Actitud de una persona americana ante el cobro de una comisión: fase de
interrogación, fase de entendimiento, fase de aceptación... Actitud de un
español ante la misma situación: fase de cabreo/gritos, llamada a la compañía
para continuar los gritos/insultos contra el currito correspondiente, pérdida
total de papeles, fase de reclamación, fase de no respuesta, fase de
aceptación...
Al otro lado del rin, la actitud de la compañía española comisionante: fase
de contratación de ganado para aguantar insultos al teléfono, cobro de la
comisión, fase recepción de hojas de reclamaciones, fase de reciclado de dichas
hojas, fase de prescripción... Actitud de una compañía americana comisionante:
fase de contratación de personal hiperamable rayando en lo empalagoso, cobro de
la comisión, fase de recepción de reclamaciones por parte de usuarios
españoles, fase de arrepentimiento, fase de devolución de la comisión más un
plus por las molestias causadas, fase de adquisición de un nuevo cliente fiel.
En América aceptan civilizadamente todo tipo de comisiones, pérdidas, pagos
o reclamaciones como si hubieran sido educados para ello. Los bancos cobran
comisiones por casi todo; si no fuera porque soy española, les habría regalado
ya más de 100 dólares porque sí. Sin embargo, no tienes más que acercarte al
banco, argumentar tu desacuerdo, y
voilà, te devuelven lo que te han
cobrado
ipso facto. Lo mismo ocurre en tiendas, compras por internet,
supermercados y cualquier establecimiento público. Cabe pensar que son un país
rico y por eso le dan menos importancia a ciertas cosas. Sin embargo, la
mayoría de los americanos están hipotecados de por vida desde que salen de casa
de sus padres, que suele ser a la tierna edad de 18 años. El coste de la
universidad viene a ser unas diez veces superior al de una carrera en España.
Eso que vemos en las películas de padres ahorrando para la universidad de sus hijos
desde el mismo día en que nacen, no es producto de la ficción, es terriblemente
real. Estudiar en Harvard cuesta la friolera de unos 50000 dólares al año...
eso sin contar que la mayoría de los estudiantes vienen de otros estados y han
de buscarse la vida fuera del arrullo familiar antes de tener claro lo que
quieren ser en la vida. Su suerte consiste en pedir un préstamo para pagarse
los estudios que irán devolviendo a plazos durante media vida. Y así, uno de mis compañeros de laboratorio,
con casi 40 años, una esposa médico, una tesis y una carrera brillante, aun las
sigue pasando putas para llegar a fin de mes porque siguen pagando la suerte de
haber podido estudiar lo que les gustaba.

En España la mayor parte de la población puede permitirse estudiar, sin
embargo, no todo el mundo lo hace. En los últimos años, la mentalidad ha ido
cambiando y poquito a poco, nos hemos ido convirtiendo en un país un poco más
culto. Eso sí, la mayoría de la gente que estudia una carrera, y yo me incluyo
entre ellos, viven con sus padres hasta los veinticinco años o más. A veces por
comodidad y otras por necesidad. Cuando al fin superas la etapa de estudiante y
te enfrentas a la realidad, te das cuenta de que para trabajar necesitas tener
experiencia. ¿Y de dónde sacas la experiencia si acabas de salir de la facultad?
Pues muy fácil, la adquieres trabajando gratis o como becario. Y aunque eso no
te garantiza que vayas a tener un trabajo, tu ilusión es tan insólita que lo
aceptas como si fuera el puesto de tu vida. Cuando te paras a mirar atrás,
llevas años trabajando en condiciones precarias, realizando tareas para las que
estás, muchas veces, más cualificado que tu propio jefe, pero como lo tuyo es
vocación y sabes que es lo que toca, pues lo aceptas, y punto. ¿Por qué no
seremos tan gallitos para pedir lo que nos corresponde a nivel laboral como
para reclamar 5 euros de más a la compañía telefónica? Pues muy fácil, porque
desde pequeños, lo que hemos aprendido es que somos unos afortunados, que hemos
tenido la suerte de estudiar cuando nuestros padres a los diez años ya estaban
hartos de trabajar. Encima trabajamos en lo que nos gusta... sí, yo una vez
tuve que escuchar que si no tenía bastante con trabajar en lo que me gustaba
que encima quería cobrar... Bueno, a lo mejor es que los licenciados están
genéticamente preparados para vivir del aire, por no hablar de los doctores.
Menos mal que España tiene una cosa genial que son las becas de doctorado, que
hasta hace poco no te permitían cotizar, con lo que te plantabas con 28 años
sin un número de la seguridad social, y tampoco te dejaban paro al terminar.
Ahora al menos cotizas los dos últimos años y eso te da la friolera de 8 meses
de paro al final del túnel. Después, lees la tesis y llega la etapa de las
otras becas, las postdoctorales… con estas ya cotizas, ¿Qué más quieres? ¡no te
creerás también con derecho a un trabajo digno! Pues nada, lo que tienes que
hacer es, después de haber tenido la suerte de poder estudiar una carrera
prácticamente pagada por el estado, después de haber ganado conocimientos y
experiencia equivalentes al doble de años trabajados, puesto que tus jornadas laborales
fueron de 12 horas, después de haber aprendido a amarrarte los machos para
correr por encima de los charcos sin salpicarte… tienes que emigrar, y
regalarle a América, ese país al que llaman el de las oportunidades, todo lo
que España te ha dado a ti. Sin olvidar que muchos de los que están aquí,
siguen cobrando un sueldo español mientras producen para otro país. Eso sí, lo
hacemos con mucho gusto porque en España lo que sobran, al parecer, son jóvenes
preparados, si no, échenle un ojo a la cola del paro o pregúntele a la secretaria de Estado que se lució en
Nature.