquí, y si a alguien debo el privilegio de esta experiencia, es a él.
Hay veces en la vida que te cruzas con personas que son ciertamente claves para el desarrollo de los acontecimientos futuros, y yo supongo que aquel día en que decidí aceptar un trabajo en Sevilla, las vías empezaron a moverse irrevocablemente en otra dirección, en esta dirección, solo que yo aún no lo sabía. Y después de mucho vivido, vuelves a encontrarte con la misma gente para hacer recuento y sorprenderte del tiempo que ha pasado. Y en cambio tengo la sensación de que si me hubiera quedado allí, mi tiempo habría sido de algún modo más corto, menos productivo, y en esa vida paralela que no he vivido me habría perdido grandes cosas. No siempre conocimiento, ni reconocimiento, ni si quiera felicidad. . . hablo de esos pequeños logros y concesiones que a veces te da la vida. Aprender tanto, conocer ciudades, conocer gente de todas partes, ciudadanos del mundo, y aprender a abrir la mente cada día un poquito más. Y llevarme a casa nuevos amigos que ayer ni si quiera conocía, pero que en un futuro, quién sabe, pueden resultar haber sido personas clave en el curso de mi historia.

miércoles, 23 de abril de 2014

The Miguel de Cervantes Anniversary Concert

Un email que casi pasaba desapercibido en el aluvión de emails ibéricos de mi bandeja de entrada. Un concierto en honor al aniversario de Miguel de Cervantes organizado por la prestigiosa escuela de música Berklee, el Instituto de la Música del Mediterráneo y el Instituto Cervantes en Boston, gratuito... un recorrido a lo largo de la historia de la música latina y española, desde el siglo XVI hasta nuestros días. Un guiño al maestro Paco de Lucía, recientemente fallecido, y al dios de la letras que nos dejó también la semana pasada, el gran Gabriel García Márquez. . . ¿qué más se podía pedir? El director del Instituto Cervantes lee un pasaje de la obra maestra "Cien años de soledad", así como el pasaje final del Quijote, en el que el hidalgo yace en su lecho de muerte, habiendo comprendido de su locura. Qué bien suena el castellano, antiguo y nuevo, encerrado en esas páginas que cobran vida y nos llevan de viaje por el mundo sin movernos del sofá. ¿Hay algo mejor que leer? si lo hay, sólo puede ser la música. Ya tuve ocasión de disfrutar de la música de Berklee latino en el nombramiento honoris causa de Alejandro Sanz, sin embargo, me ha quedado bastante claro que la genialidad no tiene límites. Se suben al escenario como si fueran artistas hartos de triunfar, con un aplomo inaudito para aquellos que en su mayoría ni si quieran tienen la edad legal para beber alcohol. Una española, Tania, abre los cielos con su violín; ese instrumento que mal tocado puede despertar deseos suicidas, y que en manos de Tania se convierte en éxtasis absoluto, pero es que además da palmas, de las acompasadas, no de las de aplaudir, que esas ya las damos nosotros henchidos de orgullo de que sea compatriota. Venezolanos, colombianos, peruanos, puertorriqueños, mexicanos, españoles... y los siento a todos igual de cerca con sus acentos variopintos. Hay una chica ciega, debe de ser que había que compensar ese otro talento de alguna manera porque no he oído en toda mi vida una voz como la suya, y ese tango argentino que es el más bonito que se haya escrito nunca: "Volveeeeeeer, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien..." y todos los pelos de mi cuerpo se ponen de punta, sólo me falta llorar. Su voz me lleva aún más lejos que la de la mismísima Estrella Morente, y no exagero cuando digo que ésta lo hace mejor. Ya en trance y con mi España envolviéndome en un arrullo infinito, aguardo expectante la actuación de "La Shica". Tanto ignoraba de su existencia que creí que lo estaban pronunciando mal los guiris, y no, que es que se llama así, La Shica, con ese acento de Ceuta, chiquitilla, con el pelo corto a lo Lisbeth Salander y con un arte que desde luego no se podía aguantar. "Va por ustedes" -proclama-, y se arranca a bailar una suerte de toreo flamenco que nos deja de una sola pieza y con ganas de retenerla en Boston para siempre. Taconea, se revuelve, pone el cuerpo del revés, como sólo los verdaderos bailaores de flamenco saben hacer. Y a la vez recita cantando, y torea, y esta chica es una máquina de producir sensaciones. Pero no lo habíamos visto todo, porque entonces se para y anuncia que va a cantar "la Bien pagá", y hay muchas formas de cantar esta canción, mire usted, muchas versiones, de ayer y de hoy, muchas voces la han interpretado... pero ninguna, ninguna, me ha hecho vibrar con la sensación de que me encontraba en algún rincón de mi España, de mi Sevilla, ninguna me ha hecho sentirme tan española y tan orgullosa de serlo, ninguna me ha hecho echar de menos España hasta rabiar de escozor.
Boleros, rancheras, tangos, salsa, cumbia... un puñado de historia que nos hace diferentes, una pequeña muestra de aquello por lo que el resto del mundo se muere de envidia, el arte, ese con el que se nace, porque por mucho que se aprenda, el artista nace, no se hace.

domingo, 20 de abril de 2014

Pascua

Final de la Semana Santa, esa que se me ha pasado sin sentir, trabajando como cualquier otro día puesto que aquí no es fiesta. A diferencia de lo que yo pensaba, que no sea fiesta no quiere decir que no se celebre, sino que este es un país laico en lo que a fiestas nacionales se refiere. Kinga ha organizado una Pascua "de sobaquillo" en la que cada uno aportará lo más típico de su tierra en estos días santos. Primero está lo de los huevos, tradición que en España no compartimos de momento, pero que puestos a adquirir todas las tradiciones foráneas, seguramente acabaremos tomándola también. Los huevos representan la fertilidad, la primavera ya asoma, sí, a pesar de la nevada del miércoles pasado el sol va cogiendo fuerza y nos calienta un poquito el ánimo, que a finales de marzo nos llevaba ya casi a rastras sobre las calles heladas y amargas de Boston. Los huevos se cuecen y luego se decoran con cera teñida de colorante alimentario, o también pueden cocerse en el agua de hervir cáscara de cebolla, para que adquieran esa coloración marrón que permitirá descubrir el blanco que yace debajo con ayuda de una cuchilla y mucho rascar.
En mi huevo se escondía Kalimero, ha salido con su cascarón en la cabeza trastabillando para ser el huevo indultado. En otros había patrones y lunares de colores, alegría, y una tradición bélica que me ha sorprendido bastante. Consiste en chocar los huevos para cascar el del adversario, y luego los ganadores luchan también entre sí. Terminada la contienda, ¡todos a comer! Supongo que es una forma brillante de hacer que los niños entren a formar parte de la Pascua y de las tradiciones que a menudo nadie entiende más allá de unos días libres. Cada vez más diversificados, esta vez nos juntamos una polaca, un británico, una brasileña, un francés, un americano judío y dos españoles ateos. Los huevos se acompañan de la típica salsa polaca "Horseradish", hecha a base de raíces con un aroma tan intenso que despeja las vías nasales más que el vicks-vaporub. La ternera es el segundo plato del menú, engalanada con sus granos de mostaza resulta un bocado bastante agradable. Scott rememora el éxodo de los israelíes de Egipto con una pasta hecha a base de manzana, canela, frutos secos y vino, que recuerda el adobe de las casas derruidas que hubieron de volverse a construir con mucho esfuerzo. A pesar del aspecto, resulta delicioso. Y también nos cuenta que en la Pascua judía los sabores de cada plato rememoran siempre un pasaje de la Biblia, siendo algunos bastante amargos para no olvidar el dolor y la pena. Me parece que tiene mucho sentido, supongo que algo parecido al ayuno de los viernes de cuaresma.  Francia presenta un pollo asado relleno de pan de trigo y aderezado con patatas, calabaza y verduras, una delicia. De España, pasando por leche con aroma a limón y canela, huevo y aceite de oliva, no pueden faltar nuestras queridas TORRIJAS, que ya he oído en varias ocasiones que en otros países, como Brasil, son típicas de Navidad. En Semana Santa, sin embargo, en Brasil lo típico es el chocolate, los huevos de chocolate, que adquieren precios desorbitados sólo por la forma. Poco más hay de tradición santa en un país harto espiritual donde, sin embargo, la presidenta es una madre divorciada. Lo que trae a colación una interesante discusión acerca de ideales políticos y religión. El peso recae contra Scott ya que nos cuesta entender por qué en un país laico como Los Estados Unidos de América, es obligatorio que el presidente practique una religión, tenga una familia ejemplar y no la líe parda como Clinton y su famoso episodio Lewinsky. Atacamos un poco la mentalidad americana en la que el ejemplo que ha de dar el presidente, nunca mejor dicho, va a misa... Es curiosa entonces la ligereza con la que empuñan un arma o firman una sentencia de muerte. Pero lo que nos deja patidifusos es el hecho de que en los estados del Sur, como en la Georgia natal de Scott, no se enseña la evolución, no se habla de evolución, y es más, evolución es una palabra prohibida. Ni si quiera en España somos tan retrógrados, y eso que la asignatura de religión ha sido prácticamente obligatoria en las escuelas públicas hasta hace dos días. Me asombra la  elocuencia con la que nos cuenta que en sus años de instituto había quien intentaba salvar su alma judía de las brasas del infierno haciéndole ver cuán necesario es tener la aprobación de Jesús... eso sí, a Dios rogando y con el mazo dando, porque todo queda perdonado y olvidado tras la confesión semanal.
Cuánto poder da el conocimiento, hoy he sido consciente de lo fácil que es manipular las mentes jóvenes que carecen de él. Obviamente la ciencia es un campo estéril en esa zona del país, donde nadie siente curiosidad o interés por aquello que desconoce. Supongo que es también el objetivo de nuestro gobierno en España, cuanto más se dosifique el conocimiento sobre algunas cosas, más controlado estará el rebaño en el futuro. Afortunadamente, en nuestras casas, o al menos en la mía, se practica la curiosidad como algo sano a lo que contestar con hechos creíbles y probados, no sólo con la fe, que a mí hace ya mucho que no me satisface en sus respuestas.Y aun así se respeta el hecho de que el vecino haga lo propio, porque cada uno es libre de pensar o creer lo que le dé la gana. Descubrimos entonces que en el Reino Unido un primer ministro no puede ser católico, está terminantemente prohibido. Y bueno, tiene cierta lógica, porque entonces las leyes a menudo, se erigen basadas en la religión, como ocurre en España; a la ley del aborto me remito, ¿cuál es el argumento más loable? el de acabar con una vida humana. O a la del matrimonio homosexual, donde el término matrimonio parece tener connotaciones religiosas que no pueden regalarse a lo que es aberrante por naturaleza, como dos personas del mismo sexo que quieren compartir su vida.
Me gustan las tertulias internacionales porque aprendo más del mundo que en todas las clases de historia que haya recibido en mi vida. Porque no hay nada como saber las cosas de primera mano, como encontrarse con opiniones contrarias y tener que defender la tuya para darte cuenta de que al final, lo que nos hace diferentes también nos enriquece. Me quedo con los sabores del mundo que aún puedo paladear, y con historias que compartir con los que no habéis tenido la suerte de sentaros hoy conmigo a la mesa.

domingo, 6 de abril de 2014

Eso que trajimos en los bolsillos

Nos llenamos los bolsillos de esperanza, de ganas de construir, de sueños por cumplir, de todo por hacer. . . Pesaban tanto que pagamos el extra por exceso de equipaje, sobrepeso desmesurado para lo austero del viaje que emprendíamos. El frío congeló el recuerdo desde el principio, dejando unas gafas amables que sólo nos permitían mirar hacia adelante. Seguían pesando los sueños, pero ya menos, achicados por el conocimiento de lo cierto y lo engañoso, lo que desde lejos brilla y de cerca es sólo cuarzo tallado por la erosión. Es más pequeño el infinito de lo que pensamos, es más ligero el olvido que la esperanza, aunque no lo parezca. Y sin embargo, cuando menos te lo esperas, descubres un pequeño agujero entre las costuras, esos por donde siempre se te escapan las monedas. Se va el dinero también, porque el dinero tiene esa facilidad para marcharse. Coso mis bolsillos rotos con unos hilos que me ha prestado la dicha, los dichosos hilos contentos de color verde, el de la esperanza, que sigue presa en la entretela y actúa como lastre empeñada en aliarse con las fuerzas gravitatorias. Me paro a veces a coger aliento, sobre todo cuando llueve, porque es entonces cuando más me cuesta recordar cómo era el sol, cómo era eso que brillaba siempre aunque fuera de mentira, hasta la madera brilla allá donde yo nací. Trola, es todo trola, que lo que brilla siempre es cuarzo, a veces alambre, y casi siempre una gota de agua de nada, un troyano, un trocito que se cayó del descosido bolsillo de otro. Me apresuro a recogerlo porque a menudo los céntimos vienen cargados de chispas, sobre todo cuando están de cara y no está Franco, hay otro tío, o no hay nadie, hay construcciones de esas que otros trajeron plegadas en un papel finito en el bolsillo de otro tiempo, del tiempo donde la queja tenía fundamento y sin embargo se ausentaba casi siempre. Miro en un libro gordo cómo era ese tiempo, cómo es que si está todo ahí escrito volvemos a caer una y otra vez en las mismas vicisitudes. Será la condición humana que también trajimos haciendo bulto, más que las otras cosas y siendo ésta una puñetera cualidad defectuosa que nos lleva a escoger mal a la hora de hacer el equipaje. Escoge tu tiempo, las vivencias y todo eso, lo otro, lo que cabe en los bolsillos y que se va cayendo por el camino, eso ya viene solo, y al igual que viene, también se va, y se olvida, y vuelves a coserte el roto para poder empezar de nuevo la historia de la humanidad.